EntrevistaEl columnista agudo, irónico y mordaz, presenta un libro acerca de esos amores que no terminan de ocurrir, pero que tampoco desaparecen del todo.El escritor colombiano Adolfo Zableh Durán presenta su primera novela, 'Nunca nosotros'. Foto: Cortesía del autor01.07.2026 12:11 Actualizado: 01.07.2026 12:11 PERIODISTA CULTURAL01.07.2026 12:11 Actualizado: 01.07.2026 12:11

Durante años, la voz pública de Adolfo Zableh Durán ha sido otra: la del columnista agudo, irónico, a veces mordaz, que observa la cultura y la vida cotidiana con distancia crítica y un humor seco que rara vez concede espacio al sentimentalismo.Por eso resulta curioso verlo ahora en un registro distinto.En 'Nunca nosotros', su primera novela, Zableh entra en un territorio mucho más íntimo y que es el de esos amores que no terminan de ocurrir, pero tampoco desaparecen del todo. La historia sigue a Nicolás y Natalia, dos jóvenes que se conocen en una fiesta universitaria y cuya conexión —marcada por coincidencias, silencios y decisiones tardías— se convierte con los años en un recuerdo persistente, una pregunta abierta sobre lo que pudo haber sido.La novela explora ese territorio que muchos reconocen: el de las relaciones que nunca llegaron a consolidarse, pero que permanecen en la memoria como una posibilidad suspendida.En conversación con EL TIEMPO, Zableh habla sobre memoria, nostalgia, música y sobre esa curiosa paradoja que atraviesa su libro: la de un autor conocido por su ironía escribiendo una historia sobre el amor y el paso del tiempo.Sus lectores están acostumbrados al Zableh columnista: irónico, crítico, poco sentimental. ¿De dónde sale entonces esta novela sobre un amor que persiste durante décadas?Me gusta leer y escribir de diversos temas y con diferentes estilos. En las columnas puedo ser así, ácido, irónico, incluso político y coyuntural, pero hay también en mí un lado más tranquilo, conciliado, suave si se quiere. Hace años con "Paraísos en el mar" quedó en evidencia ese estilo con un libro lindo y nostálgico, sin polémicas. 'Nunca nosotros' es la reafirmación de esa forma de escribir y que se seguirá viendo en los libros por venir.'Nunca nosotros' gira alrededor de una idea sencilla y reconocible y son esas historias que no llegan a ocurrir del todo, pero que tampoco desaparecen. Amores que quedan suspendidos en el tiempo, convertidos más en memoria que en experiencia.¿Le sorprendió a usted mismo escribiendo una historia de amor?Para nada, durante años fui también columnista en la revista Fucsia y allí escribía de amor, de relaciones, muchos recuerdos y reflexiones de mis parejas pasadas, así que nunca nosotros es una especie de larga columna de amor. De hecho, tengo siete historias por hacer, siete novelas, y al momento de decirle a la editorial que les iba a mandar una de ellas, la primera que se me ocurrió desarrollar, la que más deseo tenía de enviar, era 'Nunca nosotros'.Mientras escribía la novela, ¿sentías que estabas escribiendo ficción o revisando recuerdos?Ambas, por supuesto. Creería que toda literatura, incluso muchos libros considerados de no ficción, tienen mezclados realidad y fantasía, deseos y recuerdos. Esta novela no es la excepción.Hay lectores que inevitablemente van a preguntarse: ¿qué tanto de autobiográfico hay en 'Nunca nosotros'?Algo, la base de la historia me pasó, dos personas que se conocen en la adolescencia y se pasan veinte años buscándose porque no pueden estar juntos. También está el recuento de las parejas de los protagonistas, Nicolás y Natalia, muchas de esas mujeres pasaron por mi vida y dejaron recuerdos. En cuanto a las parejas de Natalia tomé a exparejas de amigas mías, incluso a exparejas de mis propias exparejas y fui armando personalidades, relaciones y escenas de acuerdo a eso que me había pasado a mí o que me habían ido contando a través de los años.El escritor colombiano Adolfo Zableh Durán presenta su primera novela, 'Nunca nosotros'. Foto:Cortesía del autor¿Existe en su vida real un “nunca nosotros”?En efecto, a mis 21 años conocí a alguien que me gustó mucho. No puedo decir que estuve enamorado y que pasó algo entre nosotros durante dos décadas, pero sí es cierto que era una persona que tuve más o menos presente mientras me convertía en adulto. Se casó, se fue del país, volvió muchos años después y pudimos reencontrarnos. Hoy somos amigos después de haber tenido una breve relación. Sin embargo, la novela no es la copia exacta de lo que me pasó a mí, solo sirvió de inspiración para armar la historia principal.La novela gira alrededor de algo muy reconocible: ese amor que no llegó a ser pero que tampoco desaparece del todo. ¿Cree que las historias que no se concretan tienen más fuerza en la memoria?Tienen la duda, el “¿qué hubiera pasado sí...?”. Es decir, son fantasía, son frustración también, y esos escenarios nunca concretados suenan a veces en nuestras cabezas mejor que todo aquello que sí pasó. La clave, creo, es no arrepentirse de nada, asumir decisiones y hacer las paces con aquello que nos hubiese gustado que pasara, pero que nunca ocurrió.