Esto, querido lector, es una correspondencia entre dos de las grandes plumas de las letras hispánicas. Martín Caparrós y Juan Villoro, amigos y fanáticos futboleros, iniciaron una conversación –íntima y pública al mismo tiempo– con la excusa de la celebración del Mundial de Qatar, en 2022. Ahora, cuatro años más tarde, retoman esa misma seríe, titulada ‘Un mundial de ida y vuelta’, para seguir con idéntica pasión el día a día de este otro Mundial que acogen EEUU, México y Canadá.México, 29 de junio de 2026Martín querido:Lo sabíamos desde hace tiempo: Brasil tiene demasiadas individualidades para practicar un juego de conjunto. La Confederación Brasileña de Fútbol buscó a un entrenador capaz de demostrarles a once huérfanos que son hermanos. Se necesitaba un italiano para inventar esa familia. Cuando Robert Lewandowski habló de sus entrenadores, dijo: “Guardiola es tan genial que no siempre sabes lo que quiere; en cambio, Ancelotti es como un padre”. Ataviado con el chaleco de la suerte que usa en cualquier clima, Carletto logró que los suyos descubrieran su parentesco. Brasil fue una familia unida y tediosa, como tantas, pero eso bastó para desbaratar la veloz geometría de Japón.Coincido con lo que dices del partido Uruguay-España. Siempre me ha sorprendido que un país tranquilo y melancólico, escenario de las tristes maravillas de Onetti (durante un tiempo vendedor de entradas en el Estadio Centenario) produzca jugadores tan rijosos. Canobbio debería entrar al campo con amarilla preventiva. La “garra charrúa” pertenece a las artes marciales no reglamentadas. Sorprendió que Bielsa sacara al capitán del equipo, Fede Valverde, pero sorprendió más que solo entonces supiéramos que estaba en la cancha.El mediocampista Ilkay Gündogan acaba de debutar como colega nuestro. En su primera columna dice que ciertos jugadores aprovechan el descanso del partido para buscarse en Google. Valverde debería haber practicado eso, no por narcisismo, sino para saber si estaba en la cancha.Más astuto, Cristiano Ronaldo pasa casi todo el partido en fuera de juego. Cuando la pelota se acerca, trata de ubicarse en posición legítima; no siempre lo logra, pero la jugada merece repetición y a veces revisión del VAR, lo cual le brinda tiempo en la pantalla. Sus pasos en falso son mediáticos.Tu comentario sobre Bielsa merece recibir paños fríos. El Mundial ha sido propicio para los entrenadores argentinos: Scaloni, Beccacece, Pochettino y Lorenzo han hecho estupendo trabajo. Todos respetan a Bielsa, que fue un desastre. El Loco nunca se caracterizó por ganar títulos, pero sí por crear estilos de juego. Revolucionó a Chile, al Athletic de Bilbao y a Argentina en la fase eliminatoria para el Mundial de 2002. Luego llegaron las caídas. El Loco ilusiona sin concretar. Su lema podría ser el de otro rebelde de Rosario: “Seamos realistas y hagamos lo imposible”. Como el Che, no toma en cuenta la evidencia. El fútbol necesita una dosis de irrealidad que Bielsa ha llevado a la sobredosis. Curiosamente, con Uruguay quiso descubrir el pragmatismo: montó una defensa férrea y administró los goles como si tuviera que pagar por ellos. En cierta forma, jugó contra sí mismo. A los 70 años dio una lección de monje Zen; dijo que su legado en Uruguay se resume a una palabra: “nada”. Quiso negar su trayectoria, pero, fiel a sí mismo, no lo logró. Salió del Mundial, y quizá del fútbol, como un trágico héroe de Onetti, cumpliendo con “el final que habíamos estado previendo y acaso deseando, por la simple necesidad de que pasen las cosas”.Vayamos del desastre al festejo. Uno de los más vistosos ha sido el de los noruegos, que reman en las gradas como una embarcación vikinga. En sus primeros dos partidos destacaron por su tipografía de runas en la espalda y su solvencia gramatical para anotar. Pero al tercer juego, contra Francia, jugaron sin titulares. Podemos imaginar la decepción de quienes pagaron una fortuna para ir al estadio, algo parecido a tener boleto para un concierto de Taylor Swift y presenciar a una aficionada al karaoke. La debacle estaba servida y permitió que Dembelé ensayara su puntería. Lo significativo es que fue el primer gesto antieconómico del Mundial. Hasta el momento, la mafia depredadora de la FIFA se ha salido con la suya. El negocio florece entre injusticias. Irán tuvo que dormir en México para jugar en Estados Unidos; a la madre de Vozinha le pidieron 15.000 dólares para entrar al país; los jugadores de Senegal fueron bajados a la pista de aterrizaje en San Antonio para ser interrogados; el avión en el que viajaba Uruguay tardó horas en recibir permiso para aterrizar en Miami; y Hussein, delantero de Irak, fue interrogado durante siete horas por guardias aduanales. Estos agravios (todos a países pequeños) se realizan mientras la máquina tragamonedas de la FIFA sigue en operación.Noruega boicoteó el espectáculo para evitar el duelo escandinavo con Suecia y para sortear otro abuso de la FIFA: el exceso de partidos. Fue triste que jugaran tan mal, pero valió la pena saber que, en medio de la voracidad económica, una selección se atreve a remar contracorriente.En mi carta anterior propuse una nueva balanza del mundo: que gane quien disfrute más el triunfo. El problema es que a México le tocó jugar contra el apasionado Ecuador. El empate emocional está garantizado. La competencia final consistirá en saber si se llora más de felicidad o de tristeza.Por lo pronto, prendemos veladoras para que la Virgen de Guadalupe trabaje horas extra.Te abrazaJuan
Los huérfanos eran hermanos
Ataviado con el chaleco de la suerte que usa en cualquier clima, Ancelotti logró que los suyos descubrieran su parentesco









