“Fuimos ingenuos al firmar el contrato [con la federación de Estados Unidos]. Lo que encontramos fue peor de lo que esperábamos”, confesó hace unos días Mauricio Pochettino, el seleccionador de la anfitriona. Con el Mundial ya en marcha y después de un buen arranque contra Paraguay y Australia, la situación parecía propicia para aparcar cualquier recuerdo negativo, pero el técnico argentino no ocultó lo que sintió al tomar posesión. “Cuando llegamos aquí, recibimos un gran golpe y nos noquearon por un tiempo. Estábamos muy emocionados, la Copa del Mundo estaba cerca, todo el mundo iba a querer participar y venir a la selección. Y fue todo lo contrario”, lamentó. Estados Unidos entra en la madrugada del miércoles al jueves en la fase de eliminatorias con su enfrentamiento de dieciseisavos ante Bosnia y Herzegovina (2.00, Dazn), después de que el triunfo y buen juego de los dos primeros partidos elevaran las expectativas tras momentos de muchas dudas sobre la viabilidad del proyecto. En todo caso, en la selección estadounidense la sensación habitual es que cualquier tiempo pasado siempre fue peor. Por ejemplo, cuando estuvo 11 años sin ganar un encuentro en la década de los cincuenta y sesenta. O cuando jugaban partidos sin entrenador. O, peor, cuando dos entrenadores creían estar al frente. Todo esto se cuenta en el libro El viaje del fútbol de Estados Unidos a la cima, o algo parecido, del columnista de The Guardian Leander Schaerlaeckens, que investigó durante tres años el pasado de abandono de la selección y se sorprendió de todo lo que encontró debajo de las alfombras después de entrevistar a más de 150 jugadores, entrenadores y directivos. “Me llamó la atención hasta qué punto se había derrumbado el programa estadounidense”, afirma el autor a este periódico. “Que solo jugaban un partido al año a finales de los setenta y principios de los ochenta, y ninguno en algunos años. Que a los jugadores no les importaba y, a menudo, ignoraban las convocatorias. La frecuencia con la que se reunían el día del partido y, a veces, veían que no había uniformes, balones y transporte”, cuenta. La batería de situaciones que describe en el libro sobre el largo desierto es prolija. Y algunas no tan lejanas. En 1983, por ejemplo, la federación inscribió a la selección en la Liga como el Equipo América y varios jugadores se negaron a participar en este experimento, que solo duró un año tras acabar colista. El oscuro pasado empuja, pues, a Leander Schaerlaeckens a considerar “un milagro” que el combinado nacional aspire hoy a las rondas finales de la Copa del Mundo. “Si se tiene en cuenta que hace tan solo 36 años la selección no había participado en un Mundial en medio siglo y se había vuelto completamente irrelevante a nivel internacional, es asombroso el progreso que han logrado, hasta el punto de pensar en llegar a cuartos de final o, de lo contrario, considerar este torneo una decepción”, afirma el colaborador de The Guardian y profesor de Comunicación Deportiva de la Universidad Marist. En su escalada desde el subsuelo, Schaerlaeckens cita varios momentos clave hasta llegar a este punto de esperanza. “Dio un salto al clasificarse para el Mundial de 1990 [tras 40 años ausente]. Hubo otro al ser sede en 1994 y superar la fase de grupos. Y el más reciente ha sido llegar a las fases eliminatorias de 2010, 2014, 2022 y 2026”, detalla. Desde Italia 90, Estados Unidos solo ha dejado de clasificarse para Rusia 2018. Lo que no cree el autor del libro El viaje del fútbol de Estados Unidos a la cima, o algo parecido, es que este Mundial “tenga el mismo impacto en el país que el de 1994”. “Entonces, el fútbol partía prácticamente de cero. Ahora está consolidado y es más difícil dar grandes saltos. También me preocupa que haya sido tan difícil para la gente común conseguir entradas y que no vaya a haber muchos nuevos aficionados en esta edición”, alerta. Mauricio Pochettino llegó a la selección hace menos de dos años después de cinco cambios en el banquillo desde la conclusión de Qatar 2022, y de una Copa América de 2024 disputada en casa en la que solo le ganó a Bolivia. Lo que vio al aterrizar le generó una gran frustración, pero el pasado noviembre, pensando en el éxito de Marruecos en el Mundial anterior, trasladó al equipo un reto que se ha convertido en un eslogan, o en una frase de autoayuda: “¿Por qué nosotros no?”.
Estados Unidos, de jugar sin entrenador (o con dos) a la ingenuidad de Pochettino
Un libro retrata el abandono histórico del equipo anfitrión, que este jueves (2.00) se enfrenta a Bosnia y Herzegovina en dieciseisavos después de que el seleccionador confesara el golpe de realidad que sufrió al llegar













