El recién electo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, recibe a Colombia con un mercado laboral que mejora en su tasa de desempleo mes a mes. Aunque el dato de abril mostraba un estancamiento en el 8,8% (la misma cifra que un año atrás), el dato de mayo, publicado este martes por el estatal DANE, muestra que el descenso continúa. La tasa de desempleo de mayo marca el 8%, un punto porcentual menos que hace un año y el registro más bajo para ese mes desde que existe la serie comparable, en 2001. Es el penúltimo dato laboral que conocerá el país antes de que el presidente de izquierdas, Gustavo Petro, entregue el poder el próximo 7 de agosto. El trimestre móvil marzo-mayo muestra que no es un dato aislado. La tasa llegó a 8,5%, la más baja en los últimos 15 años, para los que hay datos comparables en el anexo del DANE. La desocupación femenina aporta otro buen síntoma. Cayó a 9,9%, la cuarta vez en que está en un solo dígito en la serie histórica disponible desde 2010, y el primero en un mes de mayo. Tres de esos cuatro datos se concentran en los últimos ocho meses —septiembre de 2025, noviembre de 2025 y ahora mayo de 2026—, después de que el único precedente, en noviembre de 2016, quedara como un caso aislado. La brecha con los hombres se cerró a 3,3 puntos, frente a 3,8 en abril. Detrás del número hay un desplazamiento concreto: 223.000 mujeres dejaron de dedicarse a oficios del hogar y entraron a buscar o consiguieron empleo. Ahora, el promedio nacional del trimestre móvil marzo-mayo esconde una geografía desigual. Las trece principales ciudades y áreas metropolitanas del país apenas se movieron entre ese mismo trimestre de 2025 y el de 2026: pasaron de 9% a 8,9%. El verdadero motor fue el área rural, donde la desocupación cayó de 7,2% a 5,9% en esa misma comparación interanual. Las urbes, donde vive la mayoría del país, siguen prácticamente estancadas. Juliana Morad, directora del Observatorio de Derecho Laboral de la Universidad Javeriana, pide cautela antes de festejar el número sin matices. La académica explica que la Gran Encuesta Integrada de Hogares no cuenta persona por persona, sino que “expande una muestra con ponderadores calibrados sobre las proyecciones del Censo de 2018”. Cuando esas proyecciones no capturan bien algunos fenómenos como la migración venezolana, una mejora en el indicador puede mezclar cambios reales del mercado laboral con aritmética demográfica. Morad lo resume: “Ningún economista serio atribuye limpiamente un dato mensual a [exclusivamente] un gobierno”. La informalidad acompaña ese patrón que matiza el dato general. A escala nacional, bajó apenas de 55,1% a 54,3% en un año, una diferencia que el DANE considera como estadísticamente no significativa. En las 23 ciudades y áreas metropolitanas sí cayó con fuerza, dos puntos, hasta 41,6%. Bogotá quedó como la capital con menor informalidad del país, 33,2%, con una reducción de 3,4 puntos respecto a hace un año. Morad pone el relevo político en perspectiva: Petro heredó en 2022 una tasa cercana al 11%. De la Espriella, en cambio, recibe un mercado en terreno de un solo dígito. Es una posición de partida favorable, pero con un asterisco, dice la académica: ese mínimo histórico todavía necesita validarse contra registros administrativos como la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes, la PILA, el sistema donde los empleadores formales reportan, contribuyente por contribuyente, sus aportes a salud y pensión. Solo cruzando esa fuente se puede distinguir una mejora estructural consolidada de una fotografía optimista de un ciclo que comenzó a normalizarse tras la pandemia. Ahí aparece la paradoja que subraya Morad. El empleo público, explica, es lo más fácil de medir bien “porque cada contrato formal del Estado queda registrado en la PILA”. Y es justamente el tipo de trabajo que sostiene el mercado laboral: el renglón llamado “administración pública, educación y salud” fue, otra vez, el que más empleo generó en mayo, con el Estado como empleador directo o financiador. El riesgo de que la tasa de desempleo suba es cada vez menos hipotético. De la Espriella ha prometido recortar el Estado en un 40%, una meta que apunta directamente a una reducción de la planta de personal público. Si ese recorte se ejecuta, advierte la académica, apagaría el principal motor de creación de empleo del país. “La parte más sólida del dato es la que el ajuste fiscal puede borrar”, resume. Y apuntala el reto para la administración entrante: “Pasar el relevo del empleo público al empleo privado, formal y productivo, sin un recorte abrupto que retire el soporte antes de que arranque el motor privado”.
Gustavo Petro deja a Abelardo de la Espriella un mercado laboral en plena mejora
El mejor dato en años de la tasa de desempleo llega en plena transición de Gobierno, con un ajuste fiscal en el horizonte que varios economistas advierten como un riesgo















