En 2000, Israel puso fin a 18 años de ocupación del sur de Líbano gracias a la movilización de un grupo de madres de soldados, hartas de ver cómo regresaban en ataúdes de una misión sin sentido. Uno de los símbolos fue un castillo cruzado del siglo XII, Beaufort. Israel vivió en 1982 como un logro su toma a los milicianos de la Organización para la Liberación de Palestina y su apresurado abandono, 18 años más tarde, como ejemplo de la futilidad de aquella campaña. El cineasta estadounidense-israelí Joseph Cedar (Nueva York, 57 años) llevó a la ficción aquellos últimos días para construir un claustrofóbico y reflexivo thriller, que tituló simplemente Beaufort (2007). El festival de Berlín le dio el Oso de Plata y la Academia de Hollywood lo nominó a mejor película en lengua extranjera, la primera de Israel en dos décadas. Años más tarde, Cedar regresó a los Oscar y salió de Cannes con el premio a mejor guion por la celebrada Pie de página (2011). El éxito le abrió las puertas de Hollywood y su último largometraje, Norman (2016), está protagonizado por Richard Gere.El pasado mayo, 26 años después de abandonarlo, las tropas israelíes tomaron de nuevo Beaufort. Esta vez, a los milicianos de Hezbolá, el grupo armado chií paradójicamente nacido de la anterior ocupación. “Hemos vuelto de manera diferente”, dijo orgulloso Netanyahu, mientras muchos en Israel aplaudían la subsanación de la retirada de 2000. El simbolismo de la situación pedía a gritos escuchar la opinión de Cedar sobre la reconquista del histórico alto libanés donde él mismo sirvió de joven —como médico paracaidista— y que da nombre a la película que lo lanzó a la fama. Spoiler: no suena optimista. “Siento que en el fondo somos conscientes de que, si hemos vuelto a Beaufort, es que algo va mal, que vamos por el camino equivocado. Es uno de esos momentos poco frecuentes en los que la verdad es más fuerte que el discurso político”, señala. “Cuesta aceptar que estemos atrapados en este estúpido ciclo de derramamiento de sangre”. Lo cuenta en su casa de Tel Aviv, en una conversación con EL PAÍS después de casi tres años de guerras encadenadas en Oriente Próximo que han afectado a los proyectos cinematográficos en Hollywood que tenía entre manos. Ha aceptado la entrevista, sin periodo promocional de por medio, porque quiere denunciar el momento “dramático” que atraviesa su país y porque tiene un hijo en un ejército al que el Gobierno de Benjamín Netanyahu viene ordenando librar lo que Cedar llama una “guerra interminable”.“Cualquiera que tenga la oportunidad de hablar debería decir: Dadnos esperanza. Dadnos algo que no sea una guerra interminable […] Creo que si hubiera un líder [en Israel] que no fuera un lunático, ni estuviera totalmente desconectado de la realidad y dijera cosas más humanas, tendría seguidores. Pero tendría que venir con una melodía muy específica. Y no está representada en el panorama actual de voces israelíes”, asegura. Cedar lamenta la ausencia en el discurso público israelí de voces con peso que planteen algo distinto a la necesidad de “ser más fuertes que los demás”. Israel, de hecho, no controlaba tanto territorio ajeno —en Líbano, Siria, Gaza y Cisjordania— desde 1982 ni había bombardeado nunca tantos países como el año pasado. “Entiendo por qué los israelíes temen mostrar cualquier tipo de debilidad, pero”, aclara, “hablar en este momento de una solución diplomática implica partir de una posición de fuerza o, al menos, de confianza moral”. El cineasta defiende por ello regresar a una idea que los primeros dirigentes israelíes tenían más presente y que Netanyahu ha venido diluyendo desde el ataque de Hamás en 2023. “Hay un límite a nuestro poder y, al parecer, no lo hay a cuánto están dispuestos a sufrir nuestros enemigos. Tenemos que comprender las limitaciones de nuestro poder y aceptar que no hay solución militar a este caos en el que nos encontramos”, afirma.También, agrega, porque Israel es el único Estado judío del mundo y, como tal, “debe ser moral” y gestionar los conflictos con “inteligencia” y forjando “coaliciones”. “Es decir, de la forma en que los judíos deben gestionar algo. No con la fuerza, sino con el cerebro. Es como si nos hubiésemos vuelto los romanos. Somos solo bulldozers y fuerza aérea. En nuestra mente, seguimos siendo ese pequeño país que lucha por su existencia. Pero en realidad nos hemos convertido en un imperio. Y, como tal, tenemos responsabilidades. No podemos esclavizar a las poblaciones que nos rodean”.Cedar desgrana sus pensamientos en un sofá de su apartamento, situado a pocos pasos del Mediterráneo. Decenas de volúmenes de la tradición