CatalejoEl güizacherismo, la trampa pseudojurídica y el mal uso de elementos en teoría positivos, como el amparo a causa de la inmediatez de su aplicación, constituyen la base del accionar generalizado.
Walter Mazariegos personifica el derrumbe de la Universidad de San Carlos y demuestra hasta dónde llegan las ambiciones para apoderarse de los dos mil 586 millones de quetzales, equivalentes a un promedio de siete millones 84 mil 931 diarios del presupuesto nacional. La Usac está empantanada ahora en una vorágine de pillaje, luego de una etapa posterior a la de una ideologización causante de la matanza de estudiantes, catedráticos y autoridades durante la guerra interna. Esta, por su parte, sustituyó a la etapa académica histórica, durante la cual era honroso ser rector o y miembro del Consejo Superior Universitario. La Usac se hunde junto con casi todas las entidades del Estado guatemalteco.
El güizacherismo, la trampa pseudojurídica y el mal uso de elementos en teoría positivos, como el amparo a causa de la inmediatez de su aplicación, constituyen la base del accionar generalizado, y Mazariegos lo practica y representa desde sus períodos de decano de Humanidades. Claro, algunos de los decanos de otras facultades no encajan en esta descripción, pero al estar en minoría desafortunadamente resultan incluidos en el desastre. Este hombre piensa obtener el amparo gracias a la Contraloría General de Cuentas y alguna sala de Apelaciones cuyos integrantes confirmen el indudable y lamentable desprestigio institucional del sistema jurídico, sobre todo de sus instancias superiores.








