En el extremo del estrecho de Menai, donde la isla de Anglesey se separa del Gales continental, se encuentra la pequeña población de Beaumaris, rincón costero cuya población apenas alcanza los dos mil habitantes y que debe su nombre a los antiguos constructores normandos que bautizaron el lugar como “beau mareys” o hermosas marismas. Es un enclave estratégico que combina una rica historia medieval con un entorno natural privilegiado frente a las montañas de la región de Snowdonia. Durante los meses de buen tiempo, el pueblo se transforma al recibir a una población flotante de veraneantes que buscan tranquilidad y sol. Sus calles invitan al paseo pausado mientras la brisa marina recorre cada esquina de este destino que parece detenido en el tiempo.

La calma que se respira hoy en día, eso sí, oculta un pasado de asedios y ambiciones imperiales que marcaron su fisionomía para siempre. Es, sin duda, una joya de Gran Bretaña que merece ser descubierta por cualquier amante de la cultura y la gran belleza paisajística. Y es que caminar por el centro de Beaumaris es sumergirse en un lienzo de colores suaves y estilos arquitectónicos que narran siglos de evolución urbana. Las casas pintadas en tonos pastel se alinean en calles encantadoras, ofreciendo una estética pintoresca que cautiva a los fotógrafos y visitantes.