En este Mundial de Fútbol hipercomercializado y billonario, el equipo de Cabo Verde encanta al mundo. Es una historia de amor con su país, con sus raíces, con el deporte y con una larga dignidad.La pobreza ha forzado a emigrar a 200.000 personas, porque no hay trabajo en este archipiélago de 10 islas, escenario del tráfico de esclavos, base de piratas, visitado por Charles Darwin, en medio del Atlántico y descubierto por los portugueses en 1456.La diáspora caboverdianaLa mayoría ha partido a Portugal, su madre patria, pero también a Francia, Irlanda, Suiza, Australia, Estados Unidos, Italia y a medio mundo. Una diáspora enorme y multilingüe, que mensualmente envía dólares a las islas de su país, rodeado de mar.En Cabo Verde hay tres categorías de personas: los agricultores, los pescadores y los migrantes, que no es una mala palabra. Siempre vuelven, ayudan, trabajan, ahorran. Todos ellos tienen un sueño: que este Mundial de Fútbol, que tanta felicidad les da porque, inesperadamente, su selección avanza y va a jugar con Argentina y contra Lionel Messi, a quien admiran, los haga conocidos en el mundo entero. El milagroQue los reconozcan, les den una identidad que va más allá de trabajar a destajo.Imaginan que el Mundial y esta épica heroica, sencilla y emocionante de los caboverdianos produzca el milagro. Que lleguen los hoteles, los inversores, los servicios, las fábricas. Los trabajos se multiplicarán. Y quienes se fueron podrán regresar y vivir en esas casas que van construyendo paso a paso, en la vejez junto a sus hijos, que criaron sus abuelos."Nosotros nos hemos vuelto muy conocidos. Antes yo decía que era de Cabo Verde y nadie sabía dónde quedaba. Ahora, con el fútbol, todos saben quiénes somos. Yo pienso que ahora va a haber más turismo. Más gente interesada en saber quiénes somos, en los hoteles, irán inversores", dice a Clarín Cecilia Lopes Martins, que llegó a París hace 26 años y tiene cuatro hijos en Cabo Verde. Su marido desapareció en el mar y nunca más lo encontraron. Ella debió irse a Francia para mantener a su familia. A sus hijos los crió la abuela. "Conocerán algo más que la isla de San Vicente. Otras pequeñas islas preciosas. Y si hay inversiones, podremos volver a trabajar allá", dice.Estas son las historias de la diáspora: trabajadora, sufriente, generosa y sonriente siempre.Actualmente, Cabo Verde tiene una economía centrada en la producción de servicios, especialmente el turismo. Con el portugués y el criollo caboverdiano como idiomas oficiales, su cultura se nutre de influencias europeas y africanas. La música caboverdiana y sus diversos componentes (funaná, coladeira, morna, kizomba) fueron popularizados mundialmente por la cantante Cesária Évora. El catolicismo es la religión predominante (73 %), y el clero aún ejerce una fuerte influencia sobre la población.El equipo de la diáspora: 26 hombres en un país sin estadioEl equipo de fútbol de Cabo Verde es como su diáspora. Han trabajado fuerte para reunir una selección. Apelaron a los hijos de esos migrantes, que partieron de la isla y muchos jamás regresaron.La Federación de Fútbol decidió hacer un esfuerzo para reunir a lo mejor de la diáspora para su selección. Comenzó a escribirles por WhatsApp porque no hay dinero para viajes. Debía juntar a 26 hombres en un país que no tenía estadio de fútbol.Así reunió a sus 26 hombres. Doce nacieron en Cabo Verde, seis en los Países Bajos, tres en Francia y Portugal, uno en Estados Unidos y otro en la República de Irlanda.Talentosos pero formados lejos. Sindy Lopes Cabral juega para el club turco Trabzonspor. Steven Moreira para el Club Columbus Crew, de la Major League Soccer de Estados Unidos. Kevin Prima es centrocampista en el club ruso Krasnodar. Jamiro Monteiro juega para el club holandés PEC Zwolle y Laros Duarte en el Puskás FC de Hungría. Bubista, el entrenador, nunca salió de las islas, pero conduce a este equipo multinacional, donde todos han aprendido el portugués para jugar y entenderse.Vozinha, el héroeVozinha, su arquero, que significa "abuelito" en portugués, emocionó hasta a los españoles, que empataron con este pequeño equipo. Lo aplaudían todos. Fue un héroe. Pero sus lágrimas al final del partido simbolizaban el sacrificio