¿Le interesaba explorar ese mito del amor pendiente o más bien cuestionarlo?Explorarlo, nuestra vida está llena de ese “¿Y qué tal si…?”, y no solo en el amor. En ocasiones fantaseamos, calculamos, especulamos con esas decisiones que no tomamos, las palabras que nos callamos. Y no es que uno viva en un mundo paralelo de fantasía donde nunca cometemos errores, pero a veces el ejercicio es placentero, incluso reparador.En la novela el tiempo transforma a los personajes, pero también transforma la forma en que recuerdan lo que ocurrió. ¿El amor cambia o cambia la forma en que lo narramos después?Cambia todo. Recordar un 23 de junio algo que pasó el 21 no es lo mismo que recordarlo seis meses o diez años después. Nuestra mente es cada vez más olvidadiza, más selectiva y entre más tiempo pasa nos quedamos en la mente con retazos, islas, y no con la película completa. También cambia la forma en que amamos, lo que buscamos en una persona, lo que nos engancha de alguien, las metas conjuntas que se tienen en la vida. No es lo mismo amar a los 20 que a los 40.La novela está llena de música, fiestas y recuerdos de juventud. ¿Quería contar solo esta historia o también capturar el espíritu de una generación?Me interesaba más bien contar la historia completa al detalle, lo que pasaba en la vida de los protagonistas a medida que iban creciendo y andando por la vida. Para ponerlos de adultos en África o en Filipinas debía relatar también la vida sencilla de la adolescencia, cuando las preocupaciones son menos. No podía hablar de Nicolás y de Natalia como adultos si no los retrataba de jóvenes.El escritor colombiano Adolfo Zableh Durán presenta su primera novela, 'Nunca nosotros'. Foto:Cortesía del autorNicolás comete errores sentimentales bastante humanos. ¿Le interesaba explorar cierta torpeza emocional masculina o simplemente contar cómo se aprende (a veces tarde) a amar?Sus errores son los míos, casi no hay anécdota en el libro suya que no me haya ocurrido a mí en algún momento. Claro que hay también escenas fantasías, imágenes que me inventé o que le pasaron a alguien más, pero mucho de su personaje está basado en mí. Entonces en el caso de Nunca Nosotros se puede decir que, en efecto, escribir también es una terapia.Hay algo interesante en la novela: la historia no se construye tanto a partir de lo que ocurre, sino de lo que no ocurre. ¿Le interesaba escribir precisamente sobre esa zona de la vida donde las decisiones se toman tarde o nunca se toman?Yo quería que pasaran cosas, y pasan. El libro nos lleva por Barcelona y Kenia, Filipinas, Etiopía, Mozambique y Sicilia; los personajes tenían que estar en constante movimiento, constante evolución, pero la suya tenía que ser una historia de amor no concretada hasta que llegara el momento de encontrarse. Y ni así, el lector podía tener la certeza de si iban a terminar juntos, o no.A veces los amores más persistentes no son los que vivimos sino los que imaginamos. ¿La memoria amorosa es, en el fondo, una forma de ficción?En la fantasía uno puede meter un gol en la final del Mundial o ganarse tres veces la lotería. Es placentero en ocasiones, pero sin dejarse llevar mucho, porque quien vive de ilusiones puede terminar perdido en ellas, recreando una y otra vez escenarios imaginarios mientras se desconecta de la realidad. Es lindo imaginar con medida escenarios ficticios, proyectarlos también, decir “Me voy a embarcar en este proyecto”, el que sea, y meterle el hombro. Y si por alguna razón no se llega a concretar, igual el ejercicio de imaginarlo también fue provechoso. Muchas enseñanzas salen también de ahí.Si Nicolás y Natalia hubieran tomado decisiones distintas desde el principio, ¿habría existido novela?Sin duda, solo que otra, y no tengo idea de que novela hubiera podido ser. Lo que me gusta de Nunca Nosotros es que me dejó feliz porque dije lo que quería decir, de la forma en que quería decirlo; la historia no podía ser otra. Hace poco alguien me dijo que mientras leía una parte de la novela alcanzó a pensar que los protagonistas se morían sin poder estar juntos, yo le respondí que esperara hasta el final porque todo podía pasar. Y sí, el que va leyendo puede ir haciendo conjeturas, imaginando los capítulos por venir, pero en mi cabeza, desde que se me ocurrió la historia, sabía lo que tenía que pasar y mi plan nunca fue salirme de ahí.Si Nicolás pudiera volver a esa primera fiesta donde conoce a Natalia, ¿qué consejo le daría?Que no sea tan miedoso, que se lance así pierda porque la vida es ahora. Por otro lado, que linda es la vida también cuando las cosas se cocinan lento; el resultado puede ser muy gratificante.¿Cree que los amores imposibles sobreviven más tiempo que los que sí ocurren?Siempre en la memoria, todo lo que nos ha pasado, romántico o no, se queda en la memoria para siempre, e incluso cuando lo olvidamos surge alguien o algo que nos lo recuerda.Una pregunta final: si alguien termina la novela y piensa en una persona de su pasado, ¿eso significa que el libro hizo bien su trabajo?Si piensa en su pasado, si recuerda, recapacita, se cuestiona y siente nostalgia, anhelo por cosas que pudo haber hecho, o que todavía está a tiempo de hacer. Si una persona lo lee y le dan ganas de enamorarse así no tenga un prospecto a la vista, el libro también habrá cumplido con su misión.Al final, 'Nunca nosotros' gira alrededor de una idea sencilla y reconocible y son esas historias que no llegan a ocurrir del todo, pero que tampoco desaparecen. Amores que quedan suspendidos en el tiempo, convertidos más en memoria que en experiencia.Quizá por eso la novela funciona más como una pregunta que como una respuesta. ¿Qué habría pasado si las decisiones hubieran sido otras, si una llamada hubiera llegado antes, si alguien hubiera tenido el coraje de decir lo que sentía?Son preguntas que la literatura repite desde siempre, pero que cada generación vuelve a hacerse a su manera. Y tal vez ahí reside el atractivo de estas historias: en que todos, en algún momento, hemos imaginado cómo habría sido esa otra vida que nunca ocurrió.Cristina Said- para EL TIEMPO LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.