La rival de España que sonríe y trabaja de la mano del alemán Rangnick, un técnico de prestigio silencioso, avanzó de ronda en un Mundial por primera vez en 44 años

Hasta el domingo pasado, la narración más popular del deporte austriaco pertenecía a Edi Finger con su relato radiofónico del gol de Hans Krankl a la Alemania Federal en el Mundial de Argentina 1978: “¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! ¡Me estoy volviendo loco!”. La selección austriaca derrotaba a sus vecinos, vigentes campeones del mundo, y lo hacía por primera vez desde el Anschluss, cuando el Tercer Reich había engullido al wunderteam de Matthias Sindelar. Pocos lo saben, pero en Viena hay una plaza dedicada al Milagro de Córdoba, Cordobaplatz, aledaña a una calle dedicada al reportero, Edi-Finger-Straße.

En la madrugada del domingo ante Argelia, cuando Sasa Kalajdzic marcó de cabeza en la última jugada del partido, el comentarista de la televisión pública austriaca Daniel Warmuth gritó desencajado ante un millón de espectadores: “¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! ¿Estás loco, Kalajdzic?”. El descalabro hubiera sido wagneriano. Solo tres minutos antes, con el encuentro resuelto y las dos selecciones clasificadas, Argelia había anotado el tanto que eliminaba al equipo de Rangnick en el descuento y consumaba casi sin querer la venganza de la Desgracia de Gijón de España 1982. Ya se han editado remixes con las palabras de Warmuth para sonar este verano en las pistas de baile.