La Junta Directiva del Banco de la República se reúne este martes 30 de junio para tomar su primera decisión de política monetaria tras las elecciones presidenciales, en las que Abelardo de la Espriella derrotó por un margen estrecho al candidato del oficialismo, Iván Cepeda. La reunión llega en un momento inusualmente cargado: la inflación acelera mes a mes; el Banco supera la crisis institucional más grave de su historia reciente, azuzada por el saliente presidente de izquierdas Gustavo Petro; y el mercado espera, casi al unísono, un nuevo aumento en la tasa de intervención, que define el precio del dinero en toda la economía colombiana. Los últimos números del estatal DANE son el punto de partida. La inflación total cerró mayo en 5,84% anual, 79 puntos básicos más alta que hace un año, y los analistas anticipan que en junio el índice de precios al consumidor (o IPC) rebase el 6%. El diagnóstico se complica por la naturaleza de esa inflación. “Varios sectores muestran presiones inflacionarias; no uno solo en específico es el que explica la mayoría [del repunte]”, explica Remi Stellian, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana. Alimentos y bebidas no alcohólicas, servicios públicos y alojamiento, transporte, así como restaurantes y hoteles, son los componentes que más aprietan en lo corrido del año.La señal más preocupante está en la inflación subyacente —la que excluye alimentos y precios regulados como la energía, muy volátiles en sus precios—, que mide las presiones más estructurales en toda la economía y es la que vigila de reojo el Emisor. Este indicador llegó en mayo a 5,98% anual, superando por quinto mes consecutivo al IPC total, que según los expertos es una medida que abarca más componentes de la economía. Por eso, en el frente de las expectativas, los analistas aún proyectan una inflación que cierre el año en 6,5%, más del doble de la meta que tiene el Banco, del 3%, con un rango de tolerancia de un punto (una franja del 2% al 4%). Stellian es directo sobre lo que eso implica: “Para hablar de recortes [de tasas], la condición macroeconómica es que la inflación vuelva a acercarse a la meta”. Y agrega que es un indicio que “por el momento no hay”. Según la encuesta de ANIF, 17 de 20 analistas anticipan que la Junta subirá la tasa este martes. De estos, nueve proyectan un alza de 50 puntos básicos, y seis de 75, lo que llevaría la tasa a un rango de entre 11,75% a 12%.Juan David Ballén, director de Economía y Mercado de Aval Asset Management —la única firma que anticipó la pausa de abril cuando el grueso del mercado esperaba un alza—, es uno de los que apuesta por 50 puntos básicos. “La tasa podría cerrar el año alrededor del 12%”, dice a EL PAÍS, al tiempo que resalta que es posible que se “esté muy cerca del final del ciclo de aumentos”. Para Ballén, las expectativas de inflación se han estabilizado, el peso se ha fortalecido tras las elecciones y el riesgo país ha bajado, tres factores que le dan al Banco margen para pensar en una pausa más sostenida una vez se dé este último ajuste. El principal riesgo para ese escenario, advierte, es la materialización de un fenómeno de El Niño de gran intensidad en el segundo semestre que presione los precios de la energía y los alimentos.La política electoral sale de la ecuaciónEl contexto institucional en el que la Junta tomará su decisión es tan relevante como los datos duros. En marzo, subió la tasa en 100 puntos básicos, hasta el 11,25%, en un segundo aumento consecutivo y una votación de 4 a 3. Lo que siguió fue inédito: el ministro de Hacienda, Germán Ávila, abandonó la sesión en plena reunión, convocó su propia rueda de prensa y anunció en solitario —40 minutos antes del anuncio oficial— que la tasa había subido, calificando la decisión de “desproporcionada” y anunciando una ruptura entre el Gobierno y el Banco.El presidente Petro fue más lejos: calificó la medida como “aberrante” y acusó al Banco de operar “de oposición”. También tachó a una de las codirectoras de “fascista”. En abril, con Ávila de regreso en la mesa, la Junta pausó las subidas por unanimidad —una decisión que sorprendió al mercado, que esperaba otra alza—. Las minutas de esa reunión mostraron que la política había vencido al convencimiento técnico del Banco, que buscó “tender puentes” en medio de la diferencia, según dijo Leonardo Villar, el gerente del Emisor. En las mismas minutas se leía la tensión: “Dejar estables las tasas, en lugar de ajustarlas al alza, podría conllevar el riesgo de tener que mantenerlas más altas durante más tiempo en el futuro”. Ha llegado la hora de precisar el augurio.La reunión del martes es la primera después de ese episodio y la primera, también, tras las elecciones que marcan un cambio en el derrotero político del Gobierno. Una de las consecuencias del avispero fue que el Consejo de Estado suspendió el 26 de mayo, provisionalmente, la norma que condicionaba las sesiones a la presencia del ministro, quitándole al Gobierno el veto que tenía, en la práctica, sobre el Banco. Aunque Ávila presidirá la Junta hasta que De la Espriella, que se posesiona el 7 de agosto, designe su ministro, el equilibrio político ya cambió. El presidente electo ha dicho que respetará la autonomía del Banco, una señal que ha calmado a los mercados. A ello se suma que su programa económico, de corte liberal y favorable a la inversión privada, ha generado expectativas positivas entre los agentes económicos.