La generosidad del fotógrafo Melitó Casals, que registró con su cámara la vida cotidiana de Figueres y comarca durante medio siglo y donó 9.000 negativos sobre Salvador Dalí a la fundación que lleva el nombre del pintor, bien merecía un homenaje de la ciudad. Ha tardado en llegar pero finalmente una triple exposición y un libro-catálogo explican la trayectoria y el trabajo de este artista, que aunque nacido en Vic, se convirtió en un auténtico homenot ampurdanés.Y seguramente en esa conversión tuvo mucho que decir su amigo Dalí, a quien conoció allá por el año 1949. Meli (1910-1990), que así es como era conocido, hacía poco que se había instalado en la rambla de Figueres, en el estudio fotográfico que los Unal tenían allí. Dalí acababa de llegar de su “exilio” en Estados Unidos y buscaba el refugio tranquilo de Portlligat para seguir su proceso creativo. El pintor requirió sus servicios y él se presentó en su casa, como si de un encargo más se tratase. Fue el principio de una larga relación. Y algo muy significativo es que en una ocasión especial, el divino Dalí le envió un abrazo de uno de sus amigos “más de verdad­”.Las postales de Melitó Casals de la Costa Brava de los años cincuenta tienen hoy un valor antropológicoLa exposición Objetivo Meli, inaugurada a finales de abril y abierta hasta el 13 de septiembre, se desarrolla en tres espacios de Figueres: el Museu de l’Empordà, la sala de exposiciones Escorxador y la Casa Natal de Dalí. La muestra ha sido comisariada por el diseñador Manel Gràvalos y el fotógrafo Francesc Guillamet, con el periodista Santi Coll como documentalista y Jordi Meli, hijo del fotógrafo, como responsable del fondo.En el Museu de l’Empordà se ofrece una selección de fotos del impresionante legado de Meli que supera las cien mil imágenes. Y como señala la historiadora del arte Pilar Parcerisas, nos ayuda a entender por qué “Meli es un artista de casa, con mirada universal”.Imagen de la rambla de Figueres, de 1955; al fondo, a la izquierda, la casa Fages y la Cámara Agrícola MELISe han conservado pocas fotografías del Meli joven cuando aún vivía en Vic. Pero entre esas escasas imágenes, algunas no dejan indiferente, como una “Quema de imágenes de santos”, de 1936, o las del “Traslado del cuerpo de sor Maria” y un “Desfile fascista” en Vic, ambas de la inmediata posguerra. Magníficos son también sus retratos, tanto los más anónimos como los de personajes conocidos, de Camilo José Cela a Antoni Pitxot, La Chunga o Joan Massanet. Y naturalmente de Dalí.Para el pintor de Portlligat, Meli fotografió objetos y modelos que luego el artista utilizaba para sus composiciones. Quizás la más conocida es la foto que tomó de un caballo encabritado, montado por un militar de Sant Climent Sescebes, que luego Dalí trasladó a su lienzo sobre Santiago. El mayor (1957). Esa confianza permitió a Meli fotografiar el largo proceso constructivo del teatro-museo. Meli se permitió también hacer una fotografía de Dalí y Gala, tiempo después de su boda, para enmarcarla y exponerla en su establecimiento de fotografía. Cuando Dalí la descubrió, se la cambió por una acuarela suya. Y esta obra y las fotografías que relatan ese intercambio ocupan la planta baja de la Casa Natal.En el tercer escenario, l’Escorxador, se recrea el estudio fotográfico del artista y en las imágenes seleccionadas predomina el paisaje, la otra faceta que más cultivó. Y la convirtió en postales de los años iniciales del apogeo turístico de la Costa Brava, que hoy tienen un valor antropológico. Esas postales nos permiten, por ejemplo, ver la evolución urbanística de lugares como Roses o Cadaqués. El espectador se sumerge en los ambientes de los años cincuenta con imágenes tan elocuentes como las de unas trabajadora de la perfumería Marcó, una vendedora de ristras de ajos en el mercado de Figueres o el entierro de Manuel Brunet en Castelló d’Empúries. Pequeñas joyas de un impresionante fondo.