Julio Jaramillo la convirtió en clásico ecuatoriano. Nuestro juramento relata la promesa de un amor tan profundo que pretende sobrevivir a la muerte. La canción volvió a escucharse hace pocos días, cuando miles de ecuatorianos la cantaron tras la victoria de la selección sobre Alemania en el mundial de fútbol.La palabra juramento proviene del latín iuramentum, derivada de iurare. Al final proviene de la palabra ius, que es lo justo o lo legal. En la antigua Roma, jurar era un acto solemne mediante el cual una persona invocaba una autoridad superior como garantía del cumplimiento de su palabra. Con frecuencia esa autoridad era Júpiter, considerado el protector de los pactos y de la buena fe. A partir de un juramento, todos podían esperar que se cumpla con lo prometido. Un juramento no era cualquier cosa; era una obligación cuya fuerza descansaba en el honor de quien la pronunciaba y en respeto al propio Júpiter.La característica esencial del juramento es que obliga cuando deja de ser cómodo estar obligado. Nadie necesita jurar que hará aquello que le beneficia. El verdadero valor del juramento aparece cuando cumplir la palabra exige sacrificio o renuncia. Si solo respetamos nuestros compromisos cuando nos favorecen, solo estamos siguiendo nuestros intereses.No es casualidad que los juramentos ocupen un lugar central en la vida pública. Presidentes, jueces, legisladores y militares juran desempeñar fielmente sus funciones. Los testigos juran decir la verdad antes de declarar. Los deportistas juran defender una camiseta con lealtad. En todos esos casos existe la misma idea de que la palabra empeñada debe resistir las presiones, las ventajas pasajeras y las circunstancias adversas.Quizá esa sea una de las diferencias entre una sociedad basada únicamente en impulsos y emociones y una sociedad estructurada con base en principios. Los incentivos cambian. Lo que hoy conviene mañana puede dejar de convenir. El juramento, en cambio, pretende ser estable. Es una decisión de permanecer fiel a una obligación incluso si el costo de cumplirla aumenta. Sin esa disposición, la confianza desaparece. Y sin confianza resulta difícil sostener contratos, instituciones o proyectos.Pero el juramento no pertenece únicamente a quienes ejercen cargos públicos. También los ciudadanos tenemos uno, aunque pocas veces lo nombremos. El compromiso del respeto a la ley, con el cumplimiento de nuestros contratos y con la defensa de las instituciones que hacen posible la convivencia. La ciudadanía también exige fidelidad, especialmente cuando cumplir con ella resulta incómodo.Escuchamos Nuestro juramento en un estadio al otro lado del mundo. Los países se fortalecen con la celebración de los triunfos compartidos, pero perduran por los juramentos que sus ciudadanos deciden honrar. ¿Podemos sentirnos orgullosos de nuestra selección aun cuando pierda? ¿Podemos cumplir con las leyes y las reglas de la convivencia aun cuando encontremos formas más fáciles de conseguir lo que queremos? ¿Podemos cumplir con los contratos cuando ya no nos conviene hacerlo? Un país se construye cuando sus ciudadanos cumplen sus juramentos. (O)
Óscar del Brutto Andrade: Nuestro juramento | Columnistas | Opinión
Los países se fortalecen con la celebración de los triunfos compartidos...






