Los españoles damos uno de cada tres pasos dentro de un espacio protegido”, revela Javier Puertas, responsable de Comunicación de Europarc-España, el foro profesional integrado en la federación paneuropea de gestión y defensa de áreas naturales. El territorio nacional suma más de 3,3 millones de hectáreas protegidas dentro de sus parques naturales y unas 488.000 hectáreas más bajo la Red de Parques Nacionales. Por no hablar de las reservas de la biosfera, que superan la cincuentena. “Hay tantas idiosincrasias como ubicaciones. Desde los latifundios de Andalucía a los minifundios gallegos, imagínate. Y eso sin hablar de biodiversidad. El espectro de necesidades es amplísimo y va evolucionando a la par que lo hace el propio concepto de medio ambiente, algo que exige tanto una diversificación de los actores o gestores como amplitud en la oferta formativa”, explica Puertas. Para él la conservación del entorno ahora mismo va ligada a la salud pública, igual que pasó antes con el cambio climático. Dinamismo social, patrimonio cultural y custodia del territorio también ganan peso, “y por eso se están acercando antropólogos y etnógrafos. Todos chicos y chicas muy jóvenes, porque poco queda del perfil tradicional de ingeniero forestal, varón y ya maduro”, considera.Aunque se habla de cuestionamiento o cierta relajación en lo que a sostenibilidad se refiere, el interés en formarse en ello es creciente. La oferta de másteres especializados va a más. Europarc creo hace casi tres décadas su Escuela de Áreas Protegidas para capacitar en estas materias cuando aún no había estudios específicos. Y colabora con el postgrado —que por pionero debe reseñarse— que lleva impartiendo más de un cuarto de siglo la Fundación Fernando González Bernáldez, creada por tres universidades: la Complutense (UCM) y la Autónoma (UAM) de Madrid, y la de Alcalá de Henares. Su máster de Espacios Naturales Protegidos acoge a 30 alumnos cada curso, consta de 60 créditos y cuesta 3.750 euros. “Siguen predominando los licenciados en Biología, Ciencias Ambientales e Ingeniería de Montes, pero también llaman a nuestra puerta sociólogos, educadores, estudiantes de turismo y otras carreras de Ciencias Sociales. Es lo suyo, puesto que se trata de un trabajo multidisciplinar que permite ser desde gestor hasta guía, por citar dos opciones”, matiza Santos Casado, biólogo, profesor asociado del Departamento de Ecología en la UAM y trabajador de la Fundación, quien reconoce que “el master se ha convertido en un referente”, y que “en los últimos años ha surgido una oferta muy potente de estos [programas] para dar respuesta a toda la gama de matices, casi infinita, que brinda lo científico-técnico”. Escasez de personalNo obstante, la reclamación histórica de escasez de personal en los espacios protegidos parece continuar. “Siguen faltando gente y dotaciones, pero se han aumentado los recursos. Es raro que un técnico lleve un parque en solitario como antaño, y se suman los agentes ambientales, que no son guardas solamente; hacen igualmente conservación aunque acceden a través de convocatorias de empleo público”, aclara. Además la plantilla engloba a asociaciones, fundaciones, administraciones, proyectos de investigación; todo un ecosistema de implicados que el alumnado suele conocer in situ haciendo prácticas a final del curso y viajando. En concreto, hace un mes que la promoción de este año estuvo en la reserva de la biosfera Mariñas Coruñesas. Anna Velasco formó parte de la de 2022 y solicitó el máster, convencida de que lo suyo era trabajar en algo medioambiental. La pandemia le obligó a probar la primera versión online y “desde luego dio sus frutos. A la aportación académica se une que entré en varias bolsas de trabajo de la Diputación de Barcelona, además de mi experiencia previa como funcionaria en temas de cartografía y estadística, puesto al que renuncié para apostar por esto. Ha compensado. Para mí los parques naturales lo reúnen todo, el equilibrio hombre naturaleza y el uso público; mi padre era técnico de ello y siempre lo he vivido muy de cerca en casa”, confiesa. Que el testimonio sea de una exalumna no es casual, pues en este postgrado de la Fundación Fernando González Bernáldez el 60% son mujeres, algo impensable en el pasado. Este porcentaje ronda el 50% en el curso Biodiversidad y Biología de la Conservación de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla), otro de los más demandados, dotado con 27 plazas, 60 créditos y un coste de 886,72 euros (70 euros para estudiantes de universidades públicas andaluzas), y asociado a CSIC y el parque nacional de Doñana. “Esta codirección es algo poco frecuente, así como nuestro enfoque en investigación; casi todos los trabajos acaban publicándose. Sin embargo, no podemos cubrir ni la cuarta parte de las peticiones”, explica Martina Carrete, su directora. Asimismo, lamenta lo que cuesta conseguir financiación —“Por ejemplo, para las excursiones y viajes, que son vitales”— y aprecia un cambio de perfil del demandante, también ligado a lo económico: “Cada vez viene más gente local, de la provincia, cuando antes era al revés”.Poniendo el foco en el mar, la Universidad de Alicante oferta 25 plazas en su posgrado de Biodiversidad y Restauración del Medio Marino y Terrestre (90 créditos a 35,34 euros cada uno en primera matrícula y 56,51 euros en segunda). Y para interesados en áreas tropicales, las instalaciones del Real Jardín Botánico y del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y el CSIC organizan un máster que incluye estudios en reservas naturales del trópico.Exiguo interés privadoHay muchas universidades con grados y másteres novedosos en protección de espacios naturales. “Eso sí, todas públicas. Parece que a las privadas no les ha interesado de momento”, comenta Santos Casado, de la Fundación Fernando González Bernáldez. Y es que, aclara el experto, en esto de la conservación no todo es buitre negro ni bosques, sino que hay un sinfín de competencias técnicas que son las salidas quizás más conocidas. La otra gran pata profesional, complementaria, es la que atañe al espacio público, “que va adquiriendo relevancia y que abarca desde la gestión del visitante, a lo relacionado con la población local y su implicación, o a la información y seguridad del área protegida. Es decir, todo lo social”, desgrana su compañera María Muñoz, coordinadora del curso.