Cuenta Pierpaolo Piccioli que, cuando trabajaba como director de accesorios junto a Maria Grazia Chiuri en Valentino, tenía en su despacho lleno de bocetos y muestras de zapatos de Manolo Blahnik “porque era y es el gran referente”, dice. Primero se enamoró del trabajo, y después de la persona. “Una colaboración solo funciona cuando existe una conexión real entre las dos partes”, dice vía Zoom. Blahnik, al otro lado de la pantalla, asiente: “He admirado tu trabajo desde el principio. Eres único y valiente”, le dice, “así que para mí es un honor que hayas querido trabajar conmigo”. Desde hace un año, el italiano trabaja en la marca que fundó su gran ídolo, Cristóbal Balenciaga. En este tiempo, ha ido varias veces a Guetaria, la ciudad natal del modisto, a visitar su museo. “Además me recuerda a Nettuno, donde yo nací. Un pequeño pueblo de costa, pesquero, donde el tiempo pasa de otra forma”, explica. La presión de sostener semejante legado, personal y profesionalmente hablando, es inmensa, por eso el diseñador se ha propuesto “recuperar los valores, no lo archivos. No quiero hacer simplemente un ejercicio de estilo porque no se puede volver atrás en el tiempo”, dice. Y por eso en sus colecciones para la casa ha mezclado zapatillas y tacones, vestidos que remiten a los que inventó el creador vasco pero realizados en tejidos mucho más democráticos, del denim al algodón y el cuero, o prendas deportivas junto a piezas más ceremoniales. Y el pasado enero, cuando creó la colección de este próximo otoño, decidió llamar a Manolo Blahnik para crear una colección de zapatos en los que se mezcla su propio archivo con los colores o las joyas del de Balenciaga. “Es el otro gran diseñador español, y creo que ambos tienen una sensibilidad compartida”, explica. Blahnik lleva casi toda su vida fuera de su Canarias natal (aunque posee una casa allí a la que acude con cierta frecuencia) pero se siente muy español. Durante la conversación cita a su gran ídolo, Lorca, a la folclórica Juanita Reina (“cuyo estilo era puro e inclasificable”) y por supuesto al diseñador vasco, al que conoció gracias a su gran musa, su madre: “No va de la prenda, va de la estructura, del movimiento que es como un todo. Los zapatos no fueron un accesorio para él, eran parte de la estructura, y no es algo muy común, sobre todo en aquella época”, explica mientras Pierpaolo asiente. Puede parecer que entre Juanita Reina y Cristóbal Balenciaga haya un abismo, pero el zapatero lo resume con la idea “de dar libertad al cuerpo, de cambiar la relación entre el cuerpo y la ropa es tal vez la más importante”, añade Pierpaolo. “No importa tanto la lista de mujeres a las que vistió como esa idea de libertad y autenticidad”, remata Blahnik.De la camisa blanca a las mallasHace unos años habría sido impensable ver una colección de una marca de lujo en la que se mezclaran mallas deportivas y zapatos de tacón, capuchas y vestidos drapeados, gorras y chaquetas armadas. Al menos, sin ironía ni metáforas conceptuales de por medio. “Esa falta de reglas define mucho el modo de vestir de ahora”, admite Pierpaolo. Él ha sido el primer diseñador contemporáneo en saltarse convenciones indumentarias sin necesidad de recurrir a piruetas argumentales. Ya en su etapa en Valentino créo en distintas ocasiones camisas blancas o pantalones vaqueros (que en realidad estaban tejidos en seda) de Alta Costura, es decir, se obsesionó con unir lo más básico con lo más lujoso y artesanal. “Para mí no tiene que ver con la complejidad, sino con la emoción”, explica el creador, “al final se trata de un ejercicio de honestidad. Nadie recuerda o guarda una prenda por el diseño, sino por los sentimientos que esa prenda le provoca”.Si ahora ha decidido experimentar con el contraste entre deporte y alta moda (en el sentido convencional del término) es precisamente porque busca trasladar una especie de autenticidad o de realismo a su trabajo en Balenciaga. De hecho, ha querido llamar a la colección Body and being, (Cuerpo y ser) en referencia a la funcionalidad del día a día. “Creo que la comodidad es lo hoy que te hace sentir poderoso y seguro”, opina. Poner el cuerpo en el centro, pero no para exhibirlo, ni siquiera para realzarlo, sino para liberarlo de incomodidades y artificios. Ese es precisamente el valor que Pierpaolo quiere rescatar de Balenciaga, más allá de archivos o innovaciones en el patrón: “Cambió la relación entre las mujeres y las prendas. Por primera vez, era la mujer la que llevaba la ropa, y no al revés. Es esa libertad la que me interesa”, opina. Por eso las espaldas curvadas de Balenciaga, sus cuellos caídos o sus formas trapezoidales se trasladan con él, a prendas de uso cotidiano; los tocados se