El esloveno busca en la clásica del pavés convertirse en el primer ciclista que gana los cinco Monumentos de forma consecutiva mientras el holandés aspira a su cuarta victoria seguida

El infierno era las ruinas de la Primera Guerra Mundial, las ciudades del norte de Francia destruidas, cráteres de bombas gigantescos en los campos, y el eco de agonías aún, ruinas humeantes de un humo oscuro, negro como las nubes de tormenta, y carreteras descarnadas que recorrían los ciclistas, Henri Pélissier y compañía, con pañuelos en la boca, como forajidos a caballo, para no tragarse el polvo, y ojos despavoridos, miradas aterrorizadas, y el deseo de llegar. El norte se reconstruyó, el infierno se asfaltó cuando todo francés tenía ya su dos caballos o su 4L y estuvo a punto de desaparecer con la civilización. ...

Lo salvaron el 68, la verdad está debajo del asfalto, la vida verdadera, y el minero nieto de mineros polacos y ciclista campeón del mundo Jean Stablinski que descubrió la recta del bosque siniestro de Arenberg, pavés desigual lleno de agujeros, como si el diablo en persona se hubiera entretenido moldeándolo, el ciclismo recuperó sus orígenes, el único deporte que ha comprendido que solo la utopía le puede salvar, que solo se sobrevive regresando al pasado, a como era todo hace 130 años, y los campeones cultivaron una obsesión. Derrotar a todos y al infierno. La locura de la Roubaix. El brillo de su alma en el pozo más oscuro, la obligación moral del héroe trágico. “Prefiero ganar mi primera París-Roubaix que mi quinto Tour”, anunció gravemente Tadej Pogacar en diciembre, “y también la Milán-San Remo”. Con el Monumento italiano ya ha cumplido. Le falta el infierno para marcar la cruz en su quinto Monumento, un grand slam que a lo largo de su carrera solo lograron Eddy Merckx, Roger de Vlaeminck y Rik van Looy y que él sería el primero que lo conseguiría de una sola tacada dividida en dos temporadas: Lieja-Bastogne-Lieja y Lombardía en 2025, y ya van San Remo y Flandes en 2026. “Hay más distancia de cero a uno que de cuatro a cinco”, añade. Más distancia entre ser uno más y ser único. La diferencia que busca Mathieu van der Poel, nacido para la Roubaix por su capacidad para resistir largas cabalgadas sin perder la potencia y los cambios de ritmos, y su habilidad de equilibrista del ciclocross para surfear sobre las piedras, es ser el primero que derrota al infierno cuatro veces seguidas, pues los otros dos que llegaron a cuatro, De Vlaeminck (la sombra de Merckx) y Tom Boonen, lo hicieron en años alternos.