El mejor ciclista del mundo anuncia el programa de un año dividido entre Monumentos de un día y pruebas por etapas, con la ‘grande boucle’ como única grande
El skyline estrambótico de Benidorm al fondo, esos rascacielos nacidos de pesadillas de arquitectos amenazando al plácido Mediterráneo. Son el fondo del decorado y también la metáfora del UAE, que acoge a la prensa de todo el mundo en varios salones de un hotel de lujo vacío en invierno para anunciar su próxima temporada tal como lo haría una distribuidora multinacional de Hollywood presentando su última superproducción, estrellas compitiendo por la atención de los medios, algunos secundarios colándose en alguna mesa, como Igor Arrieta, contando cómo combinan sus ambiciones, y su paciencia, con tanto number one, y Tadej Superstar Pogacar por encima de todos, y con él el nuevo paradigma del ciclismo.
Más brillante, luminoso y hasta sabio, cumplidos los 27, y consciente, al fin, ay, del paso del tiempo que fluye acelerado, imparable, de su peso en la historia del ciclismo, y el pelo desigual de trasquilones, como cortado a mordiscos. “Creo que después de todos estos años y todas estas victorias, empiezo a darme cuenta de que estamos haciendo algo grande”, admite. “Disfruto haciéndolo. Espero que no dejemos de escribir este libro”.






