Las críticas de Feijóo, el PP y Vox a la llamada ley de nietos –aprobada en 2022 y que daba la nacionalidad a los nietos de emigrados españoles– son una mera excusa más para azuzar un fuego que prendieron con el inicio de la segunda legislatura de Pedro Sánchez. Desde 2023, ambos partidos de derechas están jugando con el fuego social, planteando que España camina hacia el precipicio de una dictadura, que no hay separación de poderes, que el Gobierno es un peligro para la democracia. No se trata de hacer oposición o argumentar, sino utilizar todo lo que está al alcance para tejer los mimbres de la indignación social, haciendo creer que el país camina hacia Venezuela, incluyendo dudas sobre un sistema electoral justo y fiable.

La idea fuerza se está queriendo instalar desde el inicio con calzador y con distintas excusas. La primera fue que no debía gobernar Sánchez, sino quien tenía más votos. Feijóo planteó claramente que era injusto o una anomalía que el PSOE pactara la investidura, cuando era él –incapaz de pactar con la España periférica o nacionalista– quien había concitado más votos. Desde la democracia es el sistema utilizado: gobierna quien logra votos suficientes para ir solo o pactos que los sumen.