Un orden mundial liderado por Estados unidos ofrecer�a una gran ventaja a un oligopolio estadounidense del que forme parte su propia compa��a.El argumento de Sam Altman sobre la necesidad de establecer un "marco global" para la IA refleja una cruda realidad. La tecnolog�a que �l y sus pares est�n creando tiene un enorme potencial destructivo que trasciende las fronteras nacionales. Tambi�n tiene raz�n al afirmar que el mundo ya se ha enfrentado a desaf�os similares antes. Sin embargo, este �ltimo es m�s dif�cil de resolver.La idea de Altman se asemeja mucho al Comit� de Supervisi�n Bancaria de Basilea, aplicado a la IA. Sugiere un foro global de responsables pol�ticos y expertos que establecer�a est�ndares para los modelos de IA, velar�a por que el af�n de lucro no se imponga a la seguridad y otorgar�a a los pa�ses que cumplan con los requisitos acceso a tecnolog�as avanzadas. Al igual que con Basilea, la aplicaci�n y la elaboraci�n de normas estar�an a cargo de cada pa�s, para evitar parecer antidemocr�tico.Al fin y al cabo, los defensores de la IA han argumentado con vehemencia, ante la legislaci�n estatal estadounidense, que la burocracia frena la innovaci�n. Tambi�n en el sector financiero, los bancos se quejan en�rgicamente de Basilea, que les impone enormes costes de cumplimiento y puede parecer excesivamente complejo.Pero la supervisi�n bancaria internacional ha tenido consecuencias imprevistas que, si se aplicasen al �mbito de la IA, podr�an no ser tan malas para Altman y sus pares. Para empezar, ha afianzado a los mayores bancos.Una regulaci�n onerosa favorece a aquellos con presupuestos lo suficientemente grandes como para sortearla. Y en la medida en que el organismo de supervisi�n est� liderado por Estados Unidos, como sugiere Altman, los intereses estadounidenses inevitablemente dominar�n.Otro obst�culo es China. Para ser realmente efectiva, una alianza global tendr�a que incluir a la Rep�blica Popular, como hacen Basilea y el Organismo Internacional de Energ�a At�mica. Es dif�cil imaginar que Pek�n acepte ralentizar su progreso tecnol�gico. Un acuerdo global podr�a, por lo tanto, convertirse en una cortina de hierro con China al otro lado, una idea que podr�a resultar atractiva para las empresas occidentales de IA preocupadas de que sus clientes opten por rivales chinos baratos como DeepSeek.Basilea pone de manifiesto otros dos problemas de la supervisi�n global. En primer lugar, las crisis son m�s f�ciles de detectar a posteriori, incluso para los expertos. En diversas ocasiones, las prioridades y prescripciones de Basilea han amplificado las debilidades del sistema en lugar de corregirlas, centr�ndose en los riesgos equivocados. Es dif�cil predecir c�mo podr�a evolucionar esto en la IA. Los est�ndares comunes podr�an derivar en puntos de fallo compartidos o llevar a que todos pasen por alto las mismas vulnerabilidades.En segundo lugar, Basilea tard� mucho en ponerse en marcha, y en lo que se refiere al riesgo de la IA, el tiempo escasea. El comit� se cre� en 1974, pero no estableci� las normas relativas al capital bancario hasta 1988. La creaci�n de la OIEA tard� casi cuatro a�os desde que el presidente estadounidense Dwight Eisenhower solicit� un organismo internacional para abordar las amenazas nucleares. Altman cree que los sistemas con un "poder asombroso" est�n a s�lo uno o dos a�os de distancia.El CEO de OpenAI tiene raz�n al advertir que, si no se produce una colaboraci�n global, habr� fragmentaci�n. Los pa�ses impondr�n sus propias barreras. Es casi seguro que estas medidas resultar�n ineficaces para impedir la entrada de actores malintencionados y tecnolog�as peligrosas. Sin embargo, un orden mundial liderado por Estados Unidos otorgar�a una enorme ventaja a un oligopolio estadounidense que incluyese a su propia empresa. En un mundo con opciones nada envidiables, esta �ltima es la mejor posible.� The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribuci�n, copia o modificaci�n. EXPANSI�N es el �nico responsable de esta traducci�n y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.