El envejecimiento de la población avanza más rápido que la capacidad de la sociedad para comprenderlo. En ese desfase, muchas patologías asociadas a la vejez —especialmente las relacionadas con la salud mental— siguen invisibilizadas, confundidas con “cosas de la edad” o simplemente ignoradas. La ansiedad en personas mayores es uno de los ejemplos más claros de este problema silencioso.El doctor Pedro Gil Gregorio, uno de los referentes de la geriatría en España, lleva décadas advirtiendo de este fenómeno. Su trayectoria clínica, investigadora y docente ha estado marcada por un objetivo claro: mejorar la calidad de vida en la vejez a través de un diagnóstico más preciso y una mirada más amplia sobre el envejecimiento. Además, ha formado parte de la Comisión Nacional de la Especialidad, del Comité Evaluador del Fondo de Investigaciones Sanitarias y del Comité Científico de la Fundación Reina Sofía.Hoy, desde su papel como coordinador del Foro de Ansiedad y Cronicidad, insiste en la necesidad de cambiar el enfoque. Para Gil Gregorio, el edadismo sigue siendo una barrera clave en la atención sanitaria. “Muchas patologías del anciano, como la ansiedad, se detectan tarde porque no hay un reconocimiento temprano, porque la niebla de la edad y el edadismo impiden ver situaciones patológicas que sí son tratables”, advierte.El problema no es solo clínico, sino cultural, advierte, ya que “tendemos a normalizar el malestar emocional en los mayores, restándole importancia”. Miembro del European Alzheimer Disease Consortium (EADC) y presidente del Comité Científico del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid, el especialista reflexiona sobre cómo identificar a tiempo estos trastornos, qué papel juega el entorno y por qué es urgente replantear la forma en la que entendemos la salud en la vejez.Entre sus recomendaciones para personas mayores indica que “cuando la preocupación ocupa gran parte del pensamiento diario o genera miedo anticipatorio ante situaciones habituales, conviene comentarlo con el profesional sanitario para valorarlo adecuadamente”. Además, recalca que “en pacientes con deterioro cognitivo leve o con quejas de memoria, es importante valorar también el estado emocional, ya que abordar la ansiedad puede contribuir a mejorar su funcionamiento cotidiano”.¿En qué medida la estimulación cognitiva puede ayudar también a mejorar o amortiguar síntomas de ansiedad?La estimulación cognitiva tiene beneficios que van más allá de la memoria o la atención. También influye de forma clara en el bienestar emocional. Mantener la mente activa, participar en actividades estructuradas o realizar ejercicios de memoria contribuye a reforzar la sensación de control y de autonomía del paciente, algo fundamental en edades avanzadas. Además, muchas de estas actividades implican interacción social, participación en el entorno y mantenimiento de rutinas, factores que ayudan a reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo.Lee también¿Qué recomendaría a los profesionales sanitarios para detectar ansiedad en pacientes mayores que quizá no la expresan de forma directa?Es frecuente que la ansiedad no se verbalice como tal en personas mayores. No suelen decir ‘estoy ansioso’, pero sí muestran cambios en su comportamiento. Por eso, más que centrarnos en la expresión directa, debemos observar señales indirectas: aumento de consultas médicas sin causa clara, preocupación excesiva por síntomas menores, evitación de actividades habituales o cambios en el sueño. También es útil hacer preguntas abiertas y concretas sobre aspectos como el descanso, el miedo a la evolución de la enfermedad o la anticipación de revisiones médicas. Esto facilita que el paciente exprese inquietudes que no había identificado como ansiedad.Como coordinador del Foro de Ansiedad y Cronicidad, ¿qué objetivos se han marcado?Nuestro objetivo es generar conocimiento clínico sobre la ansiedad en pacientes con enfermedades crónicas, una realidad muy presente pero poco evaluada de forma sistemática. Trabajamos en tres líneas: impulsar la investigación, mejorar la formación de los profesionales sanitarios y desarrollar acciones de divulgación. En este contexto, estamos diseñando un estudio de prevalencia en pacientes ambulatorios mediante cuestionarios de cribado rápido. Queremos cuantificar