Por momentos, el debate econ�mico en Espa�a parece discurrir de espaldas a su realidad productiva. Mientras se suceden reformas, anuncios y nuevas obligaciones, hay un actor que sostiene el empleo y vertebra el territorio, asumiendo un papel determinante en el pulso econ�mico del pa�s: la peque�a y mediana empresa. Y, sin embargo, ese mismo actor opera hoy bajo una presi�n creciente que compromete su propia supervivencia.Desde Cepyme llevamos tiempo advirti�ndolo con claridad. No se trata de una queja coyuntural ni de una reacci�n puntual ante una medida concreta. Es un diagn�stico acumulativo: aumento de costes, sobrecarga regulatoria, rigidez laboral y una presi�n fiscal que, lejos de aliviarse, se intensifica. El resultado es una sensaci�n cada vez m�s extendida entre los peque�os empresarios que he venido debatiendo en mis visitas a todos los territorios y es una situaci�n compartida: trabajar m�s para ganar menos margen y asumir m�s riesgo.El problema de fondo no es solo cu�nto pagan las empresas, sino c�mo se estructura esa carga. Espa�a mantiene una elevada fiscalidad sobre el trabajo, lo que encarece la contrataci�n y penaliza la creaci�n de empleo. No es una opini�n interesada: es una conclusi�n t�cnica que comparten organismos internacionales.Recientemente la OCDE ha concluido que en Espa�a se pagan m�s impuestos por trabajar que por consumir, lo que frena la creaci�n y b�squeda del empleo.Cuando contratar se convierte en un coste dif�cilmente asumible, el crecimiento empresarial deja de ser una opci�n realista y pasa a ser un riesgo.A esta presi�n fiscal se suma un entorno normativo que no deja de expandirse. Cada nueva obligaci�n -desde registros horarios hasta cambios en la regulaci�n laboral- puede ser asumible para una gran corporaci�n con departamentos especializados, pero supone una carga desproporcionada para una pyme, m�s para el comercio de barrio que no tiene un departamento de administraci�n para lidiar con la burocracia. La consecuencia es clara: menos tiempo para producir, ofrecer un servicio o innovar y m�s recursos dedicados a cumplir.En paralelo, el discurso pol�tico insiste en reformas que, bajo el intento de mejorar las condiciones laborales, no siempre tienen en cuenta la realidad del tejido empresarial. Medidas como la reducci�n de jornada o el incremento sostenido de los costes laborales impactan de forma muy distinta seg�n el tama�o de la empresa. En el caso de las pymes y microempresas, ese impacto puede ser determinante.El resultado de esta combinaci�n de factores empieza a ser visible. Hoy tenemos 25.000 microempresas menos que antes de la pandemia. La desaparici�n de comercios, la dificultad para encontrar relevo generacional, freno a la inversi�n y la renuncia al crecimiento no son fen�menos aislados. Son consecuencias de un ecosistema que pierde dinamismo. Y cuando las pymes se debilitan, lo hace el conjunto de la econom�a.Conviene recordar una evidencia que a menudo queda diluida en el debate: las pymes no ocupan un papel secundario, son la econom�a espa�ola. Representan la inmensa mayor�a del tejido empresarial y una parte esencial del empleo.Por eso, no planteamos esta reclamaci�n con tono corporativo, sino con car�cter estrat�gico. Reducir cargas administrativas, revisar la fiscalidad del empleo y adaptar la regulaci�n laboral a la realidad de las peque�as empresas no es una concesi�n: es una inversi�n en estabilidad econ�mica. Es permitir que miles de familias y millones de empleos sigan en pie. Significa que nuestra calidad de vida se mantenga.Ya no se trata de discutir si hay que proteger a las pymes. Se trata de asumir que debilitarlas tiene un coste para toda la sociedad.�ngela de Miguel, presidenta de Cepyme.