Si nos atenemos a la acepción que define el rococó, el estilo artístico y decorativo que dominó en Europa a mediados del siglo XVIII, como una estética ligera e intrincada al mismo tiempo, la moda es un fenómeno rococó por naturaleza. Pero los desfiles de la semana de la moda masculina de París, que concluyó el domingo 28 de junio, incidieron en esa idea de una forma casi inconsciente. Solo Jonathan Anderson citó explícitamente el estilo dieciochesco en su desfile para Dior, pero la inspiración está en el aire. El guardarropa de María Antonieta acaba de protagonizar una exposición antológica en el Victoria & Albert Museum de Londres y en París, en estos meses, se han inaugurado sendas muestras dedicadas a la decoración —en el Musée des Arts Décoratifs— y a la moda —en el Galliera— del siglo XVIII. Y los desfiles de esta semana, presentados en medio de una ola de calor, abundan en prendas de tipologías clásicas repletas de detalles y adornos extremadamente refinados.No es casualidad que, en Dries Van Noten, Julian Klausner afirme haberse inspirado en L’après-midi d’un faune, de Mallarmé, el poema más rococó —mitología, naturaleza, sensualidad— del simbolismo francés. El director creativo cuenta que la colección está concebida con la mirada borrosa de quien despierta de una siesta veraniega: tejidos ligeros y vaporosos, capas que se superponen, colores suaves, transparencias y vuelo. Los colores se combinan mediante tonos cercanos, y los tejidos juegan al contraste: hay pantalones cargo hechos de seda, o chubasqueros llenos de lentejuelas transparentes, bordados florales y prendas con acabados acuosos o con estampados de atardeceres. En Celine, el primer desfile masculino a las órdenes de Michael Rider desprende la clarividencia estilística y la sana vocación comercial que ya dejó entrever la colección que presentó en enero: un guardarropa sensato y equilibrado y una oda a la ligereza que se puede entender de dos formas: mediante cortes clásicos que optan por mejorar el patrón en lugar de deconstruirlo, y a través de tejidos con movimiento. Los modelos desfilaron por la pasarela con paso rápido, lo que permitía entender la continuidad de la colección, pero también hacía que flotaran las capas y se hincharan las chaquetas en materiales livianos, igual que los pantalones bombachos en seda. La suya es moda burguesa en el mejor sentido de la palabra: fácil de entender y de apreciar, simpática y lujosa, sofisticada sin frialdad. Y distinta al resto.Encontrar ese equilibrio entre autoría y ventas es la obsesión actual de la industria de la moda. En Hermès, que ha presentado su colección en sus oficinas a la espera del debut de Grace Wales Bonner el año que viene, confeccionan exquisitas camisas de napa con troquelados minúsculos. La española Sonia Carrasco busca respuestas desde una sastrería de altos vuelos conceptuales y ha conseguido abrirse paso en el mercado: vende en 20 tiendas multimarca de Japón y tiene puntos de venta en China y Corea, además de estar presente en la mayoría de la red internacional de Dover Street Market. “Lo que hacemos es desarrollar una técnica, y la sastrería es la parte más técnica de la moda”, explica tras su segundo desfile en París —se estrenó en enero—, con una colección construida a partir de la premisa de mostrar las costuras de las prendas. Y las costuras y entretelas, en efecto, estaban a la vista, pero siempre cortadas con precisión y con estándares artesanales que la diseñadora supervisa desde su taller en Barcelona. El último premio LVMH haya sido para el diseñador japonés Soshi Otsuki, fundador de la marca Soshiotsuki, que desfiló en París el sábado por la tarde. Sus trajes tienen formas generosas y abundante movimiento, pero sin limitarse a emular lo que otros maestros de la fluidez —Armani a la cabeza— llevan décadas proponiendo. Hay algo inconfundiblemente original en la curva de sus hombreras, o en la elección de tejidos que despiertan el interés sin apartarse de los grises, marrones y beis. También hay una silueta reconocible y favorecedora. Precisamente renovar la silueta masculina a través de cortes que se despegan del cuerpo ha sido siempre uno de los sellos de Issey Miyake. El maestro nipón falleció en 2022 y llevaba años retirado de la moda, pero la marca que fundó sigue funcionando a pleno rendimiento. IM Men, la firma que concentra el prêt à porter masculino de la casa, demostró una vez más su liderazgo a la hora de emplear el