la ansiedad, identificar barreras diagnósticas y entender mejor cómo afecta a la evolución clínica y a la calidad de vida.Nuestro objetivo es generar conocimiento clínico sobre la ansiedad en pacientes con enfermedades crónicas, una realidad poco evaluadaPedro Gil Gregorio¿Por qué la ansiedad sigue estando menos analizada en pacientes crónicos?Tradicionalmente, el seguimiento clínico se ha centrado en parámetros físicos: síntomas, analíticas o evolución funcional. La dimensión emocional ha quedado en segundo plano, en parte porque no siempre se dispone de herramientas sencillas para evaluarla en consulta. Esto hace que muchas veces no se registre ni se trate adecuadamente.¿Y en las personas mayores en concreto?En los adultos mayores, además, los síntomas de ansiedad pueden confundirse con los de la enfermedad crónica o con el propio envejecimiento. Esto dificulta su identificación. Por eso es fundamental integrar la evaluación emocional dentro de la valoración clínica habitual.¿Qué datos manejan sobre la prevalencia de ansiedad en pacientes crónicos?Sabemos que es muy frecuente, pero está infradiagnosticada. No se identifica ni se registra de forma sistemática, lo que hace que su prevalencia real esté probablemente infravalorada. De ahí la importancia de generar datos sólidos que nos permitan dimensionar el problema y mejorar su abordaje.La dimensión emocional de los pacientes crónicos séniors ha quedado en segundo plano. Getty Images¿La ansiedad se manifiesta de forma distinta en personas mayores?Sí. En lugar de expresarse como preocupación verbal, suele aparecer a través de síntomas físicos como insomnio, fatiga, inquietud o preocupación por la salud. En pacientes con enfermedades crónicas, estos síntomas se mezclan con los de la propia patología, lo que dificulta aún más su detección.¿Es más difícil reconocerla por esa confusión con lo físico o con la edad?Exactamente. Muchas veces se interpreta como algo ‘normal’ del envejecimiento. Este es un problema importante, porque lleva a infravalorar situaciones que son tratables.¿Qué señales de alerta deberían hacernos sospechar?Preocupación excesiva por la enfermedad, miedo anticipatorio a revisiones médicas, irritabilidad, insomnio, inquietud persistente o hipervigilancia de los síntomas. También conductas como acudir con frecuencia al médico sin cambios clínicos o dificultad para seguir tratamientos.¿Hay perfiles más vulnerables?Sí, especialmente personas con múltiples enfermedades crónicas. También aquellas con dolor persistente, limitaciones funcionales o incertidumbre sobre la evolución de su patología. Todo esto genera una carga emocional importante.¿Qué relación existe entre ansiedad y deterioro cognitivo?Es muy estrecha. En fases iniciales de deterioro cognitivo o enfermedades neurodegenerativas, la ansiedad es frecuente. El paciente percibe cambios en su memoria o autonomía y eso genera preocupación. A su vez, la ansiedad empeora el rendimiento cognitivo, creando un círculo vicioso.¿Puede la ansiedad agravar los problemas de memoria?Sí. Afecta a la atención y a la memoria inmediata. Cuando una persona está preocupada de forma constante, le cuesta concentrarse y retener información. Por eso es clave valorar el estado emocional en pacientes con quejas de memoria.En fases iniciales de deterioro cognitivo o enfermedades neurodegenerativas, la ansiedad es frecuentePedro Gil GregorioDesde el punto de vista del paciente, ¿cómo distinguir ansiedad de preocupación normal?La preocupación es puntual y ligada a situaciones concretas. La ansiedad, en cambio, es persistente y condiciona la vida diaria. Una señal clara es cuando esa inquietud limita el día a día o genera miedo anticipatorio constante.¿Qué papel pueden jugar las familias en detectar la ansiedad?Fundamental. Son quienes detectan antes los cambios: aislamiento, irritabilidad o pérdida de interés. Su información es muy valiosa en consulta, sobre todo si el paciente no expresa bien cómo se siente.