transforman en capuchas y la sastrería adquiere tintes de indumenaria técnica. Por eso, también, mezcla todos estos elementos con vestidos de cola, guantes largos o los zapatos clásicos de Blahnik. Un juego de contrastes en el que, dice, “se pone el cuerpo en el centro” de una forma contemporánea. “Ya no hay problema en llevar una chaqueta o un abrigo encima de una prenda deportiva”.Zapatos sin etiquetasDurante su más de medio siglo de carrera (e incluso antes, cuando era un adolescente) Manolo Blahnik ha diseñado cientos de zapatos. Muchos, de hecho, resisten al paso del tiempo, y siguen tan vigentes como cuando los diseñó en los ochenta o los noventa. Él le quita importancia a este hecho. “Mira, al final, se trata de la persona, no del zapato en sí. Yo aprendo de la gente que lo lleva, como un sociólogo”, dice. No se refiere a las celebridades (casi todas) que han calzado o calzan sus modelos. “Me gusta la gente con personalidad, que no encaja en ninguna etiqueta. Esa es la gente que da valor a lo que hago. Da igual que el zapato sea más alto, más plano, como sea, llega un momento que es de la persona, y lo lleva por diversos motivos, cada uno el suyo”, explica. Por eso, y pese a que la gestión de su marca está en manos de su sobrina Kristina desde hace una década, él sigue dibujando y creando y por eso, a sus 83 años, aceptó con entusiasmo la llamada de Pierpaolo. “Me fascina desde su trabajo en Valentino, tiene una sensibilidad que pocos tienen ahora mismo”, dice, mientras boceta rápidamente uno de los modelos de la colección. “Este vestido, por ejemplo, tiene una forma que podría llevar cualquier mujer y estar increíble. Hay que tener mucho talento para hacer algo así, algo con actitud que a la vez no imponga nada, que anima a las mujeres a ser libres”, opina. “Para mí esta colaboración es algo personal. Me gusta Manolo desde siempre, como persona y como creador”, responde Pierpaolo, que se ha encargado de elegir personalmente los tres modelos que forman parte de este primer encuentro entre ambos atendiendo a su vigencia y, sobre todo, siguiendo el hilo de la colección a la que acompañan, al modo en que descubren el pie. “Hemos intentado fusionar su trabajo con los códigos de esta casa, recreando algunos modelos pero con detalles propios de Balenciaga”, explica. Las aplicaciones de los zapatos, por ejemplo, son una mezcla de los del propio Blahnik con alusiones a la joyería que Cristóbal Balenciaga realizó durante los años sesenta (“es que era un creador total, tenía una visión global de todos los detalles. lo moderno en él es la estructura”, matiza el zapatero) y todos están recubiertos de cuero de un color gris distintivo de la casa francesa, el mismo que utiliza en todo su packaging. Una ética comúnEsta colección de Balenciaga es la primera precolección de Pierpaolo en la casa. Normalmente estas líneas intermedias aterrizan las propuestas principales de primavera-verano y otoño-invierno convirtiéndo la identidad creativa del diseñador en algo más comercial y visualmente accesible. No es su caso. No solo porque esta propuesta, una especie de alta costura de lo técnico, supone toda una declaración de intenciones, también porque el diseñador no se cansa de hablar de procesos y artesanía, dos de las palabras que ha defendido a capa y espada durante estos últimos años. Manolo Blahnik también se considera un artesano y un dibujante, pese a ser también uno de los nombres más reconocidos de la moda contemporánea. Considera que ahora mismo lo importante de la moda es “tener y mostrar valores. Los necesitamos más que nunca. Importa vestir a la gente con valores”. En tiempos amenzados por la Inteligencia Artificial, entre otras muchas variables inciertas, Pierpaolo señala que “en el mundo en el que vivimos es vital el toque humano y la creatividad. También el proceso, por supuesto”, dice. “Me gusta pensar que la belleza puede seguir provocando ciertas emociones buenas. No se trata de que la gente compre o no una colección, no es eso, es la idea de que todavía se puedan crear cosas que hagan soñar a algunos, sacarles por un momento del entorno”. Para él, sin embargo, la realidad siguen mandando en su proximación a la moda, aunque sea una realidad estilizada. “Al final si algo he aprendido estos años es que ser honesto y seguir tus propios instintos siempre será lo más moderno, da igual qué diseñes si sientes que para ti es autético. Es la autenticidad la que te hace conectar con la gente”, dice Pierpaolo. Y añade Blahnik: “Y en un mundo como este lo que importa, a fin de cuentas, es no seguir ciertas imposiciones. A mi me encanta la gente que usa la moda para saltarse las reglas. Saltarse las convenciones, eso sí que es elegante”.