En 1932 Robert Bruce Lockhart le dijo a uno de sus mejores amigos una frase que bien podr�a aplicarse a todo esp�a respetable, desde su contempor�nea Mata Hari hasta Edward Snowden, el hombre que revel� al mundo la curiosidad obscena del rastreo inform�tico de la NSA americana: �Toda mi vida es una mentira, de hecho, esa es la mejor definici�n que se puede hacer de ella�.Cualquier vida requiere un desbrozamiento de olvidos, exageraciones e inexactitudes por parte de quien la investiga. En el caso de la de Lockhart (1887-1970), el trabajo es elefanti�sico. Hablamos de un esp�a que fue original y exuberante, rey de la manipulaci�n y figura central de los grandes conflictos pol�ticos e ideol�gicos del siglo XX. Su arte del enga�o result� tan moderno que, de vivir hoy, no ser�a extra�o verlo reclutando bots de fake news en foros de internet dedicados a las guerras de Ucrania e Ir�n y coronado como influencer venenoso en X. Eso s�, siempre con maneras impecables, las del gentleman que siempre fue.Lockhart cont� la versi�n de su historia en primera persona, en 1932, en sus Memorias de un agente brit�nico, �xito de ventas con su correspondiente adaptaci�n al cine, pero que, como nos advirti� en la declaraci�n del primer p�rrafo, debe ser le�do con desconfianza.Por ello hay que empezar haciendo un perfil general de sus talentos. A Lockhart se le ha definido con muchos adjetivos. Carism�tico. Truh�n. Bebedor. Autodestructivo. Enamoradizo. Inteligente. Dubitativo. Noct�mbulo. Y habr�a que a�adir uno todav�a m�s fascinante: omnipresente. Se gan� la confianza de Vladimir Lenin, vio el nacimiento del Ej�rcito Rojo, comparti� el pan con Le�n Trotski y conoci� la humedad de las celdas de la Cheka, la primera organizaci�n sovi�tica de inteligencia dedicada a la persecuci�n de �contrarrevolucionarios�. Lockhart conoci� tambi�n el otro reverso del mal: el nazismo. Fue un visionario respecto a Adolf Hitler y la personificaci�n de las pesadillas de Heinrich Himmler, el jerarca de las SS y la Polic�a alemana, durante la Segunda Guerra Mundial.Para poner algo de orden en la red de mentiras de Lockhart, lo mejor es recurrir a James Crossland, autor de Un esp�a en Mosc� (Ed. Cr�tica), una biograf�a dedicada a �l que acaba de publicarse en Espa�a. Se trata de un documentado thriller que empieza con este escoc�s -nuestro protagonista no ten�a ni una gota de sangre inglesa- en la Rusia m�s convulsa, la de la Revoluci�n de 1917, donde hab�a sido enviado con el fin de establecer contacto con los revolucionarios. Su talento para las relaciones p�blicas hizo que, en un tiempo r�cord, se ganara la confianza de los l�deres bolcheviques.�Lo que me fascina de �l es que es un inconformista, puede darle la mano tanto a un comunista como a un anarquista o un conde. Disfruta en cualquier ambiente, sea en un gran sal�n o saliendo a bailar y beber con gitanos hasta la madrugada�, dice James Crossland. �Su comportamiento es poco convencional para alguien de su clase, es mucho m�s interesante que cualquier ni�o pijo de su �poca�.Para saber m�sLockhart no correspond�a al perfil del t�pico jovencito de familia bien, orgulloso del imperio y de su pompa y circunstancia, que trabajaba en el Foreign Office tras haber estudiado en Eton y luego en Oxford o Cambridge. Era un europe�sta convencido, muy abierto y de familia adinerada -el negocio del whisky escoc�s le pag� los estudios-, pero sin ser clasista, como s� eran sus compa�eros. Con s�lo 24 a�os hab�a entrado en el servicio de Exteriores y se hab�a manifestado como el �nico empleado de la embajada en Mosc� interesado en estudiar y dominar la lengua rusa.En el momento en que los bolcheviques conquistan el poder, la reputaci�n de Lockhart en Londres es extraordinaria. �Por la sabidur�a de sus informes, esperaba ver a un distinguido anciano con barba gris�, dijo de �l el primer ministro Lloyd George, impresionado por su trabajo de informaci�n.M�s complicado