Andalucía, la comunidad más poblada de España, se aproxima lenta pero inexorablemente a un pacto de gobierno entre PP y Vox clave para el futuro del país y de las próximas elecciones generales. Lo que están ultimando las dos fuerzas conservadoras en estas horas, previas a la segunda votación de investidura de Juanma Moreno, tendrá mucho más repercusión política que los pactos que ya han firmado en Extremadura, Aragón y Castilla y León.
Lo tendrá, necesariamente, por volumen: porque Andalucía contiene más habitantes que las otras tres comunidades juntas -8,5 millones de personas, casi el 20% del país-; porque maneja más presupuesto que las otras tres regiones juntas -51.600 millones de euros-; y porque aporta al Congreso 61 diputados de los 350 escaños.
La pica de Santiago Abascal en este territorio significa que “ya no hay marcha atrás”: la ultraderecha se ha hecho imprescindible para la gobernabilidad en el bastión de Juanma Moreno, referente del PP más moderado, al que ahora le empujan su centro de gravedad política hacia posiciones más ultra, más incómodas. “Juanma es una pieza de caza mayor” para Abascal, mascullan en el Palacio de San Telmo.
Si el acuerdo aún no está cerrado en Andalucía, es precisamente porque Moreno y los suyos pelean in extremis para conservar un perfil propio dentro del PP, para mantener esa singularidad que le hace destacar en su propio partido, como baluarte de la moderación, la concordia, el diálogo, y firme enemigo de la polarización, la bronca, el ruido y la crispación.