¿Cuál es el enfoque terapéutico más adecuado?Depende del caso, pero suele ser combinado: apoyo psicológico, intervenciones no farmacológicas y, si es necesario, tratamiento farmacológico. Lo importante es integrar la ansiedad en el seguimiento global del paciente. También el ejercicio físico, la estimulación cognitiva, la participación social o las rutinas ayudan a mejorar el estado de ánimo y reducir la ansiedad. Refuerzan la autonomía y el control, que son claves en el bienestar emocional. El paciente crónico suele ser atendido por varios profesionales. La coordinación permite un abordaje coherente y completo.Lee también¿Cómo mejora la relación médico-paciente al integrar la dimensión emocional?Se fortalece. El paciente se siente comprendido y comparte más información. Esto permite ajustar mejor los tratamientos y mejora la adherencia.¿Existe estigma en torno a la ansiedad en mayores?Sí, todavía. Por razones culturales, cuesta hablar de salud mental. Por eso hay que normalizarlo desde la consulta.¿El edadismo influye en el diagnóstico?Mucho. Se atribuyen al envejecimiento síntomas que no lo son. Esto retrasa diagnósticos. Ocurre con la ansiedad y con el deterioro cognitivo.¿Puede poner un ejemplo?La memoria. Es normal cierto enlentecimiento, pero no pérdidas significativas. Muchas veces se minimiza con frases como “es normal con la edad”, y eso retrasa la intervención.El uso de ansiolíticos se ha banalizado, según el geriatra. Graham Oliver¿Qué ocurre cuando una persona mayor se aísla de forma repentina?Es una señal de alerta. Puede indicar ansiedad, depresión u otra patología. Requiere valoración médica urgente.¿Qué mensaje daría a pacientes y familias?Que no normalicen los síntomas. Hay que diferenciar olvidos leves de problemas mayores. Y entender que ansiedad y memoria están relacionadas. Pedir ayuda es clave. A nivel fisiológico, la ansiedad aumenta el cortisol, lo que afecta negativamente al cerebro y puede agravar el deterioro cognitivo.¿Cómo gestionar esto en un sistema sanitario con poco tiempo?Es difícil, falta tiempo, formación y recursos. Muchas veces es más rápido prescribir un ansiolítico que explicar al paciente medidas no farmacológicas como técnicas de relajación, ejercicio o cambios en el estilo de vida. Sin embargo, es necesario insistir en que estos problemas existen, se pueden tratar y se pueden mejorar. A veces no se trata de medicalizar, sino de prevenir. También es clave la educación sanitaria a familiares y pacientes, así como el desarrollo de materiales informativos y la colaboración con asociaciones de pacientes.¿Qué opina del uso de ansiolíticos?Existe un abuso importante. Los hemos banalizado, pero un ansiolítico no es un paracetamol. Generan dependencia y en mayores aumentan el riesgo de caídas y deterioro cognitivo. Dado que los reflejos ya son más lentos por la edad, el uso de estos fármacos incrementa considerablemente el riesgo de accidentes. Esto puede desencadenar un efecto en cadena con consecuencias graves.¿Qué alternativas existen?Intervenciones no farmacológicas y, en casos leves, la fitoterapia, como los extractos de lavanda o de hierba de San Juan. Tienen un efecto calmante y no presentan los efectos secundarios de los ansiolíticos, aunque no son tan eficaces de forma inmediata. Pero siempre diferenciando el tipo de ansiedad.Muchas patologías del anciano, como la ansiedad, se detectan tarde porque el edadismo impide reconocerlas a tiempoPedro Gil Gregorio¿Está preparado el sistema sanitario para el envejecimiento?Existe un déficit de formación, especialmente en lo relacionado con la atención a personas mayores. Durante la formación médica, estas patologías no han tenido el peso suficiente. Además, la geriatría no siempre resulta atractiva para los profesionales, lo que contribuye a que el sistema no esté plenamente preparado para el envejecimiento de la población.¿Qué cambios son necesarios?Mejorar la formación, la educación sanitaria y el acceso a información rigurosa. Y, sobre todo, integrar la dimensión emocional en la atención al paciente mayor. El principal reto es dejar de normalizar lo que no es normal. Muchas patologías del anciano, como la ansiedad, se detectan tarde porque el edadismo impide reconocerlas a tiempo. Y eso es algo que debemos cambiar.
Pedro Gil Gregorio, geriatra: “Un ansiolítico no es un paracetamol; genera dependencia y aumenta el riesgo de caídas y deterioro cognitivo en personas mayores”
Doctor Cum Laude por la Universidad Complutense de Madrid y actual coordinador del Foro de Ansiedad y Cronicidad, ha desarrollado una carrera investigadora centrada en las enfermedades neurodegenerativas y el deterioro cognitivo










