“Los mejores documentales sobre películas son los que testimonian grandes fracasos. Así que cada vez que ocurre algo negativo, pienso: ‘Ah, eso es bueno para el documental’. Es una sensación extraña”. Mike Figgis se pone ante su propia cámara en Megadoc con un gesto que demuestra incomodidad. El británico se ofreció voluntario para rodar el making of de Megalópolis, la grandilocuente y monumental película en la que Francis Ford Coppola invirtió cuatro décadas de su vida y gastó 120 millones de dólares de su propio bolsillo; y así, en primera fila, Figgis filmó un hundimiento colosal, en donde todo fue mal, aunque al menos acabaron y estrenaron la película. Megadoc se estrena este viernes 3 de julio en la plataforma Filmin, y es un regalo para los cinéfilos.Mike Figgis conoce a Coppola desde el rodaje de Leaving Las Vegas, cuando contrató como protagonista a Nicolas Cage, sobrino del director de El padrino. Tras el anuncio del inicio de producción de Megalópolis, el británico le envió un email felicitándole, y de paso se ofrecía a documentar el rodaje “como una mosca en la pared”. No supo nada más hasta que una semana antes de arrancar la filmación, Coppola le respondió: “¿Tienes el visado en regla?”. Y Figgis voló a Atlanta.Lo que sigue en Megadoc son dos aventuras. Una, la de Coppola por rodar su filme, objetivo en el que se le ve descarrilar desde el primer día. Otra, la de Figgis por hacer un documental decente. “¿A quién le importa morir en la ruina si creas algo que consideras bello?”, pregunta Coppola. Y Figgis, en su primera voz en off, cuenta que aceptó dirigir Megadoc porque le intrigaba ver cómo alguien podía gastar 120 millones de dólares de su propio dinero en una película. Figgis, por cierto, acaba siendo otro de los protagonistas de Megadoc ante la negativa de algunos de los actores principales a ser filmados.Porque Coppola, que dice que viene al rodaje a “jugar”, nunca avisó al reparto de que Figgis estaba allí. Adam Driver lo mira mal varios días, hasta que descubre quién es y pacta que lo entrevistará fuera de una jornada. El agente de Nathalie Emmanuel le advierte de que no la puede rodar, especialmente comiendo. En cambio, Aubrey Plaza se lo toma a broma... como, en realidad, a toda la película. Lógico: su personaje se llama Wow Platinum. En las pruebas de reparto, Coppola pidió a los actores decir sus frases como las pronunciaría Hamlet, Rapunzel o como si tuvieran “a un hijo que se acabara de marchar a la guerra”. Plaza se burla ya desde ese primer zoom, realizado desde la grabación de White Lotus, de todo eso y del guion, que es “una pesadilla”. Como confiesa Dustin Hoffman, que sustituye al fallecido James Caan: “Desconocía qué había aceptado, y sigo sin saberlo después”.Y ahí está una de las claves: los actores están en el rodaje por trabajar con Coppola, a sabiendas de que el guion se viene abajo en cada lectura. “Estoy un poco asustado, pero es bueno. Significa que es algo que no sé cómo hacer”, relata Coppola. Está feliz con su disertación, y sabe que ha invertido su dinero en la producción, pero no entiende que está al mando del Titanic, no de un pequeño velero: cada vez que quiere cambiar algo, hay que reorganizar todo un ejército. No es sencillo modificar el rumbo. Y Coppola no lo comprende.Eso fue lo que le pasó con el departamento de arte y de efectos digitales. Una producción de esa envergadura debe adelantar trabajo. La diseñadora de producción Beth Mickle, habitual en las películas de James Gunn, intenta anticiparse, proponer soluciones a lo descrito en el guion: cómo será la ciudad, incluso sobre el material revolucionario (y ficticio), el Megalon, creado por el arquitecto protagonista para transformar su ciudad. Coppola quiere cambiarlo todo. Durante una reunión de emergencia con