que relatar su vida es emparentar a Lockhart con alguno de sus coet�neos. Le proponemos a Crossland la figura de T. E. Lawrence, el Lawrence de Arabia que se hizo mainstream gracias a la pel�cula de David Lean. Acepta la comparaci�n. �Ambos son escritores, almas po�ticas, privilegiados, aventureros, muy seguros de s� mismos porque se sienten capaces de solucionar cualquier problema�, dice el acad�mico. �Uno en Oriente Medio y otro en la Rusia bolchevique�.El nuevo r�gimen ruso que ha surgido de la ca�da del zar y del gobierno provisional en unos meses locos ha llegado para quedarse. Londres se da cuenta, gracias a los informes de Lockhart, de que debe congraciarse con los bolcheviques para evitar que abandonen, como han prometido, la guerra contra Alemania y sus aliados.Pero las intrigas de Lockhart no bastan. El 3 de marzo de 1918, Trotski firma el Tratado de Brest-Litovsk que plasma una desordenada retirada rusa de la Primera Guerra Mundial. La Revoluci�n tiene otras preocupaciones, como la guerra civil que la enfrenta con una oposici�n formada por zaristas, liberales, conservadores y desencantados varios. Las nuevas �rdenes provenientes de Gran Breta�a son claras: el pr�ximo objetivo es provocar el colapso de los comunistas.El 30 de agosto de 1918, Mosc� es una ciudad desquiciada. El poder de los s�viets pende de un hilo por la falta de alimentos y unas calles controladas por las bandas de delincuentes. La presencia de un Estado es pr�cticamente nula. Ese d�a, la historia no solo de Rusia, sino del mundo, est� a punto de cambiar. Durante su discurso en una f�brica de armamento, abucheado por los trabajadores, Lenin es tiroteado. El l�der revolucionario cae herido de gravedad. Dos balas han impactado en el cuello y el pulm�n. Quienes le atienden dudan de su supervivencia.Este intento de magnicidio es conocido por los historiadores como la Conspiraci�n de Lockhart y parece un plan atribuido a un triunvirato de diplom�ticos brit�nicos, franceses y estadounidenses con la colaboraci�n de nacionalistas y esp�as rusos.Lenin sobrevive y empieza las cacer�as de los sospechosos. Una filtraci�n hace que Lockhart sea detenido como cabeza de la conspiraci�n y llevado al Kremlin. Parece estar destinado a ser fusilado en una tapia.Le�n Trotski (izda.), Vladimir Lenin (centro) y Lev K�menev (dcha.) en Mosc�, en mayo de 1920.GETTY�Los rusos venden su detenci�n con gran publicidad�, dice el bi�grafo. ��l escribe en sus memorias que no tuvo nada que ver, pero miente descaradamente�. El otro gran impulsor del atentado es Sidney Reilly, la gran figura -tan astuta como turbia- de la historia del M16, que junto a Lockhart servir�a de inspiraci�n a Ian Fleming para su James Bond literario. Reilly, m�s all� del mito y m�s que un buen esp�a, era un psic�pata. Un estafador que promueve un mot�n dentro del Ej�rcito Rojo para derrocar a Lenin�.Sin embargo, sucede algo inexplicable. Lockhart es tratado bien durante su cautiverio. Tanto que se permite hasta que su amante rusa le visite. Meses despu�s es liberado. Londres lo canjea por un diplom�tico ruso. Para su gobierno es alguien muy importante.Es necesario hacer una peque�a acotaci�n: en 1918 el espionaje ten�a mucho de actividad amateur. M�s de observaci�n y sobremesas de aficionados que de operaciones espectaculares. La gran profesionalizaci�n llegar� m�s adelante con la Guerra Fr�a, sin embargo Lockhart demuestra ser un adelantado a su tiempo.Sin embargo, la supervivencia de Lenin y de la Rusia comunista penaliza su carrera. Ya deja de ser el s�per esp�a mimado. Lockhart es enviado a Praga para luchar contra la influencia sovi�tica que se cierne sobre los checos. Se diluye como un funcionario m�s hasta que, nuevamente, llegue su hora. Algo que no suceder� durante mucho tiempo. Lockhart pulula durante el periodo de entreguerras por oficinas consulares sin que nadie le haga mucho caso. Se da cuenta enseguida de que el fascismo est� sustituyendo al comunismo como hechizo de seducci�n en la juventud. Lockhart estudia la invasi�n italiana de Abisinia, la anexi�n de Austria y la Guerra Civil espa�ola y advierte a sus jefes de la amenaza que supone la Alemania nazi. Teme una guerra y una derrota brit�nica. No deja de defender el rearme de su pa�s.