No parece que la sociedad sea consciente de la amenaza que nos acecha a todos, ni todavía quizás algunos profesionales de la información. Resulta que la cloaca mediática, el periodismo basura, se está reivindicando como modelo con creciente éxito. Para lograrlo ataca sin cuartel al que informa con honestidad. Por eso, hay que seguir hablando de raíces, no solo de frutas podridas; de cimientos, no solo de ventanas rotas por las que se cuela el aire. Hay que insistir en contextos y antecedentes. Mirar qué sucede entre tramo y tramo para constatar, a veces con un dolor en carne viva, evoluciones e involuciones. Acabamos de verlas en un ejemplo muy claro.

Ha sido llamativo. Este fin de semana ElDiario.es celebró su Festival de las Ideas y la Cultura (FIC) en Rivas Vaciamadrid, superando el intento del PP de censurarlo, por cierto. Participé en el primero, cuando este medio cumplía 10 años. Fue en Valencia en 2022. Y se perciben cambios sobrecogedores en solo cuatro años. Los peores desenlaces de los que hablábamos Gumersindo Lafuente, Lucía Taboada, Javier Pérez Royo, Antón Losada y yo, se han confirmado a lo grande. La ultraderecha ya está aquí. Y la política sucia, toda ella, ha podrido parte de la justicia y del periodismo, más de lo que estaban.