Si coloquialmente decimos que el nombre hace la cosa, si una isla se denomina isla bella más que probablemente se deba a que sea de una gran belleza. Es lo que ocurre con Belle-Île, la isla más grande de la Bretaña francesa y una verdadera caja de bombones por descubrir entre rutas por acantilados que quitan el aliento, pueblecitos con encanto marinero y una gastronomía en la que destacan las ostras, el marisco, el pescado y todo tipo de dulces.Con el nombre completo de Belle-Île-en-Mer, esta isla se puede visitar en un día desde la península de Quiberon, en el sur de Bretaña o, todavía mejor, como un destino para escaparse tres o cuatro días y desconectar del ruido y las prisas.Desde Quiberon, se llega con el ferry tras una travesía de tres cuartos de hora, lo que la convierte en una isla de muy fácil accesoCuenta la leyenda que las hadas del cercano bosque de Paimpont arrojaron un día sus coronas de flores a las aguas de la bahía de Quiberon y la corriente se llevó las más bonitas para convertirlas en esta isla. Efectivamente, en ella pueden encontrarse acantilados de la costa más salvaje, playas y calas de arena bañadas en agua turquesa y dominadas por las mareas, y valles que ofrecen paisajes impresionantes. Hay también abundantes monumentos megalíticos, como menhires, que puntean el paisaje de los diversos pueblos marineros.El principal puerto de acceso a la isla es el de Le Palais, una localidad marinera de 2.500 habitantes con mucha vida y dominada por la ciudadela de Bauvan. Desde Quiberon, se llega con el ferry tras una travesía de tres cuartos de hora, lo que la convierte en una isla de muy fácil acceso. Según la temporada hay entre cinco y veinte ferris diarios que atracan en el puerto entre los veleros, los yates de recreo y los pesqueros preparados para salir a faenar. Se calcula que cada año visitan la isla cerca de 40.000 turistas.La ruta circular de la costaEl GR 340 permite contemplar paisajes extraordinariosGetty ImagesCon más de 20 kilómetros de largo y solamente nueve de ancho, toda la isla se puede recorrer fácilmente a pie, y, de hecho, hay varias rutas de senderismo. La más popular es la del GR 340, un sendero de 82 kilómetros que permite completar el recorrido circular de la isla. Para los que no se atrevan a superarlo de un tirón, hay diferentes puntos a los que se puede llegar en autobús y retomar el sendero en el tramo que se desee.La mayoría de personas opta por este GR en dos o tres días para poder disfrutar con calma los paisajes impresionantes que se abren en cada curva. Además, no es una ruta plana, ya que resigue todo el litoral, con lo cual hay constantes subidas a lo alto de las rocas y bajadas hasta el nivel del mar. El autobús permite conectar los principales sitios históricos y tomar o dejar la ruta de senderismo cuando lo deseemos.Lee tambiénEl trekking es la actividad predilecta de los visitantes, aunque deberían añadirse también todos los deportes marítimos, desde navegar a surfear, remar, bucear, ir en kayak o pescar.Ciudadela, 'galettes' y artesaníaLa ciudad de Le Palais es la localidad más importante de la isla, en la que destaca la ciudadela que vigilaba la entrada al puerto histórico. Aquí, se puede admirar un museo de arte e historia y pasear a lo largo de sus murallas y pórticos. Bauvan fue el ingeniero militar preferido del rey Luis XIV y diseñó este baluarte para defender de los ataques de piratas este enclave tan estratégico.Puerto costero de Le Palais, las murallas históricas del fuerte y los faros gemelos como iconosFotografie MahieuAdemás de los monumentos históricos, en Le Palais sobre todo se puede disfrutar de la vida en la calle, fotografiar los pintorescos barcos de pesca, vigilar la llegada de los diferentes ferris, o pasear por los mercados semanales en los que se venden cangrejos gigantes y langostas para cocinar en casa. Cualquiera de los múltiples restaurantes ofrece en degustación sus surtidos de ostras o platos de marisco acompañado con una copita de sidra de la zona. También es obligatorio probar los galettes, los creps típicos de Bretaña hechos con harina sarracena y rellenos de pescado, marisco, o verdura, y, si se quiere, coronados con un huevo.La localidad ofrece también numerosas tiendas de artesanía, ya que la tranquilidad del lugar ha atraído a artistas y artesanos de toda Francia, que se sienten inspirados en esta localidad bohemia y donde se disfruta del rien faire.Ostras y mareasCasas de colores en el puerto de SauzonSaliendo de Le Palais hacia el norte, caminando por la ruta circular, se llega al pequeño puerto de Sauzon, donde destacan las casitas de color pastel. Aquí es impresionante comprobar la gran diferencia de nivel del mar con las mareas, que convierte toda la bahía del puerto en un inmenso arenal donde los habitantes del pueblo van con sus cestas de mimbre que vuelven cargadas de ostras, cangrejos y gambas que han quedado atrapados en la arena cuando el nivel del mar ha bajado.El muelle de Sauzon está lleno de cafés y restaurantes con terraza donde se puede hacer cola para degustar un par de ostras mirando al mar, o probar uno de los mejores pasteles bretones de la región.El refugio de Sarah BernhardtCasa de Sarah Bernhart en Pointe des PoulainschromoprismeSiguiendo la ruta hacia el norte, se llega hasta la Pointe des Poulains, el cabo más septentrional de la isla donde se encuentra el Museo Sarah Bernhardt. La gran actriz de la tragedia francesa se instaló aquí en 1894 para disfrutar del paisaje de paz y de calma y para inspirarse. Compró una pequeña fortaleza ya existente con el fin de refugiarse los últimos 30 veranos de su vida, y construyó otras pequeñas piezas totalmente integradas en el paisaje.La actriz incluso proyectó un gran monumento que quería que se instalara en esos acantilados con su tumba. Por suerte, este proyecto no se llevó a cabo porque habría destrozado gran parte de la perspectiva del acantilado. Pero, en cambio, sí que se puede admirar el conjunto arquitectónico donde vivió ella y los edificios para sus invitados. La propiedad está abierta al público desde 2007 y cuenta con un pequeño museo donde explica la vida y obra de la actriz. Toda la zona, con sus playas y acantilados, es un sitio natural protegido.Bajando por la ruta circular hacia el sur se llega a toda una zona de rocas dentadas, las llamadas agujas de Port Coton, que inspiró a muchos artistas, como Claude Monet y Matisse. Desde aquí se pueden subir los 247 escalones de piedra más una escalera de hierro del gran faro de Gulfar, para poder admirar el paisaje de la isla en una perspectiva de 360 grados.Historia y placerEn la zona sur y sudeste de la isla se encuentran dos de los monumentos históricos más importantes: la iglesia románica de Locmaria, del siglo XI, y la fuente de Vauban, un depósito de agua dulce junto a la costa y que servía para el suministro a los barcos en ruta. Construido en 1703, este depósito nos recuerda la importancia vital del agua en las islas. Solo hay dos monumentos de este tipo en toda Francia.La bicicleta es ideal para recorrer Belle-ÎleGetty ImagesEn el puerto de Le Palais es posible alquilar una bicicleta y recorrer fácilmente la isla. O, simplemente, se puede caminar y disfrutar del ritmo lento de la vida. Contemplar cómo rompen las olas en los acantilados, decir adiós a los pasajeros de los ferris, admirar los cestos a rebosar de ostras, degustar las pequeñas gambas, seguir el rumbo de las gaviotas, oler el tomillo y el romero que se enganchan a las rocas del camino, tocar las piedras milenarias. Todo un banquete para los cinco sentidos en una isla de placer lento.