–El principal problema de salud pública de este barrio es que no hay ascensores en muchos edificios.

Enrique Píriz está sentado frente al centro de salud donde trabaja. La barriada a la que se refiere este médico es Son Gotleu. Es una de las zonas más pobres y multiétnicas de las Illes Balears. Las rentas, allí, estaban antes de la pandemia por debajo de los 9.000 euros anuales, apenas el 40% por ciento de la media de Palma, una de las ciudades más turísticas de España. El crisol se mantiene: marroquíes, pakistaníes, nigerianos, colombianos, ecuatorianos; peninsulares y mallorquines, gitanos y payos.

Y luego están los escalones. Esos escalones que conducen hasta un tercero, un cuarto, un quinto piso, escalones que hay que subir sí o sí porque la comunidad no tiene ascensor, y que el doctor Píriz –sevillano del Tiro de Línea, quince años en Palma, la primera mitad atendiendo reclusos en la prisión de la ciudad– conoce muy bien: “Cuando un paciente no puede venir al centro de salud porque está encamado, somos nosotros los que vamos a su domicilio. Esa experiencia te lleva a conocer por dentro muchos hogares de Son Gotleu. Por volver al tema del ascensor, si caminas con andador o tienes una rodilla fastidiada lo vas a tener muy difícil para bajar a la calle. Eso te cancela y, ¿qué pasa? Que te deprimes. La solución no es darte una pastilla para que se te pase y puedas dormir, sino analizar por qué muchas veces convertimos los problemas sociales en problemas médicos. Ahora imaginemos la misma situación cuando el paciente es una persona sin hogar. Todo se agrava”.