Da igual cuando leas esto: en algún lugar de Europa, los agricultores han sacado sus tractores a la calle y están protestando contra esta o aquella política. Puede ser por los agresivos costes del combustible, por la competencia desleal de productos mucho más baratos de mercados menos desarrollados, por el peso de las normas fitosanitarias europeas o cualquier recorte de la PAC, la Política Agraria Común Europea, y el que es probablemente uno de los mayores rompecabezas en el que encajar, si cabe, una nueva pieza más: la anexión de Ucrania (y Moldavia). Incluso restando las amputaciones del territorio ucraniano por la invasión rusa –Crimea y parte del Donbás—, Ucrania dispone de una superficie agrícola útil de 32 millones de hectáreas, de las que 26 ya están cultivadas. El doble de suelo cultivable que Francia (17 millones) y tres veces más que España y Polonia (11 millones respectivamente, según el Banco Mundial). En caso de adhesión, Ucrania se convertiría en el principal país productor de cereales y oleoproteaginosas –colza, girasol y soja— de la UE. A su lado, Moldavia es apenas un apéndice (1,87 millones). Pero eso no ayudará a los moldavos: el proceso de adhesión del pequeño país se ha supeditado a los avances ucranianos. Por un lado, Moldavia se ve beneficiada de la velocidad que le está imprimiendo Kiev a su adhesión política. Por otro, todos los miedos se le contagian. El capítulo agrícola "se considera entre los más difíciles del proceso de adhesión a la UE", sostiene la investigadora Elsa Régnier en un estudio de la Science Po de 2024. Esto es así por el importantísimo papel de la PAC en el presupuesto de la Unión Europea y la vulnerabilidad general de las explotaciones agrícolas. Desde la Comisión Europea coinciden en que Ucrania y Moldavia "necesitarán tiempo y esfuerzo", ya que la UE "debe garantizar que sus políticas, incluida la PAC, sean adecuadas para una Unión ampliada". TE PUEDE INTERESAR "¿Más difícil que la guerra? ¿Que el Holodomor? No lo creo. Nos adaptaremos", bromea Volodímir Rever, agricultor de Lviv, en el oeste de Ucrania. Como él, muchos otros agricultores y granjeros se han convertido en víctimas y soldados de la guerra lanzada por Rusia contra sus fértiles estepas. El suelo ucraniano se encuentra entre los más ricos del mundo. Los científicos lo llaman 'chernozem' (tierra negra), por el característico color que deja la acumulación de materia orgánica en el suelo en forma de humus, "que son los nutrientes esenciales para el crecimiento de las plantas", explica Mijailo Mulenko, investigador de la Reserva Nacional Khortytsya. TE PUEDE INTERESAR "En algunas zonas del centro de Ucrania, la capa de humus puede alcanzar un metro de espesor, lo cual es extraordinario", cuenta Mulenko. El hecho de que el humus sea tan profundo hace que resista mejor a las agresivas técnicas de agricultura moderna, manteniendo su fertilidad. Mucho ha cambiado desde el inicio de la invasión, cuando el avance de los tanques rusos por el norte y el sur de Ucrania parecía imposible de detener. En aquel entonces, los buques rusos bloquearon el puerto de Odesa, que suponía más del 80% de las exportaciones agrícolas al extranjero, los misiles destruían las fábricas de Járkov, que procesaban los alimentos y semillas, y las bombas rusas buscaban deliberadamente destruir cultivos y maquinaria agrícola en Cherníhiv y Sumy. Las minas contaminaron el suelo que pisaban las tropas de la Z. Pero se les detuvo; y Ucrania logró mantener el control del puerto de Odesa, estableció nuevas rutas de exportación por vía marítima y tren (con colaboración de países como Rumanía o Polonia), salvó sus semillas y la cosecha, reorganizó sus cadenas logísticas y su combustible. "Es como otro frente de batalla: el pan es algo sagrado para nosotros y sembrar un símbolo de vida. No puedes imaginar lo que significa para los ucranianos, que han sobrevivido a dos guerras mundiales y una hambruna", sostiene Roman Leshchenko, exministro de Política Agraria y Alimentación de Ucrania. TE PUEDE INTERESAR Opinión Y eso va más allá del "potencial único de fertilidad de los suelos", apunta Yves Le Morvan, responsable de cadenas de suministro y mercados del centro de estudios Agrillées, en Francia. "Ucrania cuenta con un interesante capital humano y con la