los jefes de este departamento, el cineasta suelta: “No intenten anticiparse a lo que voy a hacer”. Poco después, despide al responsable de efectos visuales, Mark Russell, lo que provoca la dimisión de Mickle y la renuncia del resto de su departamento.Al inicio del documental, Figgis se dedica a desglosar el presupuesto de cada departamento. Vestuario: 7 millones; dirección de arte: 27 millones; efectos especiales: 18,8 millones; dirección de fotografía: 3,5 millones; maquillaje y peluquería: 3 millones, o catering: 1,1 millones. Más aún, cuando quedan tres semanas para rodar —lo hacen en Atlanta, como las películas Marvel, por las inmensas exenciones fiscales que ofrece el Estado de Georgia—, Coppola le explica a Figgis que, como el equipo es tan numeroso, ha comprado un hotel y lo está remozando. ¿Estará listo para albergarles? “No sabemos”, responde Coppola. Figgis nunca durmió allí.Porque en realidad, Megalópolis, una gran fábula sobre el poder, la decadencia y el futuro de Estados Unidos inspirada en la caída de la República romana, y protagonizada por un arquitecto (Adam Driver), esconde el hundimiento del último emperador del cine de autor, Coppola. A la cámara, su amigo George Lucas le define como “alguien que prefiere lanzarse a la piscina” en vez de ser paciente. Y acaba llamándole “extravagante”.Junto a Plaza, hay otro actor que se deja filmar en todo momento: Shia LaBeouf, al que Coppola contrata por la mediación del mentor del intérprete, Jon Voight (otro que va por el rodaje como ido). LaBeouf arranca contando que no se cree que le hayan llamado, describiéndose a sí mismo como “más que persona non grata” en Hollywood por diversos arrestos y controversias, incluyendo una demanda de su exnovia FKA Twigs por agresión sexual. LaBeouf se convierte en la pesadilla de Coppola: no entiende nada, todo lo pregunta. Provoca enfrentamientos, y le dice al director: “No es necesariamente el entorno más fácil para un artista como yo. Cuando hay marcas en el suelo, resulta un obstáculo”. El director reflexiona ante Figgis: “Soy demasiado viejo y gruñón para este tipo de trabajo”, y considera a LaBeouf el actor más difícil con el que ha trabajado. Al final, cuando el intérprete se niega a obedecer en una secuencia de una pelea, Coppola explota: “¡Sé de lo que hablo! ¡Dame lo que quiero!”. Y se marcha furioso a esconderse en su Silverfish, su mítica caravana plateada, para dirigir a distancia. No puede más.01:14Trailer de la película 'Megalópolis'Adam Driver y Nathalie Emmanuel, en 'Megalópolis'.Figgis no entra, ni siquiera para defender a su amigo, en las acusaciones de mala conducta de Coppola en el rodaje, que llevaron al cineasta a denunciar por difamación a Variety. Es una ausencia temática muy llamativa en pantalla. Se lo salta para llegar al estreno en el festival de Cannes.Quien sí está presente en pantalla, y mucho, es Eleanor Coppola, fallecida en la posproducción de Megalópolis, y autora de Corazones en tinieblas, el mítico documental sobre otro rodaje loco de Coppola, Apocalypse Now. La artista y directora apunta sobre su marido: “Irá siempre en la dirección contraria a los demás”. “Parece que te desenvuelves bien en el caos”, le dice Figgis a Coppola. “No”, responde cortante. “¿No?”. “No”.En Megadoc hay imágenes de lecturas de guion y de pruebas de cámara realizadas en 2001 y en 2003 con, entre otros, Robert De Niro, Uma Thurman, Virginia Madsen, Ryan Gosling, Giancarlo Esposito (el único que se mantuvo). Uno no puede hacer más que pensar en la película que pudo ser y no es. Acabando la filmación, Coppola, muy harto, le suelta a LaBeouf: “¿Sabes por qué hago todo esto?”. El actor divaga. Coppola le espeta: “Por diversión”. Y en su gesto, contrariado, se refleja que jamás disfrutó del rodaje de Megalópolis.