La Junta Directiva del Banco de la República decidió este martes incrementar la tasa de interés de política monetaria en 75 puntos básicos, llevándola a 12%, en su primera reunión tras las elecciones y tras la crisis institucional más grave de su historia reciente. La decisión, aunque la preveía el mercado, está en la parte alta de la apuesta. La encuesta de Citi entre 20 entidades mostraba que la mayoría —10 de 20— esperaba un ajuste más moderado, hasta 11,75%, mientras que solo siete preveían un movimiento de 75 puntos básicos o más.La votación reflejó, una vez más, la fractura que ha marcado a la Junta en los últimos meses: cuatro directores respaldaron el alza de 75 puntos básicos, dos votaron por una reducción de 50 puntos y uno por mantener la tasa inalterada. El bloque oficialista, encabezado por el ministro de Hacienda, Germán Ávila, pedía un recorte de 50 puntos básicos, una posición diametralmente opuesta a lo que ha decidido la mayoría de la Junta. Ávila también cuestionó la decisión en la rueda de prensa: “Va a tener impactos negativos para profundizar los niveles de crecimiento y desarrollo de la economía”, dijo, e insistió en que “hoy más que nunca se debe fortalecer una dinámica de expansión”.El tono fue notablemente más mesurado que en marzo, pero el mensaje de fondo es el mismo: para el Gobierno, el Banco frena el crecimiento en un momento en que considera que debería impulsarlo. En el comunicado de la Junta fue explícito el motivo de la decisión: la inflación total se ubicó en 5,8% en mayo y la básica —la que excluye alimentos y regulados— en 6%, duplicando la meta del 3%. Las expectativas de inflación, aunque se revirtieron parcialmente en junio tras varios meses de incrementos, siguen muy por encima de la meta a todos los plazos. A eso se suma una economía que crece por encima de lo previsto —2,2% anual en el primer trimestre, más que el 2% del trimestre inmediatamente anterior—, con una demanda interna que se expande más rápido que la producción, y un mercado laboral con el desempleo en mínimos históricos (8% en mayo) y salarios al alza. Es, en el lenguaje del propio Banco, un cuadro de excesos “de demanda interna, [que] ha mantenido un dinamismo superior al de la producción”, algo que la política monetaria busca enfriar. La decisión confirma lo que las minutas de abril ya habían anticipado: que pausar el ciclo de alzas podía obligar al Banco a subir más fuerte después. Después de subir 100 puntos básicos en enero, otros 100 en marzo y pausar por unanimidad en abril, el Banco llega a 12% con un movimiento que dobla en intensidad lo que esperaba el grueso del mercado. Esto encarecerá los créditos a todos los colombianos.El gerente Leonardo Villar ofreció una lectura sobre los tiempos por venir. Según explicó, el efecto de las decisiones tomadas este año “solo se reflejará plenamente hasta 2027”, cuando el Banco espera que la inflación entre por fin al “rango aceptable de la meta”. Es decir, la convergencia hacia la meta no será rápida. Esta vez la decisión se ha tomado sin el ruido político que marcó la reunión de marzo, cuando el ministro de Hacienda abandonó la sesión y anunció la decisión por su cuenta antes de la rueda de prensa oficial. La Junta sesionó esta vez en un escenario distinto: con un presidente electo que ha prometido respetar la autonomía del Emisor, y con una norma menos —la que obligaba al ministro a estar presente para que el Banco pudiera decidir— después de que el Consejo de Estado la suspendiera en mayo. La inflación, sin embargo, no esperó a que la política se acomodara: llevaba cinco meses acelerando antes de esta reunión, y ahora la Junta apuesta fuerte para revertir esa tendencia.