Unas 80.000 personas han dejado la voz esta noche en el Estadio Azteca. Las gargantas calentaron primero con las exigentes notas de Juan Gabriel, La Chona y El Rey, se animaron con Cielito Lindo y afinaron con el debut de la nueva frase de las tribunas mexicanas: ¿Y si sí? Todo para atrofiarse rápidamente con la cerveza fría y dos largos gritos de gol en honor a Quiñones y Jiménez. La selección mexicana ha superado la prueba de los dieciseisavos al vencer a Ecuador (2-0) con el once en la cancha y el jugador número doce, como le ha bautizado el propio Aguirre, en la tribuna. México ha vuelto a hacer de su localía un gran festejo que no tiene fin. La instrucción era una, y se ha seguido al pie de la letra: vestir con la camiseta verde. La favorita de las tres equipaciones y el jersey más vendido de todo el catálogo de Adidas es el uniforme del doce mexicano desde el 11 de junio. La abrumadora mayoría de ese color en la tribuna solo dejaba de aparecer en las pequeñas zonas en que el amarillo sudamericano resaltó. Tiene mérito esa presencia en las gradas, pues el cruce se confirmó hace apenas tres días, por lo que mucha de la afición ecuatoriana ha viajado sin margen para acompañar a su equipo. Por tercera ocasión el Azteca se llenó, aunque esta vez Tlaloc no perdonó. Cayeron las gotas y los truenos, y la afición precavida se armaba con impermeables de colores cuando cayó la noticia: el juego se posponía una hora por decisión de la FIFA, que quiso ser precavida.Pero el ánimo nunca decayó. La alegría que inundó como un tsunami las calles el 11 de junio se aferra a continuar. Los éxitos infalibles mantuvieron el ánimo durante más de hora y media, un pretexto para seguir cantando, bailando y espantando la ansiedad. Pablo Tellez, apasionado que ha gastado 15.000 pesos en este boleto, confiesa mientras camina al estadio que “nunca había estado tan nervioso en la vida”. Junto a una bola de amigos, enumeraron primero las fortalezas del rival, solo para hacerlas menos inmediatamente: “Son buenos, son buenos los ecuatorianos… pero no tanto como nosotros”, se dicen.El de este martes ha sido probablemente el choque más fuerte de la afición local con la rival en lo que va del torneo. Lo que empezó por un par de tuits poco serios, se hizo realidad la noche del lunes en el hotel donde se alojó el equipo ecuatoriano en Ciudad de México. Decenas de personas llegaron con música, cláxones y pirotecnia para perturbar su descanso. Una iniciativa que nació, en parte, por los nervios de llegar a la fase de eliminación directa, pero también porque han salido a relucir tensiones de extracancha. Las redes se inundaron con recuerdos de encontronazos diplomáticos entre ambos países: la invasión a la embajada mexicana y los aranceles impuestos por el presidente Daniel Noboa. Hasta este encuentro, el mexicano había respetado al rival. Los favoritos del grupo no han hecho más que crecer conforme avanza la competición. Antes de la convocatoria, el país exigía a Armando Hórmiga Gonzalez como si la vida dependiese de ello. Quiñones se robó a goles los corazones, y Luis Romo pasó de villano a héroe en menos de una semana. Aunque Gilberto Mora se mantiene como el gran consentido. Así lo han confirmado nuevamente los gritos cuando apareció su rostro en la pantalla que lo anunciaba en el once titular: Morita, Morita... El chiapaneco, de 17 años, es el rostro de la esperanza y la ilusión de la cantera nacional, en un país que suele descuidar al talento juvenil. El canto de guerra esta noche ha sido el de una frase simple, pero poderosa: ¿Y si sí? La pregunta que representa las ganas de llegar lejos, y que contiene también la justa cautela de quien ha tropezado antes en los sueños. Se gritó después del primer gol, una vez que la tensión empezó a soltar el cuerpo. Apareció natural y sin campañas detrás. También huboespacio para los viejos hábitos. Aunque castigado, el grito homofóbico de ‘puto’ en el saque del guardameta que la FIFA ha reprochado una y otra vez a la federación, se hizo presente una vez más. No ha habido advertencia, pero ha mostrado su incoherencia cuando lanzaron el mismo insulto a Piero Hincapié, el ecuatoriano que se fue expulsado por cubrirse la boca para hacerse de palabras con Santi Giménez. Las gradas reclamaron la expulsión y, a la vez, reincidieron en el grito. Sentenciado el marcador, los jugadores saltaron al césped y se abrazaron para después festejar y cantar con el número doce. México está en octavos y, hasta la próxima y última cita del Azteca, la fiesta en el país continúa.