Cuando Eva Perón falleció el 26 de julio de 1952 en una Argentina profundamente dividida,se originaron reacciones contrapuestas. Una gran mayoría recibió con gran tristeza su muerte, hecho que se vio reflejado en las largas filas que durante aquellos días invernales formaban quienes deseaban verla para darle un último adiós. Por otra parte, sectores fuertemente antiperonistas celebraron ese hecho con festejos clandestinos y con los recordados grafitis de la leyenda “viva el cáncer”. Por el contrario, cuando el general Perón falleció el 1 de julio de 1974, si bien subsistía la división entre peronistas y antiperonistas, hubo manifestaciones de tristeza, pero no abundaron las que celebrasen el hecho, ya que la muerte del viejo líder abría una gran incógnita sobre lo que sucedería de allí en adelante. En esta nota no nos adentramos en detalles anecdóticos referentes a su muerte, sino queabordamos su significado histórico, ubicándola dentro de los vertiginosos hechos que se sucedían en la Argentina de la primera parte de los años 70. La muerte de Perón en la narrativa argentina
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