Se miraron fijamente a los ojos; él, rígido como un soldado con su traje de doble botonadura; ella, escultural con su vestido de lentejuelas. La música comenzó, con las cuerdas convirtiéndose en llenas de pasión nostálgica.Ella le rodeó el cuello con un brazo, él le puso una mano en la espalda y entonces, los bailarines turcos, Ozan y Tugce Buyukakincioglu, se movieron al unísono por la pista de un salón de baile de Estambul.A su alrededor, parejas con atuendos similares se abrazaban, se deslizaban y giraban para llamar la atención de los jueces de un concurso internacional de baile, uno de numerosos eventos recientes que animan la floreciente escena del tango en Estambul.La nueva capital del tango globalPuede que Estambul, la ciudad más grande de Turquía, sea más conocida por sus pintorescos canales y su arquitectura histórica, pero los aficionados al baile reconocen cada vez más a esta metrópolis como la floreciente escena del tango.Las escuelas de tango abundan tanto en la parte europea como en la asiática de la ciudad. Casi todas las noches, los bailarines pueden elegir entre una variedad de bailes sociales, o milongas, una oferta más amplia que en casi cualquier otra ciudad fuera de Argentina.Asimismo, los clubes de tango son muy populares en las universidades turcas, donde se inician los jóvenes bailarines. Zapateros y sastres turcos satisfacen la exigencia de zapatos y vestidos especializados.La pasión de los bailarines turcos le recordaba a la de su Argentina natal, dijo Sebastián Jiménez, un excampeón mundial de tango que ha bailado por todo el mundo.“Líderes y seguidores por igual viven el tango como un estilo de vida”, dijo refiriéndose a los bailarines y bailarinas turcos. “Hay un gran respeto por la cultura del tango”, añadió.Cuando le pidieron que clasificara los destinos internacionales de tango, Jiménez situó a Estambul entre los cinco primeros, por detrás de Buenos Aires y a la altura de Roma, Moscú y Seúl.Este mes estuvo en Estambul para el Maratón y Campeonato de Tango La Turca, un festival de tres días organizado junto con el ayuntamiento de Buenos Aires con el objetivo de ampliar el alcance global del tango.Además de los bailes sociales y los talleres, el principal atractivo del evento fue el concurso, en el que 54 bailarines de Turquía, Reino Unido, Italia, Bélgica, Rusia y otros países compitieron por los premios en seis categorías.Dos parejas ganarían el gran premio: un viaje a Buenos Aires para competir en la Copa del Mundo de Tango, que empieza en agosto.Esa posibilidad fue lo que atrajo a los Buyukakincioglu al concurso, dijeron. Durante su luna de miel hace cinco años, quedaron tan encantados con una pareja que bailaba tango junto a una piscina que decidieron empezar a bailar.Ahora, entre salir a bailar, practicar, dar clases y asistir a ellas, dedican al tango unas 30 horas a la semana, además del trabajo de él como encargado de informática y el de ella como profesora de arte.“Queremos superarnos a nosotros mismos”, dijo Tugce Buyukakincioglu, de 31 años, antes de la competición.“Queremos ir a Argentina”, dijo su esposo, de 33 años.Actuaron con mucho brío durante la ronda preliminar, bailando muy juntos con los ojos cerrados en un número más lento y acelerando sus pasos y boleos al ritmo de una canción más rápida.Después, les preocupaba que los nervios les hubieran impedido fluir bien.“Estábamos un poco tensos aunque emocionados”, dijo Ozan Buyukakincioglu.“Pero tenemos esperanza”, añadió su esposa mientras esperaban para saber si habían pasado a las semifinales.