religiosa dan fe en las baldas de su crianza en Nueva York en la ortodoxia judía, que le ha permitido trasladarla más tarde a su obra sin clichés, como en Our Boys (HBO España), la aplaudida serie que cocreó y que toca la ocupación israelí de Palestina. Basada en hechos reales de 2014, Netanyahu llamó a boicotearla y la tildó de “antisemita”.El cineasta se encuentra ahora mismo en Israel (viene de dar clase esa misma mañana) en parte porque sus dos últimos proyectos en Hollywood han quedado en el alero desde 2023. Uno consiste en contar de nuevo la historia del SS Exodus, para HBO y con Steven Spielberg como productor. Es el barco que partió de Francia a Palestina lleno de supervivientes del Holocausto y que Otto Preminger convirtió en una famosa epopeya protagonizada por Paul Newman. “Yo habría incorporado el punto de vista palestino, los conflictos internos dentro del liderazgo judío y las diferentes actitudes hacia el mandato británico”, señala.― ¿Por qué está detenido?― Nadie dice por qué. Es difícil hacer la película. Y cuando estás contando este tipo de historia, es muy cara, es una empresa grande y políticamente es controvertida, es muy fácil encontrar razones para no hacerla. Todo lo que tocaba este tema se convirtió en: “Oh, no, mejor no hablemos de eso”.El incendio de Oriente Próximo también ha parado otro prometedor proyecto de Cedar, con una leyenda viva como protagonista: Meryl Streep, tres premios Oscar y Princesa de Asturias de las Artes. Se trata de Useful Idiots (Tontos útiles), un thriller ambientado en Nueva York que ya “debería haber empezado a rodar” y en el que Streep encarnaría a una periodista inmobiliaria que descubre un importante escándalo de corrupción. El proyecto, con participación también de Sigourney Weaver, quedó congelado cuando estaba en preproducción. “No puedo hablar sobre lo que ha pasado porque no lo sé. Es un proyecto fascinante, pero algo misterioso lo ha puesto en espera”.― ¿Algo relacionado con que es usted un cineasta israelí? ― No lo sé. Es un misterio. Pero está en espera, no cancelado.La respuesta lleva, inevitablemente, al asunto del boicot cultural a Israel y a la reciente exclusión de su colega Nadav Lapid del festival de cine de Marsella. El certamen no solo sacó de la programación su película Policía en Israel (hubo quejas por tener financiación estatal israelí), sino que el propio Lapid acabó viéndose obligado a salir del jurado, a causa de los llamamientos al boicot del festival y las amenazas de retirada de una decena de películas por su presencia. Más de 350 figuras del cine emitieron una carta abierta criticando el veto y Lapid —Oso de Oro en la Berlinale, premio del Jurado en Cannes y una de las voces del séptimo arte israelí más críticas con su país— lamentó el “loco y sistemático fanatismo” de quienes promovieron su expulsión: “En su óptica, soy culpable por virtud de mi identidad”.“Una parodia”También Cedar endurece el tono al hablar del caso: “Todo ha sido una parodia. Nadav Lapid es considerado un disidente y, sin embargo, sigue recibiendo dinero de Israel, y cuando lo boicotean, lo boicotean como israelí, a pesar de ser probablemente el crítico más acérrimo de Israel”.Lo ve también como una prueba de por qué es “muy problemático” extender los boicots (“efectivos en general”, incluido en el caso de Israel, matiza) al ámbito cultural. “Cada historia es diferente, cada artista es diferente y cada situación debe evaluarse por lo que es. Yo no soy una bodega de vinos, ni fabrico armas. Cuento una historia que es resultado de una situación cultural que se puede decir que no tiene cabida en el mundo cultural o lo contrario: que es algo muy importante que escuchar”, defiende.Cedar añade que, de hecho, “hace mucho tiempo” que rechaza financiación pública nacional a sus cintas, pero por iniciativa propia. “Mientras este gobierno esté en el poder, aceptar financiación israelí es problemático. No de cualquier gobierno. De este”, subraya antes de añadir: “Pero debe ser nuestra decisión, no la de nadie más”.
Joseph Cedar, cineasta israelí: “Rechazo financiación estatal con este Gobierno, pero veo muy problemático el boicot cultural”
El director lamenta la reocupación del castillo libanés de Beaufort, donde ambientó la película que le llevó a los Oscar, y la carencia de voces críticas con la “guerra interminable” que ofrece Netanyahu
Cedar, tras 26 años, critica retoma de Beaufort de Netanyahu: rechaza ciclo militar perpetuo, demanda liderazgo moral y diplomacia. Para tech manager: inteligencia estratégica y coaliciones superan poder unilateral; autoridad sin visión compartida replica ciclos destructivos.






