El estudio de la Universidad de Stanford, registró que la vuelta intermitente de estos felinos alteró el comportamiento de los ciervos, cambió la distribución de otros mamíferos (Universidad de Stanford)La presencia creciente de pumas en la Jasper Ridge Biological Preserve, una pequeña reserva al sur de San Francisco, Estados Unidos, produjo una transformación inesperada en el ecosistema local. Un estudio reciente de la Stanford University, difundido por la revista ScienceDaily, demostró que la llegada de estos grandes depredadores alteró las poblaciones de ciervos, modificó la actividad de otros mamíferos y permitió que el entorno natural recobrara parte de su equilibrio perdido.Esta renovación ecológica, observada en un entorno suburbano, pone en cuestión la idea de que solo las grandes áreas silvestres poseen valor para la conservación de la biodiversidad.PUBLICIDADEl monitoreo mediante cámaras trampa permitió documentar que, a medida que los pumas aumentaron su presencia en la reserva, la actividad de los ciervos disminuyó notablemente. Esta reducción tuvo consecuencias directas en la vegetación, ya que especies arbóreas jóvenes, como los robles, comenzaron a recuperarse tras años de presión de estos herbívoros. Los registros en Jasper Ridge sugieren que la evitación de encuentros con el principal carnívoro redujo la presencia de otras especies, mientras aumentaron los zorros (Imagen Ilustrativa Infobae)A este fenómeno central se sumó una reconfiguración en la interacción entre depredadores. Los coyotes y linces redujeron su actividad en la zona, posiblemente para evitar encuentros con los pumas, mientras que los zorros incrementaron su presencia. Esta redistribución alteró a su vez la presión sobre presas más pequeñas, como los conejos, lo que ilustra el alcance del efecto cascada iniciado por el regreso de un depredador tope. PUBLICIDADLos investigadores definieron este fenómeno como “ecología del miedo”, en referencia a los cambios de comportamiento inducidos por la mera posibilidad de cruzarse con un depredador.Según datos recopilados por el equipo de Stanford University, el 82% de las áreas protegidas en Estados Unidos tienen una extensión menor a cinco kilómetros cuadrados (aproximadamente dos millas cuadradas). Tradicionalmente, estos espacios fueron considerados de bajo valor en términos de conservación, pero la investigación en Jasper Ridge demuestra que, cuando existen conexiones con hábitats mayores como las Santa Cruz Mountains, estos enclaves pueden sostener funciones ecológicas complejas.PUBLICIDAD“Cuando falta uno de los componentes, especialmente los grandes depredadores que requieren territorios extensos y son sensibles a la presencia humana, los ecosistemas dejan de funcionar plenamente”, afirmó Rodolfo Dirzo, profesor de biología en Stanford y coautor del estudio, en declaraciones recogidas por ScienceDaily.
Cómo los pumas están restaurando silenciosamente un ecosistema en Estados Unidos
Un estudio de Stanford University documentó en una reserva suburbana californiana que la presencia intermitente de este depredador desencadena funciones ecológicas complejas en espacios de menos de cinco kilómetros cuadrados









