Uno de los motores más importantes para la economía es el de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes). En México, el 71 por ciento de los empleos es generado por los pequeños negocios, los cuales a su vez representan alrededor de la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) del país, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Y en el contexto empresarial, prácticamente 99 de cada 100 empresas son mipymes, es decir, los pequeños negocios familiares y los emprendimientos que no alcanzan las dimensiones de los grandes corporativos.

Sin embargo, pese a que se trata de un segmento mayoritario y vital para toda la economía, los datos no son del todo los más alentadores: el 52 por ciento de las pequeñas empresas cierra en los primeros dos años, en tanto sólo el 35 por ciento logra sobrevivir después de los cinco años. Esto se debe, entre otros factores, a que las micro, pequeñas y medianas empresas no tienen planeación, es decir carecen de un buen gerenciamiento, tienen problemas de acceso a los créditos y se manejan mayormente en la informalidad, lo que a su vez limita los apoyos.

En un contexto en el que la economía no genera los suficientes empleos formales, emprender un negocio es una de las alternativas más usuales para millones de trabajadores. Pero el contexto de informalidad, que alcanza a más de la mitad del mercado laboral, así como las precariedades y el insuficiente apoyo hacen que la mayoría de los pequeños emprendimientos tenga una vida efímera. Los negocios que nacen en la informalidad no pueden acceder a buenos financiamientos y terminan siendo presas de los préstamos demasiado onerosos que pueden hacer inviables los emprendimientos.