El rechazo de la acusación constitucional deducida en contra del ex ministro de Hacienda Nicolás Grau constituye un escenario propicio para reflexionar sobre la relación entre las emociones y la actividad política. Este tema ha sido abordado por filósofos de orientaciones diversas como Martha Nussbaum y Agnes Heller.
La pregunta básica que se ha levantado es si existe un conflicto insuperable entre la razón y las emociones de forma que estas últimas operen como un bloqueo para que se impongan decisiones razonables.
En lo que se refiere a la acusación constitucional mencionada resultó razonable que un grupo de diputados activara este mecanismo, porque no puede desconocerse que se trata de una herramienta prevista en la Constitución y que forma parte de las atribuciones exclusivas de la Cámara de Diputados. Del mismo modo resultó razonable que se develara, ante la opinión pública, un conjunto de inconsistencias que incidieron en la estimación de la trazabilidad de los fondos fiscales hacia el futuro. Ellas condujeron a que el actual gobierno heredara una deuda que, indiscutiblemente, complica el cumplimiento de sus propias metas. También es razonable que el solo conocimiento de la complicada situación fiscal heredada generara emociones de indignación, frustración y desaliento en diversos sectores de la ciudadanía, las que se asociaron al anhelo de perseguir las responsabilidades respectivas.







