El último corredor, un participante en un relevo de 4x100m, ha cruzado la meta. Los jueces han recogido los testigos mientras, en la otra punta de la pista, desaparecen los martillos tras el concurso con media docena de lanzadoras con más maña que fuerza. El atletismo de los Gay Games, una especie de olimpiadas queer que se están celebrando esta semana en Valencia, se esfuma de la pista del Estadi del Túria. Pero antes de irse, el colectivo se despide a su manera, con una competición de lanzamiento de bolso. ¡Bolso va!No todo es competición. De hecho, la mayoría de los atletas son aficionados que sencillamente salen, corren un poco y se van tan panchos. Pero los Gay Games son una fiesta de la familia LGTBIAQ+. Allí, en la sede de cada disciplina, confluyen deporte, cultura y activismo. En cada estadio los atletas viven su momento en un espacio seguro, lejos de miradas feas, prejuicios y traumas. Cada cuatro años viajan miles de personas de todo el mundo para competir amistosamente, vivir con orgullo el sentimiento de cada uno y celebrar. Sobre todo, celebrar la vida.Por eso, a las dos de la tarde, bajo un sol demoledor, con más de 30 grados de temperatura, nadie se mueve de allí. Falta la despedida, falta el concurso de lanzamiento de bolso, que, más que una competición, es una especie de juego para reírse y terminar la última jornada de este viernes en armonía. Muchos optan por la fantasía para este cierre. Un atleta asiático, un hombre de unos 45 años, aparece embutido en un vestido ceñido con lentejuelas y una peluca azul a juego. Bajo un toldo, tres juezas juzgan el estilo, la gracia y, ya puestos, la profundidad del lanzamiento.Otro participante entra con un albornoz rosa y un paipái del mismo color. Deja el abanico en el suelo, se quita la bata y, finalmente, antes diva que lanzadora, deja caer el bolso elegantemente a un palmo de sus pies. El público aúlla para jalear su gesto. Aquí, al contrario que en otros espacios menos amables de su día a día, la pluma se aplaude a rabiar.Los atletas han preferido pasar calor pero, a cambio, llegar a la tarde noche libres, con tiempo para asearse y salir a celebrar los Gay Games en los bares y las terrazas de toda la ciudad. Más de 10.000 personas, y muchos otros que no se ponen un dorsal pero que participan de esta celebración LGTBIAQ+, han tomado la ciudad y se les ve por todas partes con sus distintivos, como los calcetines o las pulseras con los colores del arco iris.La víspera, el jueves, a las cinco de la tarde, cierran la jornada con otra prueba inventada para pasárselo bien: relevo de pelucas. Ocho equipos, uno por calle, hacen una carrera clásica de 4x400m, pero en lugar de pasarse el testigo, se pasan la peluca, se la ajustan en la cabeza, cubierta con una malla para proteger el pelo, y arrancan a correr. Unos salen a toda pastilla, pero otros, la mayoría, prefieren el cachondeo a la velocidad. Como un rato antes, en una carrera de 800m, cuando un atleta ha elegido dar las dos vueltas a la pista corriendo hacia atrás.Ahora es el momento de las pelucas de colores llamativos: rosa, amarillo, azul chillón… Muchos llevan estampado en la camiseta el nombre de Front Runners, un club gay con sede en numerosas ciudades del mundo: San Francisco, Berna, Colonia, Bangkok… El movimiento empezó en San Francisco, en 1974, luego se expandió por Estados Unidos, después pasó a Canadá y, de ahí, al planeta entero. El nombre está inspirado en la novela homónima de Patricia Nell Warren, uno de los primeros relatos de ficción con protagonistas gais que apareció en la lista de libros más vendidos del ‘New York Times’. Los Front Runners está ahora por todas partes, también en España (Madrid, Barcelona, Valencia y Granada).Un juez de atletismo, el más clásico de los deportes, no entiende que esto es una fiesta e intenta, inútilmente, que los relevistas se coloquen entre las líneas que tienen, según el reglamento, para cambiar el testigo, esta vez la peluca. En cada cambio, los deportistas hacen alguna gracia, como avanzar caminando como si estuvieran desfilando en una pasarela. Otro hace una reverencia hacia el público, que grita con cualquier excusa porque aquí todo el mundo está feliz. Atletas y espectadores sonríen sin parar y se abrazan y se besan y disfrutan de su momento. Como al día siguiente, cuando ven a un hombre corpulento aparecer en el lanzamiento de bolso vestido como Cruella de Vil, con una peluca negra y blanca, guantes blancos y tacones, coger el bolso y lanzarlo lo más lejos que puede mientras todos aplauden. Llegados a este momento, ya todos forman parte de la fiesta LGTBIAQ+, incluidos los voluntarios, y hasta los jueces, quienes, divertidos, graban con sus teléfonos lo que nunca antes habían visto en una pista de atletismo. Es la fuerza de los Gay Games.
El atletismo se despide de los Gay Games con relevos de pelucas y lanzamiento de bolso
El atletismo de esta especie de olimpiadas ‘queer’, que concluyen este sábado en Valencia, se despide a su manera







