Miguel Induráin, quíntuple ganador del Tour de Francia y doble del Giro. (EFE/José Luis González)La cuenta atrás ha comenzado. A falta de menos de 24 horas para que dé comienzo la carrera más importante del mundo del ciclismo, resulta difícil no echar la vista atrás cuando, antes del reinado indiscutible de Pogačar, cuando España dominaba sobre los pedales.Alberto Contador y Miguel Indurain son dos nombres propios del Tour de Francia y del ciclismo español. El primero, bicampeón; el segundo, pentacampeón. Y es que el navarro ha sido esta semana homenajeado por el Comité Olímpico Español por su presencia en Atlanta 1996, la primera vez que los ciclistas profesionales competían en unos Juegos. PUBLICIDADDe aquella época a esta, las cosas han cambiado. Las bicis, los sillines, el material deportivo, los métodos de entrenamiento, la recuperación de los ciclistas y hasta su alimentación, ahora mucho más específica y especializada, con más opciones para cada etapa según las necesidades.Tadej Pogacar, el favorito para llevarse el Tour de Francia. (Europa Press)Antiguamente, la sencillez de la alimentación era la que daba fuerzas a las piernas. Poco tenía que ver con la planificación milimétrica de hoy en día. Incluso se llegaba a improvisar. “En nuestros tiempos, durante la etapa, no nos tomábamos barritas ni geles, sino bocadillos de jamón y queso o pasteles que nos compraban los masajistas del equipo”, reconoció Indurain.PUBLICIDADY lo más sorprendente es que aquella dieta artesanal no le impidió mantener una disciplina estricta. De hecho, el pentacampeón siempre estuvo a dieta, hasta el punto de dejar de compartir habitación con su compañero, Pedro Delgado. El motivo: “Se atiborraba de comida tras las etapas”, explicó, y el navarro prefirió cambiarse.Sin embargo, hoy la alimentación es la base de un buen rendimiento. Los equipos planifican con precisión la cantidad de hidratos de carbono, proteínas y grasas que consume cada corredor, además del momento exacto de cada ingesta antes, durante y después de competir. En los 90, esa estrategia estaba mucho menos desarrollada: “La única preocupación era acordarme de comer un bocadillo porque si no, entraba en una crisis de hambre”, confesó Indurain a La Gazzetta dello Sport.PUBLICIDADMiguel Indurain, tras finalizar la etapa y obtener la medalla de oro en Atlanta. (EFE/Eduardo Abad)El exciclista mencionó que, en las jornadas más exigentes, sufría las famosas pájaras, esas pérdidas bruscas de energía que pueden dejar sin fuerzas a un corredor en plena etapa. “¿Por qué me entraban? Uff, por motivos diferentes. La ropa técnica de antes no era como la de ahora. A veces, sudaba tanto que me deshidrataba o luego me quedaba frío. Otras, iba tan metido en la carrera que hasta se me olvidaba comer", explicó.Miguel Induráin, en una carrera homenaje. (Europa Press)Pero la alimentación no ha sido lo único que ha dado un salto en el ciclismo profesional. La tecnología se ha instalado por completo para preparar y correr una carrera. Algo que, en la era de Indurain, apenas existía: “Cuando gané mis Tours, apenas tenía pulsómetro. No lo digo con pesar, cada uno tiene su época”.PUBLICIDADOtro cambio es el tamaño de los equipos. “Mi Banesto tenía una plantilla de 20 o 25 personas, hoy los equipos tienen un presupuesto que llega fácilmente a las 100″. Mecánicos, personal de comunicación, nutricionistas, psicólogos, directores, cocineros... forman parte hoy del entramado de un equipo profesional de ciclismo. A eso se suma la expansión del deporte: "Hoy el ciclismo es un deporte globalizado; en mis tiempos estaba todo o casi todo en Italia, Francia y España”.Tras su retirada, Indurain sigue manteniendo muy cuidada su alimentación, aunque por motivos diferentes. El navarro convive, desde sus años como profesional, con un colesterol elevado. Por eso, hoy tiene una alimentación sencilla y variada, basada en la dieta mediterránea y el ejercicio: “Actualmente no hago entrenamientos específicos, pero me gusta rodar unos kilómetros siempre que tengo tiempo”.PUBLICIDADMiguel Indurain se proclama vencedor del Tour de Francia en 1991. (Efe/Mondelo)