El chalé de Brasilia donde el expresidente brasileño Jair Bolsonaro cumple condena por golpista se ha convertido en el epicentro de la campaña para las elecciones que Brasil celebrará en octubre. Y no por lo que piense o diga el líder de la ultraderecha, que tiene prohibido comunicarse con el exterior, sino por los movimientos de su cuidadora, su esposa, Michelle Bolsonaro. La semana pasada publicó un video explosivo en el que decía haber sido “apuñalada” y “humillada” por Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente y principal candidato de la derecha para batir al presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Ahora agrava la crisis al dejar el cargo de presidenta del PL Mulher, el ala dedicada a las mujeres del Partido Liberal donde milita todo el clan Bolsonaro.En los últimos años, la exprimera dama recorrió todo Brasil haciendo un trabajo de hormiguita para impulsar decenas de candidaturas de mujeres conservadoras. Ahora pone punto y final a ese proyecto para “dedicarse íntegramente” a los cuidados que requieren su marido y su hija, según informó este lunes por la noche en un comunicado.A nadie se le escapa que el movimiento tiene que ver con el profundo malestar que hay con Flávio y su entorno. La decisión se tomó tras una tensa reunión con el presidente del partido, Valdemar Costa Neto, que llegó como un bombero para apagar un incendio y al menos consiguió que la anterior primera dama no renunciara (de momento) a la idea de conquistar un escaño en el Senado ni entregara el carné. Para el partido, perderla definitivamente sería una catástrofe.Michelle Bolsonaro, de 44 años, con cierto carisma, olfato político y modos de líder religiosa, conecta con el electorado evangélico y con las mujeres, y ha sabido crear una marca propia en la encarnizada lucha abierta para heredar el capital político de su marido. Su implicación en la campaña era clave para que Flávio ganara apoyo en esos dos grupos, entre los que peor le evalúan.Este miércoles, un día después de que Michelle dejara el cargo en el partido, Flávio encabezaba en una reunión de campaña con mujeres del partido, representantes de 20 estados, para escuchar propuestas y construir un plan de acción para afrontar los problemas de las brasileñas. El PL asegura que el acto estaba previsto desde hace dos semanas. Entre las presentes no estaba Damares Alves, que además de senadora y exministra es gran amiga de Michelle y había ayudado a organizar la reunión.En su discurso inicial, Flávio, que esta semana visitó Argentina, agradeció el trabajo de la exprimera dama en el PL y dijo estar seguro de que los dos superarán las tensiones. No obstante, dejó entrever que el resquemor continúa. Afirmó que ella “está siendo inducida” y que “no se entiende muy bien” lo que está haciendo.Y es que, en la víspera, Michelle, que parece haberle tomado el gusto a los videos bomba, echó mano de otro en que un exgobernador de Río de Janeiro asegura haber visto imágenes de una fiesta con prostitutas organizada por el banquero Daniel Vorcaro, supuesto cerebro de un megafraude con derivadas políticas. En esa espinosa celebración supuestamente participaron diputados, senadores, gobernadores “y hombres que defienden la familia”. Michelle lo reposteó con una frase lapidaria: “La verdad de Jesucristo prevalecerá”.Nadie nombraba a Flávio en ese video, pero él mismo se dio por aludido. “Cuando insinúa que yo haya podido estar en una fiesta de Vorcaro, está completamente desinformada”, afirmó en el encuentro femenino. El hijo mayor de Bolsonaro ya no sabe qué hacer para alejarse de ese apellido, el del banquero protagonista del mayor fraude en la historia reciente de Brasil. Volvió a prometer que sólo se relacionó con él para pedirle dinero para financiar Dark horse, la película sobre su padre, algo que en un primer momento había negado.Cuando aquello salió a la luz, la intención de voto se resintió. Si tropieza con una segunda mentira el golpe podría ser letal. Hasta no hace mucho, Lula y Flávio Bolsonaro aparecían empatados en las encuestas. En un sondeo divulgado este miércoles por Atlas/Bloomberg, Lula aparece con el 48,8% de apoyos, frente al 42,3% del ultraderechista.A Bolsonaro hijo no le hacen falta rivales políticos que pongan palos en la rueda de su campaña, ya tiene a su familia y amigos. Si con una mano intenta apagar la crisis de la esposa de su padre, con la otra se esfuerza en tapar las escandalosas palabras de un viejo aliado, Paulo Figueiredo.En medio de la polémica generada por la exprimera dama, este bloguero, amigo de la familia e interlocutor clave del bolsonarismo ante la Administración Trump, publicó un video diciendo que las mujeres “votan estadísticamente mal, sobre todo las solteras, porque las casadas suelen votar lo que vota el marido”. Frente a las mujeres del partido, Flávio se desmarcó de estas declaraciones y aseguró que Figueiredo no forma parte del equipo de campaña.