EDITORIALSin finiquito, Mazariegos no podría ni debería tomar posesión mañana.
Patética, pero muy reveladora, resultó la protesta de subalternos del dudoso rector de la Universidad de San Carlos, Walter Mazariegos, la semana última. Primero, porque se exhiben rostros y nombres de tales subordinados, que carecen de cualquier argumento legal para la continuidad, al calificar de “extorsión” la falta de constancia transitoria de inexistencia de reclamación de cargos, es decir, de finiquito de la Contraloría General de Cuentas. En otras palabras, no ha justificado debidamente la ejecución de alrededor de Q3 mil 500 millones —en el año reciente— y, por ello, no podía ni debía ser candidato a la reelección desde un inicio.
Sin finiquito, Mazariegos no podría ni debería tomar posesión mañana, aun si el proceso de elección se hubiese desarrollado de forma lícita y participativa, que no lo fue. Es indigno el silencio presidencial, legislativo y de la inmensa mayoría de partidos políticos ante tal atropello contra la ciudadanía y la institucionalidad. En el judicial hay posturas divididas: dos instancias otorgaron amparos a unidades académicas agraviadas por la exclusión y declararon suspendida la reelección. La Corte de Constitucionalidad emitió fallos que desechaban algunos de esos recursos. Pero aún hay recursos pendientes de resolver que implicarían un serio desgaste para quienes intenten torcer la balanza. Es necesario reiterar que los magistrados de la Usac deberían inhibirse, para no ser juez y parte.