�Al ser tan europe�sta vio cosas en Viena y en Praga que sus colegas no percibieron�, dice James Crossland. �Teme al fascismo porque ya conoce muy bien, por su experiencia en Rusia, c�mo funciona un estado autoritario�.Pero Lockhart se cansa. Renuncia a su cargo de funcionario y toma un camino laboral desaconsejado para cualquiera con sentido com�n: se hace reportero de un peri�dico. Todo hasta que un d�a Hitler decide empezar a devorar seres y territorios."Tem�a desde el principio al fascismo, porque en su estancia en Rusia hab�a visto lo que es un estado autoritario"Gran Breta�a parece dirigida hacia el desastre y pone su destino en manos de un hombre que, como Lockhart, hab�a fracasado el Primera Guerra Mundial en su misi�n m�s importante: Winston Churchill. El nuevo primer ministro se acuerda del veterano esp�a y le recomienda al Rey para un cargo que se antoja imprescindible en la lucha contra Alemania: la propaganda.Crossland nos describe as� el nuevo empleo de Lockhart: �En 1942 se convierte en jefe ejecutivo de la guerra psicol�gica y los bulos destinados a minar la moral de los alemanes. Es incre�ble que, sin la tecnolog�a de hoy, fuera capaz de hacer campa�as tan imaginativas. Lleg� a difundir en Alemania una trola sobre c�mo un batall�n entero de la Wehrmacht hab�a sido aniquilado en el frente oriental por la disenter�a. Hablamos de cientos de noticias falsas para angustiar a la poblaci�n civil de la retaguardia�.Seguramente la obra maestra de Lockhart fue la popular V de victoria de Churchill, que se convirti� en un s�mbolo de la moral brit�nica en los momentos m�s duros de los bombardeos alemanes. Su departamento de propaganda se dedic� a hacer creer al enemigo que aquel s�mbolo hac�a referencia en realidad a una fuerza militar oculta en la Europa ocupada, el ej�rcito V, que en cualquier momento pod�a levantarse.�Despert� un miedo genuino�, prosigue Crossland. �Era tan aterrador que Himmler envi� efectivos de las SS para buscar a los l�deres de aquel ej�rcito fantasma. Una muestra m�s de un talento poco estudiado por los historiadores. Lockhart fracas� deteniendo al comunismo en la Primera Guerra Mundial, pero s� que tuvo un gran �xito combatiendo al fascismo�.Como hab�a sucedido antes, despu�s de la guerra fue olvidado y nunca form� parte del Pante�n de los h�roes de Gran Breta�a. Entr� en la �ltima fase de su vida contando en sus conferencias versiones contradictorias sobre lo sucedido en Rusia en 1918. Con sus pocos ahorros y una esclerosis cerebral, se retir� a una residencia de ancianos. Su �ltimo acto p�blico fue una charla en su antigua escuela, Fettes Colleges. En su discurso. Lockhart inst� a las nuevas generaciones de adolescentes a que fueran �aventureros� y a �responder al atractivo de lo desconocido�.Cuando el personal de la residencia descubri� que Lockhart no se despertaba de la cama la ma�ana del 28 de febrero de 1970, ten�a 82 a�os. Trece meses despu�s lleg� a su nombre una carta procedente de Hungr�a. Era del escritor magiar Paul Einzig. En ella, el remitente le recordaba a Lockhart que su nombre hab�a figurado en la lista de los que deb�an ser ejecutados por la Gestapo en caso de invasi�n alemana en 1940. Le invitaba a una cena conmemorativa para celebrar el trig�simo aniversario de esa funesta sentencia y ped�a perd�n porque llevaba a�os dando palos de ciego busc�ndole. Una aventura m�s del esp�a que siempre estuvo all�. Esta vez p�stuma.
La historia secreta del esp�a que casi mata a Lenin y aterroriz� a Hitler: "Cre� un ej�rcito fantasma que era perseguido por las SS"
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