Los controles parentales son útiles, pero no bastan para proteger a los menores de los riesgos que encuentran en internet. Ese fue el principal mensaje lanzado por el perito judicial informático forense y experto en ciberseguridad Bruno Pérez durante una entrevista en Claves del día, en la que defendió que la verdadera protección empieza en casa. “Los controles parentales ayudan, pero no educan”, afirmó, comparándolos con “el cinturón de seguridad de un coche: reducen el riesgo, pero no sustituyen a un buen conductor”. A su juicio, “el mejor control parental no es una aplicación, sino unos padres presentes mientras sus hijos utilizan los dispositivos”.Pérez considera que uno de los errores más habituales es entregar un teléfono móvil “como si fuera un juguete”, cuando en realidad concentra prácticamente toda la vida digital. “Es una televisión, una consola, una cartera, una enciclopedia y una puerta de acceso a todo tipo de información”, recordó. Por ello, sostiene que el móvil debería ir siempre acompañado de normas claras, horarios, límites y, sobre todo, “conversaciones muy frecuentes”. “Vivimos en la era de la comunicación, pero el gran problema de muchas familias es precisamente que no existe comunicación”, lamentó.Para el experto, esa conversación constante entre padres e hijos es la herramienta más eficaz para prevenir problemas. “Hay que darles la confianza necesaria para que, cuando tengan un problema, puedan venir a nosotros y contarnos qué está pasando”, explicó. Su experiencia como informático forense le ha llevado a analizar dispositivos vinculados a suicidios, una realidad que, asegura, deja una reflexión inquietante: “Me encuentro con casos en los que la última conversación de esa persona ha sido con un chat. Hoy hay gente que habla más con la inteligencia artificial que con sus propios familiares”. Por ello insistió en la necesidad de “abrir esos lazos de comunicación”.Preguntado por la edad adecuada para entregar el primer móvil, Pérez rechazó fijar un número concreto. “La pregunta está mal planteada”, aseguró. En su opinión, el factor decisivo no es la edad del menor, sino la preparación de los adultos. “La cuestión es si los padres somos capaces de asumir esa responsabilidad, de enseñar, explicar los peligros y acompañar a nuestros hijos”. Como ejemplo, criticó escenas cotidianas en las que toda una familia comparte mesa sin hablar entre sí porque cada miembro permanece pendiente de su pantalla. “Tendréis teléfonos, pero no os comunicáis”, resumió.Finalmente, el experto recordó que ninguna aplicación puede evitar por sí sola muchos de los riesgos actuales. “Un control parental no impedirá que un menor envíe voluntariamente una fotografía íntima, ni evitará la presión del grupo, las capturas de pantalla o muchas estafas”. Tampoco, añadió, puede enseñar pensamiento crítico. “Todo eso solo se consigue mediante la educación”. Su conclusión fue clara: “Lo importante es entregar un dispositivo, pero no perder nunca la comunicación”.Martí Paola Balbastre es periodista y presentador del programa Claves del día de La Vanguardia, un espacio informativo que analiza la actualidad con rigor y perspectiva crítica