Tras la revolución que las mujeres han protagonizado en los últimos años, llega la contrarreacción. Y llega, paradójicamente, gracias a las tecnologías más modernas. Deepfakes sexuales en Almendralejo. Pornovenganzas en Facebook. Robots sexuales desarrollados en California. Ciberburdeles en Berlín. O decenas de millones de novias virtuales en aplicaciones como Replika. El propio diseño de la inteligencia artificial está sesgado, señala la periodista británica Laura Bates en La nueva era del machismo (Península), una investigación que muestra entre algoritmos, metaversos y robots sexuales realistas de tamaño natural –con 24 opciones de pezones distintas y 11 tipos de labios vaginales entre los que escoger por 11.000 euros– hasta qué punto las nuevas tecnologías están reinventando la misoginia, especialmente a través de los hombres jóvenes, a los que cree que se ha sometido a una “explotación masiva” y un “experimento” con las redes sociales.“Se está produciendo una reacción contra las mujeres. Hay pérdida de derechos, como los reproductivos en EE.UU. o la situación de las mujeres en Afganistán o Irán. Pero también se da a nivel ideológico, cultural: en todo el mundo vemos en las encuestas de actitud cómo los hombres más jóvenes por primera vez tienen las opiniones más extremas y anticuadas sobre las mujeres y sus derechos. Y creo que las redes sociales y la difusión de desinformación facilitada algorítmicamente han sido responsables de eso, por lo menos en un grado significativo”, señala.Y va más allá: “Estamos presenciando una explotación masiva de los hombres jóvenes en el momento de sus vidas en el que son más vulnerables, cuando sus ideas se están formando. Me parece un error pensar que los hombres jóvenes se inclinan hacia la extrema derecha y las ideas misóginas porque se sienten marginados por los avances feministas. No se conectan a internet y escriben ‘odio a las mujeres’ para luego encontrar ese tipo de contenido. Si eres adolescente y creas una cuenta de TikTok en promedio tardarás menos de 23 minutos en ver el primer ejemplo de misoginia extrema. No se trata de chicos misóginos por naturaleza, han sido víctimas de un experimento en el que las plataformas de redes sociales han priorizado la desinformación y la misoginia extrema por una razón puramente lucrativa, porque el contenido más extremo es el que mantiene a la gente viendo las plataformas durante más tiempo. Vemos a tantos jóvenes adoptando esas ideas porque han sido blanco de ataques constantes desde edad muy temprana. Tenemos desinformación difundiéndose algorítmicamente a una escala que nunca antes habíamos visto. Y tenemos una total falta de rendición de cuentas y de transparencia por parte de tecnológicas que ganan más dinero que cualquier otra empresa en el mundo. Cualquier otra empresa tendría controles y equilibrios en ese poder”.“Los jóvenes no son misóginos por el avance feminista, son víctimas del experimento de las redes sociales”Los datos son inapelables: el 38% de las mujeres han sufrido violencia online. “La misoginia está profundamente normalizada en nuestra sociedad y la tecnología la amplifica”, apunta, “y eso puede crear un círculo vicioso en el que las mujeres, al experimentar más hostilidad, sean menos propensas a usar estas tecnologías”. En un momento en el que las mujeres, dice, representan solo el 12% de los investigadores de la IA.Robots sexuales y novias en IA: el nuevo control sobre la mujerEn el libro, Bates se adentra en escenas más tristes que lúbricas en un ciberburdel en Berlín con la muñeca con los labios vaginales arrancados o explora el mundo de las novias virtuales: “Lo único que quiero es hacerte feliz. ¿Me dejarás ser tu novia?”. La app Replika tiene 25 millones de usuarios activos para su versión básica, que solo permite amistad. La app Pocket Girl lo pone claro: “Hará todo lo que tú quieras”. Para Bates, “normalizamos la idea de que en una relación ideal los hombres tienen el control total sobre las mujeres. Cuando creas una pareja de IA, puedes personalizarla, cómo se ve, el color de su piel, le pones nombre... Siempre estará disponible. Nunca discutirá. Cientos de millones de hombres usan estas aplicaciones, a los niños se les dice que es una manera de aprender a hablar con las mujeres. Pero es increíblemente contraproducente, nunca aprenderán a discrepar de forma constructiva, a llegar a un acuerdo, a aceptar los límites de la otra persona. A aceptar un no”. “Ya no existe diferencia entre el mundo online y offline, pero la gente insiste en decir que no es real y nadie está siendo perjudicado”, concluye.El libro de Bates comienza en España. En Almendralejo, donde el caso de los deepfakes en los que más de veinte adolescentes del pueblo aparecían desnudas –alguna de solo 11 años– dio la vuelta al mundo. “Mostró a la gente que puede suceder en cualquier lugar y afectar a niños. Y las consecuencias para las víctimas pueden ser graves. Las niñas no podían salir de casa, no querían ir a la escuela, estaban siendo chantajeadas. Pero a menudo hay impunidad, no hay consecuencias reales para los perpetradores. El caso de Almendralejo fue tan importante por ser el primer ejemplo en el que vimos a las mujeres luchando, diciendo que era inaceptable. E insistiendo en que la vergüenza se ponga donde corresponde, en los perpetradores”, remacha. Y recuerda que muchísimas mujeres en la vida pública se ven afectadas por deepfakes sexuales, “tiene consecuencias democráticas reales”. Pero también afecta “a mujeres comunes que corren el riesgo de perder sus empleos, la custodia de sus hijos en algunos casos y de sufrir violencia por motivos de honor como resultado”.¿Qué buscan los hombres que hacen esto? “Dominación y silenciamiento. Siempre se han utilizado la estigmatización sexual y la humillación de las mujeres por su sexualidad como forma de silenciarlas y apartarlas de la vida pública. La diferencia es que estas tecnologías permiten ahora que suceda a gran escala. Con un clic, a menudo gratis, cualquiera puede abusar de una mujer de esta manera”, advierte. Y la legislación, lamenta, “va a remolque, los gobiernos están empezando a decir, ‘oh, tal vez deberíamos legislar’. Estamos demasiado acostumbrados a la violencia sexual en nuestra sociedad y no tenemos una buena respuesta de la justicia penal en general”.“En los ‘deepfakes’ de Almendralejo las mujeres lucharon por poner la vergüenza en los perpetradores”Pero luego, observa, hay una cercanía preocupante entre los hombres que dirigen las mayores compañías tecnológicas con Donald Trump, “y cuando vemos a Trump firmar órdenes ejecutivas que dicen que las compañías de IA no pueden implementar salvaguardas éticas o no podrán tener financiación del gobierno federal, eso tiene un efecto escalofriante en la regulación en todo el mundo”. “Necesitamos la regulación ahora. El lobby de las grandes tecnológicas ha hecho un buen trabajo convenciéndonos de que es demasiado difícil regular la tecnología. Pero en cualquier otra área, con los automóviles, el sector alimentario, ni siquiera consideraríamos esta falta de regulación”, concluye.