Dior y Louis Vuitton protagonizan las dos primeras jornadas de la semana de la moda para hombre
En 2026 la moda no avanza por sustitución, sino por acumulación. Durante décadas, el sector evolucionó mediante tendencias que reemplazaban a las anteriores. Hoy, sin embargo, en un mercado dominado por las firmas de lujo, la lógica es de consolidación: las firmas no aspiran tanto a que reinventar el guardarropa con cada temporada, sino a encontrar fórmulas de éxito –un bolso, un calzado, una silueta, una prenda o un estampado– capaces de durar varios años. Por eso, las colecciones que se han presentado durante la dos primeras jornadas de la semana de la moda de hombre de París, que comenzó el martes en medio de una ola de calor, apuestan por una cierta continuidad.
Sin embargo, que no sea necesario inventar la rueda cada seis meses tampoco equivale a afirmar que todo está inventado. En su tercera colección masculina al frente de Dior, por ejemplo, Jonathan Anderson ha dejado constancia de su enorme talento para crear prendas interesantes y, sobre todo, diseños que nadie más está lanzando al mercado. Hay un genuino afán de innovación en dos de los modelos que protagonizaron el primer tramo su desfile el miércoles a primera hora: trajes con motivos de raya diplomática o de pata de gallo estampados sobre una gasa finísima, fluida y semitransparente con la consistencia de una blusa. A Anderson le gustan los juegos semióticos, y en esta ocasión plantea varios muy brillantes: hay solapas curvadas de esmoquin integradas en parcas o gabardinas, conjuntos con el patrón de un pijama –incluidos sus ribetes en contraste– elaborados en lona técnica como la de la ropa de trabajo, gabardinas plisadas a mano, una camisa de lunares que no están estampados, sino bordados con cuentas, o vaqueros rotos de cuyos desgarrones cuelgan delicadísimas cadenas metálicas que simulan la urdimbre deshilachada.











