En el Mundial, mientras avanzan las eliminatorias y se aligera el cuadro, los favoritos se observan de lejos, como de reojo. Tratan de medir a los otros gallos a través de lo que hacen contra rivales a los que ellos casi nunca se enfrentarán. Aunque hay excepciones. La apabullante demostración de España contra Austria en los dieciseisavos permite algo inusual: compararla con lo que hizo Argentina cuando se cruzó con ellos el 22 de junio en Dallas. Sobre todo a través del análisis de Ralf Rangnick, el seleccionador que sufrió a ambos, uno de los más sólidos ideólogos del fútbol: “No me sorprendería si hoy [por el jueves] no solo nos hubiéramos medido a los actuales campeones de Europa, sino también a los futuros campeones del mundo”.El técnico alemán, creador de la gegenpressing, o contrapresión, la maniobra perfeccionada luego por otros como Jürgen Klopp, vio cómo su equipo se estrellaba con una España que, después de semanas de titubeos, había recuperado su versión más brillante, y que el lunes 6 se enfrentará a Portugal (21.00; La1 y Dazn). “Hemos hecho un gran partido. Hemos rozado la perfección”, resumió Luis de la Fuente, que llevaba días lamentando la fluidez perdida. La pelota no volaba como antes. El pie de sus futbolistas había perdido el punto de precisión que permite esa velocidad de balón que ayuda a someter y amenazar a los rivales. La víspera de jugar contra Austria, el técnico español anunció que ya habían conseguido afinar eso en los entrenamientos. Y Rangnick lo sufrió: “Esperar forzarlos a cometer errores o que cometan errores no forzados, por decirlo en el lenguaje del tenis, no tiene sentido. No los cometen. No recuerdo ni un solo error forzado que hayan cometido hoy”, dijo. “Con el balón son una maquinaria impecable”.Volvieron a encajar con limpieza y sin chirridos los engranajes de la criatura de De la Fuente. El faro de Rodri volvió a iluminar desde el centro de la escena como en los mejores tiempos. Y todo a su alrededor volvió a fluir. En el corazón de esa armonía coral, el mediocentro del Manchester City deslumbró a Rangnick, un veterano de 68 años que ha visto ya casi todo: “Si alguien me preguntara quién ha sido hoy el hombre del partido, solo hay un jugador y se llama Rodri. Ver a Rodri hoy por primera vez en vivo fue extraordinario. Nunca había presenciado una actuación así de un jugador en esa posición”.El efecto del conjunto en la selección austriaca resultó demoledor. El nivel de la selección española la convierte para Rangnick en una creación indescifrable. “Si me preguntaran qué podrían haber hecho mejor, no se me ocurriría mucho”. Contra España no le funcionó la energía característica de sus equipos para arrebatarle la pelota. “Los atacamos y desafiamos con insistencia. Creo que lo hicimos con valentía. Pero no podíamos interrumpir su juego”. España monopolizó el partido con un 59,2% de posesión y dejó a los austriacos solo un 33,3%, según los datos recogidos por la FIFA.La experiencia de Rangnick contra Argentina fue muy distinta. La selección de Scaloni registró un 48,2% de posesión y los austriacos, un 43,3%.Cuando España juega al nivel del jueves en Los Ángeles, que recordó mucho al que alcanzó en la Eurocopa de Alemania hace dos veranos, somete a los rivales con una autoridad indiscutible. Contra Argentina también perdió (0-2), pero no se sintió tan lejos. Detectó una amenaza más localizada. “Tuvimos pocos problemas cuando Argentina tenía una posesión normal, incluso si era durante dos minutos y medio. Apenas crearon ocasiones así. Pero son extremadamente peligrosos al contrataque”, dijo después de caer contra ellos. “Tuvimos mucha más posesión de lo que la mayoría de la gente esperaba”.El control de España provoca en los rivales una sensación de ahogo que dificulta los avances. Hundió a Austria más que Argentina. Contra la selección de De la Fuente, Rangnick vio el bloque bajo de su equipo colocarse de media a 17 metros de su portería, tres más atrás que contra Argentina.El dominio de la Roja sometió a Austria a un desgaste brutal. Presionaron 410 veces por las 299 que lo hicieron contra Argentina. Pese a ese extraordinario despliegue físico, dispusieron de mucha menos posesión.Y cuando tenían la pelota, España también era más asfixiante. “En la contrapresión (el gegenpressing, su creación) estuvo a un nivel muy alto. No fue sencillo mantener la posesión y crear algo a partir de las recuperaciones de balón”. La selección forzó 51 pérdidas de Austria y tardaba de media 12 segundos en recuperar la pelota, mientras que Argentina provocó solo 41 pérdidas y tardaba 20 segundos en recuperar, casi el doble.Con su juego de control y ahogo, España seca a los rivales. Permitió a Austria ocasiones por valor solo de 0,25 goles esperados (xG), mientra que contra Argentina dispusieron de 0,63 xG, casi tanto como lo que la Roja ha concedido en la suma de los cuatro partidos, 0,71 xG. España tiene la maquinaria precisa rematada por el genio de Lamine, la clarividencia de Oyarzabal y la profundidad de los laterales. Y Argentina tiene a Messi, como también comprobó Rangnick: “Controlamos a Leo durante gran parte del tiempo, pero aun así acabó marcando dos goles. Por eso es Lionel Messi: no necesita mucho para acabar decidiendo un partido”.
La versión total de España contra Austria impone respeto
La exhibición deslumbra a Ralf Rangnick, que señala a la Roja como clara favorita tras sentir más dificultades al enfrentarse a su juego coral que al jugar ante Argentina











