Luego de que se confirmara su apagado por cuatro años para una profunda actualización tecnológica, el Gran Colisionador de Hadrones volvió a ocupar un lugar central en la agenda científica internacional. Se trata del acelerador de partículas más grande y potente del planeta, una infraestructura clave para la física moderna que permitió uno de los mayores descubrimientos de las últimas décadas, la detección del bosón de Higgs, conocido popularmente como la “partícula de Dios”. El Gran Colisionador de Hadrones, también llamado LHC por sus siglas en inglés, está ubicado en Europa y es operado por el CERN. El acelerador se encuentra instalado en un túnel circular de 27 kilómetros de longitud que se extiende bajo la frontera entre Suiza y Francia, a una profundidad promedio de 100 metros. El LHC comenzó a colisionar partículas en 2009 y desde entonces se transformó en una herramienta fundamental para estudiar las leyes básicas de la naturaleza. En su interior, grupos de protones viajan casi a la velocidad de la luz y chocan entre sí en cuatro puntos específicos del anillo, donde se ubican enormes detectores diseñados para registrar los resultados de esas colisiones.
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