resiliencia de la cadena logística, comercial y de transformación", asegura a El Confidencial. Pero estas medidas generaron ya roces con los países limítrofes. Hungría, Polonia y Eslovaquia llegaron incluso a establecer prohibiciones a la importación de productos ucranianos. Dănuț Andruș fue un agricultor cuyo rostro protagonizó las protestas de agricultores rumanos contra los productos ucranianos y que cortaron con tractores la carretera de entrada a Bucarest. En aquel momento, se acusaba a Ucrania de competencia desleal. Hoy día ya no está tan radicalmente en contra de la integración de Ucrania y Moldavia. "No me parece bien, porque desestabilizarán el mercado, pero está el derecho de cada pueblo a hacer lo que quiera; si se ajustan a las normas, no tengo ningún problema", asegura a El Confidencial. Pero precisamente esa desestabilización de la entrada de un productor tan grande como Ucrania puede ser una oportunidad para la Comisión Europea. Quizá con una reforma masiva de la PAC, un proceso que se lleva intentando aterrizar desde hace años. TE PUEDE INTERESAR Hasta la fecha, la UE ha llevado a cabo siete ampliaciones. Las últimas, en 2007 (Rumanía y Bulgaria) y en 2013 (Croacia). De todas, las únicas que pueden compararse con las negociaciones actuales, "en términos de referencias geopolíticas y de impacto agrícola", según Le Morvan, son las de la Península Ibérica en 1986 y las de Europa Central en 2004 y 2007. La ampliación de 1986 (España y Portugal) incrementó un 30% la superficie agrícola de la UE, y las de 2004-2007, un 44%. La ampliación de Ucrania, Moldavia y los Balcanes supondría un 28%. En 1986 bastó con un "ajuste mediante precios institucionales, combinados con un calendario de aplicación escalonado". En 2004-2007 hubo que hacer una profunda reforma previa de la PAC, "que creó el sistema de ayudas por superficie y permitió su pago progresivo a los nuevos Estados, en una situación jurídica y económica normalizada". En caso de la futura ampliación, no bastará con modificar la PAC ligeramente. "Ucrania no es Polonia, sino que tiene un modelo económico agrícola heredado de la antigua Unión Soviética, con un derecho de propiedad de la tierra y formas empresariales exógenas", repasa el experto. TE PUEDE INTERESAR Así que dibuja dos opciones: o una adhesión que "no sea una adhesión plena" o, de nuevo, una profundísima reforma de la PAC que incluya sistemas de protección prolongados en el tiempo. "La PAC tal como la conocemos hoy podría evolucionar significativamente", dice Elsa Régnier, la investigadora de Science Po, que explica que se están llevando a cabo negociaciones a nivel europeo para definir la normativa para el período 2028-2034. Con la entrada de Ucrania, la Unión Europea podrá o aumentar significativamente el presupuesto de la PAC (entre el 23 y 25% del presupuesto europeo actual), reducir la asignación que actualmente reciben los Estados miembros o proponer a Ucrania una asignación desacoplada de su superficie agrícola. "La PAC está evolucionando constantemente y seguirá evolucionando", apuntan desde la Comisión. Todo dependerá de las negociaciones. TE PUEDE INTERESAR Pero de momento, más allá de los desafíos ya conocidos, para la Unión Europea puede ser una oportunidad geopolítica. La invasión de Rusia primero, pero la guerra en Irán después y el siempre eterno fantasma de una China agresiva dejan claro que la soberanía alimentaria es una necesidad geopolítica. El ingreso de Ucrania, "el granero del mundo", podría posicionar a la UE como productor y exportador agrícola líder, así como fortalecer sus propias opciones internas. "La política de ampliación de la UE es más que nunca una inversión geoestratégica en paz, estabilidad, influencia, competitividad y seguridad a largo plazo,", afirma un portavoz de la Comisión Europea, por correo, a El Confidencial. Moldavia tiene algo del camino ya andado y su caso sirve para entender alguno de los retos a los que se enfrentará Ucrania también. En 2014 firmaron un acuerdo de asociación que incluía la entrada en la Zona de Libre Comercio de Alcance Amplio y Profundo (DCFTA), destinada a integrar gradualmente la economía moldava en el mercado interior de la UE. La DCFTA incluye la reducción o eliminación de aranceles aduaneros para una amplia gama de