Desde su mudanza al petit hôtel de la calle Rodríguez Peña, el restaurante de Germán Martitegui tuvo distintas etapas, sponsors y propuestas, pero pareciera que finalmente está llegando a su forma definitiva. Hoy la casa es suya: el café con vista a la calle; la súper barra para brunchs, almuerzos y cenas; y el fine dining del primer piso, de próxima inauguración. Cada uno tiene su propia carta, estilo y horario de consumo, pero con la excelencia sin pretensión como hilo conductor. Martitegui no solo es exigente en MasterChef.

El corazón de la casa es la barra, que recorre la totalidad del salón formando un rectángulo. En el centro está la cocina, totalmente a la vista de los comensales. Martitegui sigue fiel a su amor por los vegetales, pero las proteínas encontraron su lugar. Hay carne roja, pato (delicioso magret con uvas verdes avinagradas), pesca del día con beurre blanc, etc. Las guarniciones son platos en sí mismos: salsifí (el primo excéntrico de la zanahoria) con pasta de maní y sésamo, espinacas a la crema y papas fritas con cheddar.

La carta combina clásicos de bistró con platos icónicos de la carrera de Martitegui, como el tartar con carne molida en el momento, mezclado con mostaza y alcaparras frente al comensal. Para la temporada de otoño-invierno se sumaron nuevos platos elaborados con productos de estación como la terrina de conejo con pan de mostaza, las endivias con queso de cabra y el pollo petit blackened (con especias) relleno de humita.