Es mediodía bajo el sol abrasador de La Guaira y Wilmer Cruz prosigue su trabajo frenético entre los escombros del edificio de doce pisos donde vivía con su familia. El joven sabe que todos han fallecido aunque mantiene una mínima esperanza de que haya supervivientes. El sudor corre sobre su cara y los crucifijos que lleva colgados al pecho. Está muy nervioso, a punto de explotar. Se enciende un cigarro y finalmente revienta. "Esta es la maquinaria que tenemos. Es esta porque no nos dan nada", dice, gritando y mostrando sus manos ante sus amigos que se afanan por reventar el hormigón con unos picos rudimentarios. "Esto es lo que nos da el Gobierno, nada", dice gritando, mientras acelera la marcha visiblemente nervioso, recogiendo a la carrera los escombros en unos cubos y lanzándolos unos metros más allá. "Yo lo único que quiero es enterrar a mi familia o verlos por última vez", lamenta a este diario con lágrimas en los ojos. "No tengo dinero, no tengo familia, no tengo nada. Lo que necesito son máquinas", suplica. El joven es la viva imagen de la desesperación que sienten muchas víctimas de los terremotos ante la respuesta del Gobierno, que consideran insuficiente, especialmente por la gestión de sus fuerzas de seguridad en esta catástrofe. TE PUEDE INTERESAR Miles de funcionarios venezolanos cooperan arduamente en las labores de rescate. Este diario ha sido testigo de la labor de policías —hay oficiales que han salido de agujeros completamente negros de hollín—, agentes de obras públicas, de servicios penitenciarios, bomberos y de otros organismos oficiales. Muchos de ellos han llegado de forma voluntaria desde ciudades lejanas que implican viajes de un día entero por carretera, según los testimonios que ha recabado este diario. Pero también es palpable la tremenda falta de capacitación de muchos de ellos y la sideral escasez de herramientas especializadas para hacer frente a la catástrofe. Aunque el número de funcionarios en los rescates ha crecido considerablemente con los días, continúa siendo insuficiente. Las fuerzas armadas son un ente casi omnipotente en Venezuela, pero su proporción entre los rescatistas —la grandísima mayoría voluntarios y familiares de las víctimas— no es crítica y hay derrumbes en los que trabajan cientos de vecinos, pero donde no se ven apenas militares. El despliegue de seguridad en la zona de La Guaira es tremendo. Cientos de soldados y agentes de la Guardia Nacional Bolivariana patrullan la zona de desastre. Es una tarea necesaria, pero parte de los rescatistas voluntarios se pregunta si esa masividad frente a la catástrofe es la proporción indicada. TE PUEDE INTERESAR Muchos de ellos observan las ruinas, fusiles en mano. Han recibido órdenes de estacionarse allí, pero permanecen parados y armados en esos lugares frente a una población civil que se desloma y se revienta las manos quitando escombros. Eso está generando una tremendísima inconformidad en algunos puntos de rescate. "Míralos con su uniforme bien limpito mientras nosotros estamos hasta los topes", se quejaba un vecino mientras levantaba escombros este lunes en la zona Caribe de Caraballeda, mirando a dos guardias estacionados allí que observaban con mirada neutra el edificio derrumbado. "Hacen lo que pueden", decía otra vecina, argumentando que tampoco tienen más conocimiento que los rescatistas voluntarios para operar en la zona. Esa sensación de muchos de los familiares de las víctimas y de quienes realizan labores de salvamento de forma altruista contrasta con lo que se ha visto en otros países con gobiernos de corte similar que suelen demostrar fuerza y resolución a través de sus fuerzas armadas en grandes desastres. Este tipo de crisis ha sido aprovechada por diferentes Estados fuertes para reivindicarse a los ojos de la ciudadanía, pero en el caso de Venezuela no está siendo por el momento así y los ciudadanos se quejan de una respuesta estatal demorada e insuficiente incluso días después de la catástrofe. "No tenemos las herramientas, no tenemos la técnica, no tenemos la tecnología" Uno de los grandes problemas es la capacitación. En estos días han resonado en internet las palabras de Leonardo Acevedo, un bombero de Caracas, que ha constatado esa situación. "No tenemos las herramientas, no tenemos la técnica, no tenemos la tecnología. Gracias a Dios vinieron estos rescatistas de El Salvador, de EEUU", dijo a una periodista local. "Es tremendo cómo se ayudan con la tecnología. Nosotros estamos en arco y flecha", aseguró, admitiendo el sentir de buena parte de los rescatistas. Espera que esta crisis sirva para que finalmente haya una buena capacitación de los funcionarios para futuros desastres, pero el hecho es que los mismos voluntarios se dan cuenta de la falta de conocimiento técnico que tiene la fuerza pública e incluso creen que ese es uno de los motivos por los que algunos son reacios a echar una mano. Tampoco ayudan las imágenes que proliferan por internet de supuestos actos de saqueo por parte de las fuerzas de seguridad de las que también se habla estos días en las calles de La Guaira. Un punto de inflexión La fractura entre los militares y la población es visible en los derrumbes y corre el riesgo de agrandarse aún más. Ya antes de la tragedia apenas el 30% de los venezolanos confiaban en sus Fuerzas Armadas, según una encuesta de Delphos encargada por la Universidad Católica Andrés Bello. Algunos especialistas sobre el terreno también matizan las críticas de la ciudadanía. "No hay un gobierno que pueda estar al 100% preparado para algo así", le dijo a la Deutsche Welle el ingeniero mexicano Jesús Valdez, que estos días trabaja con los equipos de su país en las zonas afectadas. El Gobierno, por su parte, defiende a los suyos. "Nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, sus distintos componentes, está en el territorio del estado La Guaira para atender esta coyuntura tan dura que afecta a nuestro pueblo. No han dormido ni un minuto desde que hemos tenido el objetivo vital de rescatar a estas personas", señaló la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, a través de las redes sociales. Los próximos días serán decisivos. La fuerza pública se está implicando poco a poco en los rescates después de unos primeros días de mayor ausencia. Las implicaciones para el Gobierno interino son clave porque podrían aumentar el malestar con respecto a su Gobierno no solo entre opositores decididos sino también entre parte de las filas oficialistas.
El Ejército venezolano está perdiendo una oportunidad de oro para reivindicarse tras el terremoto
La fractura entre los militares y la población es visible y corre el riesgo de agrandarse aún más. Ya antes de la tragedia apenas el 30% de los venezolanos confiaban en sus Fuerzas Armadas