productos, la simplificación de los procedimientos fronterizos y la creación de un marco comercial más estable y predecible. Para los productores agrícolas de la República de Moldavia, el DCFTA ha abierto el acceso al mercado de consumo más grande del mundo, con más de 450 millones de consumidores. TE PUEDE INTERESAR Todo un éxito para el pequeño país, que en 2025 logró convertirse en el principal proveedor de girasol para la UE, con una cuota del 57,5%. La UE es también su principal mercado de salida para las frutas moldavas, ciruelas, manzanas, uvas de mesa y cerezas. Pero esos éxitos vienen también con grandes sacrificios. El DCFTA fuerza a los pequeños agricultores moldavos a adaptar su producción a los estándares fitosanitarios y de trazabilidad europeos, con un nivel de exigencia mucho mayor. "Nosotros ya producimos según las reglas de la Unión Europea, pero sin el apoyo que tienen los agricultores europeos", lamenta Daniel Leahu, agricultor del norte de Moldavia. Sus productos (trigo, cebada, guisantes, colza, girasol y sorgo) llegan al mercado de la Unión a través de intermediarios comercializadores. Asegura que esos exportadores "no tienen ningún problema" con sus productos porque los agricultores están "conectados al 100% con los requisitos de la UE, desde las tecnologías a los fertilizantes y pesticidas". Pero todo eso cuesta dinero. "No se nos permite hacer lo que antes estaba permitido, y eso conduce a una producción más cara. Cumplimos las reglas y no recibimos nada a cambio. Al agricultor europeo se le paga por la agricultura ecológica, por alimentos saludables, por reducción de emisiones. Nosotros hacemos lo mismo, pero sin los pagos". TE PUEDE INTERESAR Nueve fechas que pondrán a prueba a Europa en 2026 POR Lola García-Ajofrín Bianca Blei (Der Standard. Austria) György Folk (HVG. Hungría) Noel Baker (The Journal. Irlanda) Kostas Zafeiropoulos (Efsyn. Grecia) Aunque tienen que cumplir los estándares, aún no se benefician de las subvenciones, pagos directos y otros mecanismos de los que disfrutan los agricultores de los estados miembros (la tasa de interés para agricultores moldavos es del 13%, frente a una media del 3-5% de interés del que se benefician los agricultores europeos). Los agricultores moldavos subrayan que muchos pequeños y medianos productores no pueden soportar esos costes añadidos de prepararse para la UE sin un apoyo financiero consistente. En una petición de la que Ucrania podría tomar nota, los agricultores entrevistados por Hotnews.ro piden que el proceso de integración vaya acompañado de periodos de transición realistas y programas estatales para la adaptación gradual y protección del sector. "Quien quiera vender, venderá. Quien quiera trabajar, trabajará. El mercado europeo no nos quita la tierra, nos pide calidad. Tenemos buen suelo, tenemos gente que sabe trabajar. El resto depende de cómo elijamos jugar en un gran mercado", acepta el reto Ion Tulei, un agricultor moldavo cuya vida refleja muy bien ese paso de mercado-externo a ser parte de la UE. TE PUEDE INTERESAR Opinión En 2009 contaba apenas con 10 hectáreas de huerto. Entonces, "la mercancía salía fácilmente, sin demasiados requisitos". Pero la política internacional tenía otros planes. En 2014-2015, Rusia impuso un duro embargo a los productos agrícolas moldavos, en represalia por su acercamiento a la UE. Tulei tuvo que buscar alternativas, y en 2016-2017 se lanzó con una primera exportación a Alemania. A partir de ahí, "muchas decisiones difíciles": clasificación de calidad, envase competitivo, conservación correcta… Las certificaciones internacionales —como GlobalG.A.P., GRASP, SMETA y ahora IFS— se convirtieron en pasos obligatorios. "Cuando entras en este sistema, entiendes que ya no se trata solo de vender. Se trata del proceso, la trazabilidad, la responsabilidad. Prácticamente, puedes exportar a cualquier lugar", explica el agricultor, que hoy cuenta con 135 hectáreas y una amplia producción de frutas (manzanas, cerezas, ciruelas, uvas, albaricoques). Para los que ya han comenzado el proceso, la integración europea no es una promesa abstracta, sino una realidad ya vivida. "Nosotros estamos, prácticamente, desde hace cinco años en la Unión Europea. No creo que para nosotros cambien mucho las cosas, tal vez solo