El fútbol suele destrabar las fronteras que el mundo clausura: casi uno de cada cuatro jugadores que participan en el Mundial, 289 de un total de 1.248 —el 23,3%—, representan a un país diferente del que nacieron. Pero de espaldas a esa globalización, el fútbol también sabe cerrarse sobre sí mismo, crear islas separadas, inconexas: los partidos entre selecciones de diferentes continentes son cada vez menos frecuentes, en especial desde la creación de la Liga de Naciones, en 2019, cuando los cruces entre equipos europeos contra americanos, africanos y asiáticos —entonces habituales en las fechas FIFA— quedaron reservados en su gran mayoría a las Copas del Mundo.En lo que parece un regreso a sus orígenes, cuando los Mundiales rompían cada cuatro años ese aislamiento, algunos partidos en los estadios de Estados Unidos, México y Canadá parecen jugarse en modo Copa Libertadores o Copa América, dentro y fuera de la cancha, como si los americanos les volvieran a demostrar al mundo sus características habituales pero olvidadas. El combo incluye un juego áspero y al filo del reglamento, planteamientos tácticos muy cerrados para ahogar el talento ajeno y pirotecnia para no dejar dormir a los rivales la noche previa al partido. Forma parte del ADN identitario del fútbol en América Latina en sus torneos de clubes o selecciones.El primer capítulo fue el España - Uruguay (1-0) del viernes pasado. Con dos jugadores lesionados, Nico Williams y Yéremy Pino, desde la selección española señalaron la dureza de los uruguayos y la inacción del árbitro marroquí Ismail Elfath, alejado del fair play que pregona la FIFA. Williams acusó en sus redes a Nicolás de la Cruz por haberlo lesionado en “una jugada que se podía haber evitado”. Sin embargo, más allá de lo evidente, las lesiones y la permisividad arbitral, Uruguay no desplegó ni para sus estándares ni para los del fútbol sudamericano más intensidad ni roces de los que suele mostrar. Jugó como si fuese un partido de Copa América o Eliminatorias sudamericanas, torneos en los que los equipos tienen una doble misión: hacérsela difícil a sus rivales y también a los árbitros.Desde el lado de la Celeste, además, podría esgrimirse que, según la empresa de estadísticas Opta-Stats Perform, Uruguay fue de los equipos que menos faltas cometió en la primera fase: ocupó el puesto 34 sobre los 48 participantes. ¿Fue también la Celeste un tipo de rival al que España se había desacostumbrado a enfrentar? Desde la reanudación del fútbol tras la pandemia, entre septiembre de 2020 y el viernes pasado, España llevaba jugados 81 partidos, pero apenas tres de ellos habían sido contra países sudamericanos: Brasil y Colombia en marzo de 2024 y Perú en junio pasado, una semana antes del inicio del Mundial. La sobresaturación del calendario, con las fechas FIFA ya ocupadas, hace del mundo futbolístico un lugar más pequeño.Tres días después, este lunes, Paraguay planteó un choque de culturas futbolísticas: sin ruborizarse, se despreocupó de la pelota y le planteó a Alemania una telaraña táctica habitual en las competencias sudamericanas. Hasta los 42 minutos, cuando Julio César Enciso marcó el 1-0, solo un jugador alemán, Joshua Kimmich, tenía más pases completados (52) que todo el equipo de Paraguay (50), según publicó @OptaJavier. La misma empresa registró un 75,4% de posesión de balón para los alemanes, el tercer registro más alto en un partido de segunda ronda de los Mundiales desde que se computan estadísticas, en 1966. “Los que estaban enfrente están formados por las mejores academias de Europa. Nosotros representamos las franjas de nuestra camiseta, que son de la tierra colorada de la que venimos”, dijo el entrenador de Paraguay, el argentino Gustavo Alfaro, en referencia a la tierra roja que es característica en el suelo paraguayo y del noroeste de Argentina, con alta concentración de óxido de hierro.También el lunes por la noche, el día previo a su cruce contra México, Ecuador sufrió fuera del campo de juego una estrategia habitual en diferentes países latinoamericanos: decenas de hinchas se agolparon frente al hotel en el que los sudamericanos se alojaron en la Ciudad de México con música y silbatos a todo volumen para evitar que los futbolistas pudieran dormir. El hecho, que no suele darse en los Mundiales –y tampoco había ocurrido en los primeros partidos de la actual Copa del Mundo en México–, fue denunciado por la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF): “Este proceder dista mucho de los principios de juego limpio, equidad y unidad que un Mundial de fútbol debería representar”.Delegados de la FEF también mostraron sus dudas por la demora en los permisos aeroportuarios que sufrió el plantel en su viaje de Estados Unidos a México, el mismo lunes. “Hemos demorado más de tres horas de lo establecido; teníamos que llegar a las seis de la tarde y no ha sido así. Terminó siendo (un viaje) de nueve horas”, se quejó el entrenador argentino Sebastián Beccacece, que ha presentado su dimisión y que también dijo que en los tres partidos previos, en Estados Unidos, no habían ocurrido este tipo de incidentes, en un Mundial en modo Copa Libertadores.