de los caboverdianos, que deben abandonar su país para poder trabajar y alimentar a su familia. Había perdido a su padre; lo criaron sus abuelos, ya fallecidos. Su madre no podía viajar ni conseguir una visa para ir al Mundial.Este arquero, de 40 años, recién pudo jugar al fútbol a los 25. Lloraba porque ese empate con España era un mensaje de agradecimiento a todo Cabo Verde. Un día para hacerlos sentir orgullosos y felices. Él se había convertido en la épica caboverdiana y la estrella del partido. Y la madre, que no tenía la visa para ir a ver a su hijo, consiguió que la FIFA la invitara y obtuviera su visa en el acto.Pico Lopes y Cabo Verde, el nuevo condado de IrlandaPico Lopes jamás había ido a Cabo Verde. Su padre, Carlos, caboverdiano y mercante, se enamoró de su mamá, Judie, una irlandesa con la que se casó y tuvieron dos hijos. El portugués se perdió en el camino.El actual defensor central de Shamrock Rovers fue reclutado por LinkedIn, cuando el exentrenador de Cabo Verde le envió un mensaje en portugués, que no leyó. Pensó que era spam. Finalmente, insistió en inglés. Nueve meses más tarde, Pico lo llamó. Preguntó si jugar en la selección nacional todavía era posible."Me dijo que sí. Yo me sumergí en mi herencia, en mis raíces. Para mi papá fue formidable. Él está tan orgulloso de que la gente sepa de dónde viene. Fuimos a las islas. Hablamos mucho. Mi abuelo aún está allí y trabaja en su chacra. Yo encontré a mis primos, a mis tíos. ¡Fue tan emocionante! Aprendí la lengua. Cada vez que voy, me siento aún más caboverdiano", contó Pico Lopes.Judie, la madre irlandesa, se muestra asombrada por el apoyo recibido por el único jugador irlandés del torneo. Pico Lopes ha disputado 44 partidos con la selección de Cabo Verde.Cuando Judie lo inscribió en el Lourdes Celtic Football Club de Crumlin, Dublín, para que lo cuidaran gratis los sábados por la tarde, jamás imaginó que lo llevaría al Hard Rock Stadium de Miami.Sin embargo, el domingo 21 de junio, ella y su esposo, Carlos, vieron a su hijo Roberto "Pico" Lopes liderar la defensa de Cabo Verde en su partido contra Uruguay, en la Copa del Mundo."Ni Carlos ni yo venimos de una familia de futbolistas", dijo Judie Lopes. "Pico se involucró a través de un programa de fútbol local en la escuela primaria y trajo a casa un folleto que lo invitaba a unirse al Lourdes Celtic"."Al principio me alegré mucho porque significaba que me lo cuidarían gratis los sábados por la tarde mientras hacía las compras. No me imaginaba que terminaría pasando años jugando bajo cualquier condición climática. Pero ha valido la pena", contó Judie desde Irlanda.Lopes ha declarado que jamás imaginó que su hijo convertiría a Cabo Verde en el condado 33 de la República de Irlanda.Irlanda no logró clasificarse para el Mundial de 2026. Pero los aficionados han adoptado a la isla tropical como su segunda patria, gracias a que Lopes es el único jugador nacido en Irlanda en el torneo."Los irlandeses se han enamorado de esta historia. Es increíble", afirmó la mamá.Miran los partidos, viajan a verlos los que pueden. Celebran en el pub, cantan, los alientan, y Cabo Verde es el nuevo condado irlandés. Ya se preparan las familias para pasar vacaciones en Cabo Verde.Su hermano Jacques es el gran defensor de Pico. "Por supuesto que es fan de Messi", comentó Jacques. "Todo el mundo adora a Messi, especialmente por el torneo que está haciendo. Está en un estado increíble y lo ha ganado todo en este deporte. Así que es una gran oportunidad para que Pico se mida contra los mejores", contó.Un estadio financiado por ChinaCabo Verde no tenía estadio de fútbol. En 2010 nació el Estadio Nacional en Praia, su ciudad más importante, y fue financiado por la República Popular China. Caben 15.000 personas. El director técnico de su selección, Pedro Leitão Brito, más conocido como Bubista, se convirtió en el héroe de esta selección, que apeló a las redes sociales para conseguir jugadores. Cabo Verde es la historia más humana y linda de este Mundial de Fútbol. Su historia refleja el caótico e inesperado mundo de hoy, donde pierden los grandes y ganan los chicos, con la formación de sus jugadores en los grandes clubes del exterior. La positiva misión de los migrantes.