desaparezcan algunos procedimientos burocráticos". TE PUEDE INTERESAR Los beneficios reales, dice él, serán para los agricultores que aún no han dado este paso: un acceso más fácil a los mercados, reglas claras, estabilidad y motivación para la modernización. El miedo a una nueva adhesión al mercado agrícola europeo suele ser abanderado por agricultores franceses, españoles o polacos, que temen que la entrada masiva de productos agrícolas más baratos (aunque cumplan con los estándares fitosanitarios, en general el coste de vida y producción en Ucrania y Moldavia es más bajo) desestabilice todo el mercado. "Podría satisfacer a las industrias importadoras [de cereal], pero también debilitar gravemente zonas enteras de producción, tanto en el oeste como en el este de la UE", admite Le Morvan. Pero, en realidad, en algunos casos son los agricultores de países candidatos los que están en ventaja frente a agricultores ya en la UE. "El mercado de la Unión Europea es muy duro. Tiene requisitos extremadamente altos respecto a la calidad, volumen y regularidad en la entrega", lamenta Dinu Todos, otro agricultor moldavo que no le ve muchas opciones a subirse al carro de los envíos a Europa. "Sin fondos de preadhesión y periodos de transición, la pequeña y mediana agricultura desaparecerá", sostiene Alexandru Slusari, exdirector ejecutivo de la Asociación Fuerza de los Agricultores. "Los estándares ambientales en la Unión Europea son extremadamente duros e incluso los agricultores europeos los cuestionan. Los impuestos por descarbonización, las restricciones sobre fertilizantes y pesticidas aumentan los costes de producción. Si Moldavia los aplica de inmediato, sin periodos transitorios, corremos el riesgo de una quiebra masiva de los agricultores", sostiene. El agricultor europeo ya ha invertido en estos gastos, que el moldavo o el ucraniano tendrá que acometer de golpe y porrazo, de la noche a la mañana. Especialmente cuando tanto Moldavia como Ucrania son mercados agrícolas muy descapitalizados. El primero, por su pequeño tamaño y varios años de crisis económicas sucesivas, el segundo, por la guerra que se prolonga ya más de cuatro años y que ha supuesto un durísimo golpe a la economía local. "Estamos descapitalizados y tenemos miedo de entrar en un mercado donde no podemos competir", sostiene Serghei Ivanov, presidente de la Comisión de Agricultura del Parlamento moldavo. Pero, a diferencia de Moldavia, la estructura de propiedad de la tierra en Ucrania sí es un reto para la Unión Europea. Fruto de la colectivización de tierras de época soviética, la tierra en Ucrania se organiza en forma de medias y grandes empresas. La media de terreno agrícola es de 649 hectáreas (en Francia, 60-70, en Polonia, 11-12), con las empresas medianas en torno a las 1.493 hectáreas y macroholdings –agroholdings– de miles más. Estas últimas suelen contar con la integración vertical de toda la cadena por sectores, lo que, en estándares europeos, da lugar a oligopolios agrícolas que tendrán que ser estudiados en términos de competencia. "La capacidad de Europa para integrar la agricultura ucraniana tal como es actualmente plantea, de igual manera, la cuestión inversa de la adaptación de Ucrania a las normas comunitarias y a su modelo empresarial", concluye Le Morvan. "Este es un año de intenso trabajo interno para nosotros", afirmó el viceprimer ministro ucraniano Taras Kachka, en el encuentro titulado "El sector agrícola en camino hacia la UE: dónde estamos y qué nos depara el futuro", que se celebró el 27 de enero en Vinnytsia, una de las principales regiones agrarias de Ucrania. Kachka sostuvo que ya están creando el marco legislativo necesario: "incluyendo la planificación estratégica, el organismo pagador y las herramientas digitales". Ningún viaje viene sin sus problemas, pero hecha la resta, Sluslari ve en la integración europea la única oportunidad real de modernización de la agricultura. "La Unión Europea es, en esencia, la única solución para la modernización de la agricultura. Los países de Europa del Este se modernizaron masivamente en el periodo de preadhesión, cuando tuvieron acceso a fondos. Si Moldavia negocia inteligentemente y prioriza a los pequeños y medianos agricultores, en 5 años podemos llegar al nivel de Rumanía o Eslovaquia".