Arrinconadas en las penumbras de la memoria emergen a través de los documentos desclasificados de la embajada norteamericana, la CIA y el Departamento de Estado durante la presidencia de Illia, las relaciones prohibidas de los dirigentes políticos argentinos: aquellos vínculos que preferían no hacer públicos, así como los retratos que de cada uno de ellos hacía el espionaje norteamericano.

Durante la presidencia de Illia, EE.UU. contó con dos embajadores, Mc. Clintock y Edwin Martin. La herramienta de enlace entre la instancia diplomática y la dirigencia argentina era un organismo interno de la embajada: la Political Section. Sus integrantes –como Jhon Brogan o Ellwood M. Rabenold- cumplían con frecuencia una doble función: eran “operativos” –agentes activos en la búsqueda y obtención de datos- y “analistas”, es decir, autores de un primer procesamiento de los datos. Tras la supervisión del embajador, toda la información era enviada al Departamento de Estado y en casos de información muy sensible, también y de modo simultáneo, a la CIA. Los análisis políticos se combinaban con la elaboración de fichas o perfiles de los principales dirigentes políticos, sindicales, militares y periodistas argentinos. En función de este interés, su modalidad de trabajo combinaba almuerzos y cenas, reuniones sociales y entrevistas con informantes claves.