CineMichael Sarnoski descarna hasta los huesos la leyenda del arquero de Sherwood de la mano de una agonizante y soberbia interpretaci�n de Hugh JackmanHugh Jackman en un momento de 'La muerte de Robin Hood'.Actualizado Jueves,

julio

19:04La distancia que separa al h�roe del villano nunca estuvo clara. En su cuento Tema del traidor y del h�roe, Borges imagina el argumento de un relato futuro, o quiz� ya pasado. La historia, dice el autor, transcurre en un pa�s oprimido. Pongamos Irlanda. All�, el bisnieto del libertador Killpatrick investiga la muerte de su heroico antepasado. Y all�, el investigador descubre que el mayor de los h�roes fue, en realidad y a la vez, el mayor de los traidores. Su muerte o, mejor, su suicidio no fue m�s que una estratagema para, pese a todo, salvar a la causa. Fue una estrategia ideada por el que descubriera la vileza y aceptada con hero�smo resignado, pero hero�smo al fin y al cabo, por la v�ctima. Y as�, el traidor, que primero fue h�roe, vuelve a ser h�roe pese a su traici�n. O al rev�s.En La muerte de Robin Hood Michael Sarnoski se descubre ante todos como un esmerado lector de Borges y lo que propone es algo as� como la verdadera historia antes de la leyenda del protagonista de la mayor de las leyendas. Eso s�, la contraleyenda, llam�moslo as�, no aspira ser ella misma la verdad sino algo m�s fino y hasta grave: un aviso y advertencia para todos aquellos demasiado proclives a dar por bueno cualquier bonito relato. El mito nos dice que el m�s bondadoso de los ladrones fue traicionado al final de sus d�as por la Priora prima suya que le acogi� con la falsa intenci�n de curarle. En realidad, acab� por literalmente desangrarle. Pero, �y si las cosas no fueran como nos las contaron? �Y si en el rigor de la edad media ser un bandido apenas daba para ser nada m�s que eso: un cruel ladr�n sin m�s l�mite que el de su infinita crueldad?Sobre este presupuesto, y siempre pendiente de los personajes al borde de s� mismos, el director de Pig y Un lugar tranquilo: d�a 1 acierta a construir un drama profundamente desalmado y, lo m�s importante, perfectamente consciente de s�. El Robin Hood que nos presenta no solo es exactamente el contrario de aqu�l en el que el cine insiste desde que en 1922 Allan Dwan le pusiera leotardos a Douglas Fairbanks (m�s de 100 versiones registra el asunto), sino que es un Robin Hood culpable y sabedor de todos los relatos heroicos que tergiversan cada una de sus villan�as. Como el personaje de Borges sabe que lo que importa no es tanto la verdad como el relato. Y eso le hace tan perfectamente contempor�neo que hasta asusta.Sarnoski se sirve de una cuidada ambientaci�n miserabilista, antes que solo realista o naturalista, para desnudar cada una de nuestras convicciones y todas las mentiras que nos asisten. Antes y ahora. Se habla de un pasado sin tiempo, pero qui�n sabe si el argumento no es el mismo de todos los d�as. Es cierto que el af�n por subrayar cada idea no siempre juega a favor, pero lo cierto es que la pel�cula se mantiene tan dolorosamente magn�tica en el fluir de la sangre, en el vapor de la niebla, en la humedad de los castillos y en cada gemido de Hugh Jackman que no queda otra morir con ella (que no necesariamente por ella). Y con �l. Al final, la humanidad del villano es precisamente el rasgo m�s heroico de su hero�smo que nunca fue. Borgiano.—Director: Michael Sarnoski. Int�rpretes: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsg�rd. Duraci�n: 123 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.