tejido, el corte y el color de forma creativa. En plena ola de calor en la capital francesa, sus prendas se adaptan al cuerpo con naturalidad y reivindican una elegancia sin estrecheces ni protocolo. En un mundo cada vez más caluroso e incómodo, su propuesta es vanguardista pero no inalcanzable. También hay caftanes amplios, pantalones ligeros y tejidos técnicos y transpirables en la colección de Kiko Kostadinov. El diseñador búlgaro afincado en Londres es un adalid de la fusión entre el deporte y la moda, y su colección para el verano que viene también parece marcada por lo práctico. La firma australiana Song for the Mute está asimismo marcada por lo urbano y lo técnico y su desfile, en el que presentó su nueva colaboración con Adidas, deja patente que la ropa de trabajo sigue de moda. Uno de los discípulos aventajados de Miyake —trabajó en la marca durante ocho años— es Takuya Morikawa, que en 2013 fundó su marca, Taakk. Su colección para el verano de 2027 parte de un patrón de sastrería más o menos ortodoxo, pero adornado con encajes, transparencias, bordados o elementos de pasamanería que ya forman parte de su estilo y reaparecen episódicamente en sus diseños.Adornar profusamente prendas con cortes sencillos fue una de las especialidades de Jeanne Lanvin, que reinó en la moda parisiense gracias a su empleo del bordado, el encaje, las lentejuelas y otras técnicas propias de la alta costura. El británico Peter Copping, al frente de Lanvin desde hace dos años, presentó en las oficinas de la marca una colección masculina que retoma ese legado ornamental. Hay, por ejemplo, una camisa con aplicaciones de espejo que remite directamente a una muestra conservada en los archivos de la casa. “Lanvin no tiene un gran archivo de moda para hombre, así que trabajamos de este modo”, explicaba Copping durante la pesentación. Además, cuenta, ahora hay clientes muy receptivos a incorporar bordados, cuentas o cristales en momentos puntuales. “Cada vez hay más hombres que visten diferente, especialmente de noche”, apunta. Por eso su colección combina una chaqueta de esmoquin con unos vaqueros, o incorpora mangas de seda a una camiseta de punto. El hombre de 2027 probablemente no vestirá con falda —una obsesión persistente de la moda hasta hace pocas temporadas—, pero tampoco renunciará a un bordado metalizado o un encaje floral que no responden tanto a una transgresión de género como a la celebración desacomplejada de la opulencia, la misma que ha llenado de broches las pasarelas o de piedras preciosas los relojes.Willy Chavarria firmó uno de los desfiles más contundentes. Al menos en lo emocional. Los modelos, entre los que estaban la cantante Judeline o Romeo Beckham, daban un rodeo antes de ubicarse frente a los focos ubicados en distintos espacios del Espace Niemeyer, antigua sede del partido comunista. La atmósfera era emotiva y las prendas también. Básicos del armario, con especial énfasis en lo latino, que recuerdan a las prendas con las que se han criado varias generaciones. Hay sastrería amplia y entallada, vaqueros, cuero y bermudas deportivas. Un poco de confort casero y espíritu comunitario que, en palabras del diseñador, “reclama la alegría de existir como forma de sustento en tiempos de caos y oscuridad”.De oscuridad también habla Yohji Yamamoto. El decano de la moda conceptual, tal y como confesó a ICON en 2023, es consciente de la amenaza de la guerra y la violencia sobre el planeta, y su colección incluía menciones explícitas al desarraigo y el extrañamiento. Su veteranía le exime de tener que fingir ese entusiasmo y esa despreocupación que en ocasiones se le presupone a la moda. Sus prendas siguen siendo tan exquisitas como siempre, con estampados y aplicaciones de materiales que recuerdan a manchas, efectos desgastados o jerséis de punto desgarrados y tensionados al límite. En el fondo, este despojamiento cuidadosamente confeccionado es también un gesto rococó que recuerda la otra cara de esta historia: que aquellos años de refinamiento fueron también de crisis y conflicto. A fin de cuentas, Fragonard y el Marqués de Sade respiraron el mismo aire.
Refinamiento rococó para el hombre de hoy: la moda masculina se vuelve escapista en tiempos inciertos
La pasarela masculina de París reivindica la delicadeza, cierto realismo y la opulencia de la artesanía. Dries Van Noten, Celine o IM Men fueron los platos fuertes, y la firma española Sonia Carrasco desfiló por segunda vez













