Cuando se intenta adivinar hacia dónde va ese asunto tortuoso que llamamos “política”, hay que mirar hacia Italia. Cuando hablamos de cosas serias, dirigimos la mirada a Francia.
Los franceses tienen un especial talento para convertir conceptos abstractos en cosas aparentemente vivas. Me refiero a conceptos como “libertad” o “nación”. Adelante, defínanlos. En 1789, la Revolución Francesa inventó el mundo moderno. En 1996, Jean-Marie Le Pen, aquel viejo fascista, anunció que el mundo moderno había muerto: “Es artificial que hagamos venir jugadores extranjeros para bautizarlos como equipo de Francia”, dijo.
A Le Pen le parecía que había demasiados negros en la selección francesa. En efecto, el mundo había cambiado. (Para bien, en mi opinión). El cambio se confirmó el 6 de octubre de 2001, poco después de que, con los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, comenzara el siglo XXI histórico.
Ese 6 de octubre Francia jugaba contra Argelia en el Stade de France. “La Marsellesa” fue silbada y abucheada por miles de franceses de origen argelino. En el minuto 76 del partido (que Francia, dirigida por un francés argelino llamado Zinedine Zidane, dominaba 4-1), centenares de franceses argelinos invadieron el césped y ya no se jugó más.














